El Real Madrid fue derrotado por 2-0 contra un equipo que hace un mes perdió 0-6 con el Borussia Moenchengladbach (4-0 en Alemania, hace quince días). Aunque el Shakhtar ya venció en Madrid (2-3) está lejos de ser un equipo de categoría. Es verdad que cuenta con algunos jugadores estimables (Marlon, Taison, Solomon), pero sus defectos son más relevantes que sus virtudes. No sabe salir de la presión o lo hace penosamente. No tiene más registro ofensivo que el robo y la carrera. No tiene lateral derecho (Dodó es un becario) ni central competente que acompañe a Bondar (Vitao es una madre). Y pese a todo llegará a la última jornada del grupo con los mismo puntos que el Real Madrid y peleándole la clasificación. 

¿Cómo ha podido suceder algo así? Hay varias respuestas que confluyen en una. El Real Madrid (quien esté al cargo) ha afrontado esta temporada sin aprender nada de las dos anteriores. Ni uno solo de los problemas es nuevo, empezando por la falta de gol y terminando por la autocomplacencia. La plantilla no es tan buena como se pretende. Algunos veteranos resisten, pero ninguno de los jóvenes ha llegado todavía, si acaso Valverde. Club y aficionados han llegado a conformarse con jugadores que sólo aportan soluciones parciales, pero que están lejísimos del nivel que se debería exigir. Así, es frecuente escuchar que “Vinicius por lo menos encara”. O que “Mendy por lo menos defiende”. Y las excusas se regalan a quien las necesite, para los que sufrieron una lesión y requieren tiempo (Asensio) o para los que son de natural tímidos (Odegaard) o para los que sólo tienen 19 años, qué le va a pedir usted a un chaval tan joven. Y entretanto, la vida pasa. Concretamente, por encima del Madrid. 

Lo anterior no niega el mérito del equipo en la primera mitad, cuando ejerció un control absoluto sobre el juego y el ánimo. El problema, recurrente, es que en ese tramo de felicidad nadie fue capaz de marcar un gol. Mejoró el juego ofensivo con Benzema, Asensio pareció más entonado y Rodrygo contribuyó con la agilidad que acostumbra. Pero sin gol. Ante un equipo, e insisto en la cuestión, que sufre temblores cuando se siente presionado.

Lo más preocupante es que ya no podemos hablar de accidente. Lo hicimos en la primera derrota contra el Shakhtar, un despiste. Y en la derrota en Mestalla, una carambola trágica. Y el pasado sábado contra el Alavés, aunque ya con cierto rubor. El hecho es que lo accidental se ha convertido en tendencia. El Madrid comienza los partidos con una buena predisposición, pero sale a cazar con cuchillos de postre. Y además, para colmo de males, exhibe una formidable mandíbula de cristal. No hay rastro de aquella defensa ejemplar, asunto en el que tiene mucho que ver la baja de Ramos. Tampoco hay capacidad de reacción. No recuerdo ocasiones cuando el equipo se volcó en el área del Shakhtar, aunque tal vez hubiera dejado de mirar.

Con la plantilla actual, la única manera de que el Real Madrid fuera competitivo en Liga y en la Champions (fase de grupos) era que no tuviera el mínimo percance y ha tenido muchos. Las lesiones han desnudado la planificación deportiva. Es cierto que la suerte (la mala) tiene influencia, pero un club tan grande debe tener prevista la mala fortuna.

Cuesta imaginar el futuro más inmediato del Madrid (Sevilla, Borussia, Atlético…). Lo normal es que vuelva de las tinieblas, aunque ahora mismo no se me ocurre quien puede encender la linterna.

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