La teoría de los universos paralelos (no confundir con los universos para lelos) postula la posibilidad de que la realidad tenga diferentes ramificaciones en función que las decisiones que podemos tomar o que toman por nosotros. Así lo explica, o lo intenta, la paradoja de Schröedinger (no confundir con Schwarzenbeck) que encierra a un gato en una caja con veneno para hacernos ver que el gato está muerto y vivo al mismo tiempo hasta que no abrimos la caja. De ser cierta la suposición, el Athletic podría estar todavía maullando, pues habría jugado un partido paralelo al que perdió 3-1 contra el Madrid, con diferente desarrollo a partir del minuto 13, cuando fue expulsado Raúl García, o incluso segundos antes, cuando Iñaki Williams reclamó penalti con cierta razón, por no mencionar el desvío que se le abrió en el minuto 91 cuando Courtois evitó el empate.

Dicho esto, es de justicia señalar que Raúl García se ganó la roja a pulso. Es el problema del ardor guerrero: a veces ruges y te quemas las cejas. No es el primer futbolista víctima de su propia excitación, aunque en la cosa sorprende más en un veterano como él, 34 años, con tantas batallas encima y tantas expulsiones esquivadas. En seis minutos, Raúl García rascó dos veces los tobillos de Kroos, con suficiente aparato como para que el árbitro no pudiera pasarlo por alto. Entre medias todavía le dio tiempo de tumbar a Modric, lo que dice mucho de su buen gusto a la hora de elegir objetivos.

En ese tramo, del minuto 7 al 13, también asistimos a un recurso infrecuente y muy celebrado: la espaldinha. Aunque el nombre es un tanto circense, Benzema ejecutó la suerte con una sobriedad admirable, sin darse importancia, muy alejado de los movimientos forzados de otros colegas, que exageran la pose y sonríen a cámara. Benzema entendió que el contragolpe fluía mejor si tocaba el balón con la espalda y eso hizo, más con el afán de economizar que de colocar un lazo en la jugada.

Aunque fue Kroos quien marcó el primer gol (Raúl García tenía razón), podemos afirmar que fue Benzema quien ejerció de doctor Schröedinger: fue él quien encerró al gato en la caja y añadió ración doble de veneno. Cada vez que el Athletic se levantó del suelo se tropezó con Benzema, autor del segundo gol cuando había mucho que decir y responsable del tercero cuando ya estaba todo dicho.

Por cierto: el equipo que agonizaba ya es colíder a falta de que se ajuste el calendario. Hay otros mundos, pero están en este.

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