Baltazar de Morais (Goiania, Brasil, 1959) fue campeón de Brasil con Gremio antes de llegar a España. Fichó por el Celta en 1986 y le costó adaptarse. Tanto que estuvo a punto de marcharse. Sin embargo, recuperó su nivel y al año siguiente fue máximo goleador en Segunda. Después pasó al Atleti y formó tridente junto a Futre y Manolo. Aunque fue máximo goleador del equipo en dos temporadas (en la primera fue Pichichi con 35 goles), la llegada de Schuster en 1990 provocó su salida. Se retiró en Japón en 1995.

¿A qué se dedica ahora Baltazar?

Soy representante de jugadores desde hace 23 años. Todavía represento a algunos.  

¿Pertenece a alguna agencia o va usted por libre?

No, no estoy en ninguna agencia. Ahora represento a un portero del Benfica, Helton. Es al único que represento porque creo que me estoy quedando viejo.

En los últimos 80 años, sólo Falcao (0’77 goles por partido) ha superado su promedio (0’66) en el Atlético de Madrid…

No lo sabía, pero me alegro mucho. Para mí fue un placer jugar en el Atlético de Madrid. La afición me quería mucho y guardo recuerdos increíbles de aquella etapa.

¿Dónde guarda usted el trofeo Pichichi que ganó en 1989?

Está junto a los demás trofeos y las fotos que conservo de los equipos y los jugadores con los que estuve.

No sé si sabe que sólo Zarra, Hugo Sánchez, Messi, Cristiano Ronaldo y Luis Suárez han ganado el Pichichi con más goles que usted. Palabras mayores…

Es cierto. Me alegro de estar en medio de tantos futbolistas que marcaron tantos goles. Ellos lo hicieron muy bien en su paso por España. Yo siempre he intentado hacerlo lo mejor posible. Algunas veces no lo conseguí, pero estoy muy agradecido a Dios por los cinco años que pasé en España.

De los goles que se habla menos es de los 34 que marcó usted en Segunda con el Celta. Nadie ha marcado más goles en el Celta en 33 años y sólo un jugador ha anotado más goles que usted en Segunda (Ricardo del Sporting, en la temporada 56/57) …

En el Celta lo pasé muy bien los tres años que estuve y tengo buenos recuerdos. El segundo año estuvimos en Segunda y es verdad que me fue muy bien. Ascendimos y ayudé con mis goles.

—Sin embargo, en su primera temporada el equipo descendió y usted marcó sólo seis goles. ¿Qué ocurrió aquel año?

Nos pasaron cosas malas. El equipo no estuvo bien y yo no me adapté. Tuvimos muchas dificultades, sobre todo por los cambios de entrenador. El equipo no estaba preparado para estar en Primera. Fue difícil y pensé en regresar a Brasil o irme a otro país porque no me estaba gustando España. Después la adaptación fue perfecta y empecé a entrenarme solo muchas veces para estar mejor físicamente. Traté de mejorar en todos los sentidos y, gracias a Dios, lo conseguí. El año siguiente ascendimos sin problemas.

“Pensé en regresar a Brasil o irme a otro país porque no me estaba gustando España”

El 21 de diciembre de aquella temporada, usted chocó con Gallardo, portero del Málaga, que falleció el 7 de enero por derrame cerebral… Doy por hecho que fueron las peores navidades de su vida…

Sí, lo pasé fatal. Fue difícil aquella situación, pero Dios me consoló y me reforzó para que pudiera soportar aquello. Es muy difícil que en un choque involuntario fallezca una persona, pero ocurrió. Me quedé muy preocupado, pero seguí adelante porque no tuve ninguna culpa de aquel choque fortuito. Dios me ayudó.

—¿Reforzó aquello sus convicciones religiosas o ya era Atleta de Cristo para entonces?

Ya era Atleta de Cristo. Mi vida con Dios empezó a los 18 años. Dios cambió mi vida, mi manera de pensar, de vivir… Eso fue mucho más importante que el fútbol, el dinero, la fama…

“Sólo Jesucristo llenó mi corazón”

—¿Usted no fue creyente hasta los 18?

No, no era creyente. Mis padres me llevaron a la Iglesia, me enseñaron a leer la Biblia, a buscar a Dios… pero yo pensaba que tenía que vivir mi vida a mi manera. Busqué todo lo que me daba placer y alegría: fútbol, noviazgos… Sin embargo, nada de eso llenó mi corazón, sólo Jesucristo. Por eso la conversión llegó a los 18 años. Una noche no me dormí porque estaba preocupado por las cosas malas que hacía. Entonces pedí perdón a Dios por mis pecados, los confesé… Y él me perdonó.

—¿Cosas malas?

No era nada relacionado con la delincuencia. Yo estudiaba, estaba en la universidad. Mira, hay dos caminos: estar con Dios o sin él. Estar sin él es hacer lo que tú quieres, lo que tú piensas… Entonces, vas andando por sitios malos y por caminos que te llevan a la decepción, la tristeza, la frustración… Cuando encontramos a Dios, encontramos la razón para vivir, para estar contentos y encontramos el bienestar… Para ser atleta de Cristo hay que tener un encuentro con Jesucristo. Hay que ser perdonado por Dios y confesar los pecados. Y tener la seguridad de que eres una persona de Cristo, es decir, que lo sigues. Que vas a vivir eternamente con él.

—¿Qué estudiaba por entonces?

Estudié Economía. Compaginé durante un tiempo la carrera con el fútbol, pero no la terminé. Me ha ayudado bastante para negociar con los clubes y desempeñarme como representante.

Celta 1986-87: Maté, Hagan, Maraver, Vicente, Atilano y Lema. Abajo: Baltazar, Cándido,   Barboza, Nacho y Alvelo.
Celta 1986-87: Arriba, Maté, Hagan, Maraver, Vicente, Atilano y Lema. Abajo: Baltazar, Cándido, Barboza, Nacho y Alvelo.

Antes de llegar a España, usted fue campeón de la Liga brasileña y pasó por equipos como Gremio, Palmeiras, Botafogo y Flamengo. Sin embargo, fichó por un modesto como el Celta. ¿No tuvo otras ofertas?

No, y me alegro mucho. A pesar de fichar por un equipo pequeño como el Celta, me recibieron muy bien. Me adapté y llegué a un país tan importante como España. Los españoles aman mucho el fútbol. Tras tres años en Vigo, pude ir a un grande como el Atleti. Jugar en ese equipo fue un sueño. Gracias a mi paso por el Atleti, pude jugar en Portugal, Francia y Japón.

Usted llegó al Atlético de Madrid en 1988. No sé si su fichaje fue petición de Jesús Gil o Maguregui

De Maguregui. Él le pidió a Gil porque habíamos coincidido en el Celta. Nos llevábamos muy bien y trabajábamos estupendamente juntos.

Muchos jugadores tuvieron problemas con Gil. ¿Cómo fue su relación?

Yo no tuve ningún problema con él. Lo traté bien y él siempre me respetó. También sus hijos. Incluso cuando salí del Atleti cumplieron con todo lo prometido y por eso le tengo mucha gratitud al club.

¿Cree que su gestión fue buena para el club?

Muy buena. Él puso al Atleti a un nivel más alto, consiguió fichajes importantes, buenos equipos… Hizo una buena gestión.

“Los balones que me daban Futre y Manolo venían con azúcar. Fueron los jugadores con los que mejor me entendí”

En aquel equipo coincidió con Futre. Muchos de sus 35 goles procedieron de asistencias del portugués. ¿Era el jugador con quien mejor se entendía?

Era un jugador espectacular. Tuve el privilegio de jugar con Futre y Manolo. Yo jugaba por el centro, Manolo por la derecha y Futre por la izquierda. Yo tenía que estar atento porque los balones venían con azúcar. Fueron los jugadores con los que mejor me entendí.

Atlético 1988-89. Arriba, Sergio Morgado, Abel, Goicoechea, Baltazar, Futre, Donato; abajo, Tomás, Manolo, Marina, Juan Carlos y Orejuela.

Futre, Manolo y Baltazar. ¿Cuánto valdría actualmente esa delantera?

El club que nos vendiera podría sacar un buen dinero (risas).

—En aquella temporada, tuvieron cuatro entrenadores (Maguregui, Briones, Atkinson y Addison). ¿Cómo se vivía eso en el vestuario?

Fue muy difícil la adaptación para el equipo. Tener cuatro entrenadores en una temporada no es positivo. Sin embargo, hicimos una buena campaña. Finalizamos en cuarto lugar y reaccionamos bien a los cambios. Aunque es cierto que había nerviosismo en el equipo por los constantes cambios de técnico.

—Aquella temporada el Atleti fue cuarto, lejos del líder, el Madrid (a 16 puntos), que los eliminó en semifinales de Copa. ¿Qué le faltó a aquel equipo para ganar un título?

Un poco más de madurez, tanto de los jugadores como de la directiva. Tuvimos una infinidad de problemas. Creo que debimos tener más tranquilidad, más serenidad para trabajar. Eso sí, teníamos un buen equipo.

Su segunda temporada en el Atleti la empezó Clemente y la acabó Peiró. Usted fue máximo goleador con 18 goles a pesar de ser suplente con Clemente, que prefería jugar con dos delanteros… ¿Cómo se tomó usted aquella decisión?

No me gustó nada porque yo venía de hacer una gran temporada. Había marcado 35 goles. Él prefería que el equipo defendiera más y que jugara al contragolpe. Esa decisión me perjudicó.

¿Cómo fue su relación con Clemente?

No tuvimos buena relación porque a veces ni hablaba, ni explicaba. Sin embargo, había que respetarlo porque era su manera de ser.

Usted fue el máximo goleador del equipo dos temporadas seguidas. ¿Por qué se marchó el año siguiente?

Fue un problema meter tantos goles en la primera temporada. Los malacostumbré (risas). Ellos quisieron fichar a Schuster y yo era el extranjero que sobraba. Y me tocó salir. El atacante es así: si marcas, los equipos te quieren; si no, te tienes que marchar.

¿No tuvo propuestas de algún grande cuando marcó 35 goles? Usted fue Bota de Bronce aquella temporada…

No tuve ninguna. Si hubo alguna oferta, le llegaría al club porque yo no supe nada.

¿Cuál fue su mejor momento como futbolista? Con 20 años usted fue campeón con el Gremio…

Aquel fue un gran momento porque marqué el gol que nos dio el título. También recuerdo con entusiasmo la temporada 88/89 en el Atleti. Me quedo con esos dos momentos.

—En 1980 usted debutó con la canarinha. El entrenador era Telé Santana. Supongo que soñaría con ser convocado para el Mundial de 1982…

Sí, soñaba con ir. La competencia era muy dura porque había muchos y muy buenos jugadores. Fue complicado. Siempre es una alegría jugar en la selección.

“Sócrates no fue un ejemplo”

—Aquel vestuario estaba repleto de estrellas. En España, nos llamaba la atención Sócrates por su elegancia en el juego y por su activismo político. Era un verdadero futbolista de izquierdas…

Sí, era de izquierdas. Su vida fue muy irregular y terrible fuera del campo. No fue un ejemplo. Él cosechó lo que plantó: su vida se acabó.

No es raro que los jugadores en Brasil se posicionen políticamente. ¿Usted lo ha hecho en alguna ocasión?

No, nunca he entrado mucho en la política. Uno de mis hermanos estuvo en la diputación del país. Solamente en esa ocasión he estado ligado a la política porque lo apoyé. Prefiero mantenerme al margen.  

Mi jefe me cuenta que el Brasil del 82 sólo tenía un punto débil, Serginho, el delantero centro…

Es cierto. Ese fue el gran problema de Brasil en 1982. Yo era delantero, vi todos los partidos y me hubiera encantado jugar. Sin embargo, no fue posible. Pero aquella fue una gran selección.

Dicen que el jogo bonito murió en aquel Mundial. A partir de entonces, Brasil empezó a jugar a la europea con mediocentros defensivos…

Un poco. Fue el fútbol más bonito que tuvimos. Sin embargo, luego todos pensaron que había que ser más efectivo y conquistar los títulos. Brasil es una cuna de grandes jugadores y por eso siempre tenemos una buena selección.

—¿Qué tiene que hacer Brasil para ganar de nuevo un Mundial?

Organizarse mejor, tener un equipo que pueda jugar con más asiduidad y lograr el compromiso de los futbolistas. Buenos jugadores tenemos, pero hay que tener tiempo para estar juntos y que los jugadores se acoplen.

En 1989 usted fue campeón de la Copa América. A pesar de haber sido Bota de Bronce y máximo goleador del país, Bebeto y Romario jugaron por delante suya. ¿Cómo se lo tomó?

Era muy difícil jugar en la selección. Lo intenté. Apenas marqué un gol en aquella Copa América. Después no tuve más oportunidades. Es complicado jugar en la selección porque están los mejores del mundo.

Usted no fue a Italia 90, aunque marcó más goles que Careca, delantero titular. ¿La selección ha sido su asignatura pendiente?

Sí. De hecho, me quedé frustrado por no ir al Mundial del 82 y al del 90. Son cosas que pasan. Sin embargo, estoy agradecido a Dios por lo que me ha dado y por mi carrera.

“Maradona no era un ejemplo; su vida extradeportiva lo ha manchado”

Maradona ha fallecido recientemente y muchos dicen que ha sido el mejor de la historia. No sé si están de acuerdo en el país de Pelé…

Maradona era un fenómeno. Es difícil decir si era mejor que Pelé. Las cosas que hacía con el balón eran increíbles. No sólo driblaba, también hacía goles y ayudaba al equipo. Lamento profundamente la vida que llevaba fuera del campo. Él no era un ejemplo; su vida extradeportiva lo ha manchado.

¿Fue mejor que Messi?

Están al mismo nivel. En cambio, Messi ha tenido mucha más regularidad que él.

—¿Qué le parece Joao Félix? ¿Cree que va para Balón de Oro?

Sí, dentro de unos años puede ganarlo.

­¿Quién tiene más futuro, Vinicius o Rodrygo?

Ambos lo están haciendo bien, se están adaptando y cada día están mejor. Son jugadores con muchísimo futuro.

¿Cómo le gustaría ser recordado?

Como una persona que ha buscado hacer lo mejor y que ha tenido un compromiso con Dios. Lo que quiero es dejar la impresión de que la vida con Dios merece la pena vivirla. Quiero dejar un legado para que las personas lean la Biblia y sigan a Dios porque sus vidas cambiarían.

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