Se esperaban los sobresaltos porque la situación era límite. Se sabía de sus embestidas porque la fábrica (de bebidas energéticas) ya era conocida para los rojiblancos. Pero se confiaba en que por fin en Europa se viera al líder que navega con velocidad de crucero por La Liga. Hubo de todo a lo largo del partido, pero el Atleti confirmó que las hechuras del torero eran mejores que las del astado que tenía en frente. Al Salzburgo solo le alcanzó para astillar el palo en un par de ocasiones. Y los de Simeone, sin rasguños, vuelven de Austria con el objetivo conseguido. El lunes estarán en el sorteo de octavos.

El Red Bull Salzburgo salió con la taurina por las nubes. Y pronto chocaron con la madera. Berisha se quitó de en medio a Savic con un recorte exquisito, su golpeo no fue peor, pero entonces la fortuna se alió con el Atleti. El palo salvaba a los colchoneros a los dos minutos de partido. Al cuarto de hora el salvador era un viejo conocido, Jan Oblak. El cancerbero estiraba su brazo para evitar que el lanzamiento seco y raso de Szoboszlai encontrara la red. Tuvo que ser el más enérgico de los del Cholo quien encendiera las primeras luces, Marcos Llorente lanzaba el primer aviso. El Atleti comenzaba a equilibrar la partida desde la posesión del balón. Lo que poco a poco desactivaba la velocidad endiablada de los austríacos.

En Salzburgo como en Leipzig disfrutan a la carrera, al fin y al cabo son de la misma ganadería, aunque los austriacos no tienen tanta casta. Ambas cosas se pudieron observar a la media hora de partido cuando el Atleti botó una falta y Mwepu taponó el pase de Koke. En un parpadeo Daka se plantó en el área contraria aunque su finalización recordó a aquel anuncio de neumáticos italianos: la potencia sin control no sirve de nada. Más preocupación en las filas rojiblancas provocó el punterazo que le dio Junuzovic a Joao Félix a la altura del tobillo. El portugués muy intermitente en esta primera mitad, cojeaba ostensiblemente por lo que heló la sangre de más de uno. La falta botada por Carrasco parecía teledirigida a la cabeza de Hermoso. El central giraba el cuello al punto para poner el primero en el marcador.

El gol no aplacó el entusiasmo de los austriacos que insistían con Koita y Daka, muy activos en la primera mitad. En una de esas internadas los locales reclamaron un posible penalti aunque ni el árbitro ni el VAR quisieron saber nada. Pero el Atleti había limitado las pérdidas a lo largo de los primeros 45 minutos y cuando estas llegaban ahí estaba la falta táctica, como la de Hermoso que le valió una amarilla al filo del descanso, para evitar males mayores.

El golpeo de Szoboszlai siempre fue una amenaza. Aunque sea diestro, es inevitable no recordar a su compatriota Puskas cada vez que se perfila ante el balón. Su arrancada también es poderosa, aunque quizá sea su definición, el arte supremo, el que más le aleja de Cañoncito. No es solo tener una escopeta en el botín, es atinar con la diana cuando caminas por el precipicio. El 14 lo pudo comprobar al inicio de la segunda mitad. Solo frente a Oblak no supo rematarle.

El Atleti se aferraba a la bombona de oxígeno que tiene Marcos Llorente en sus pulmones. El centrocampista lo mismo te activa la presión que te corre hasta la línea de fondo para estirar al equipo desde el costado derecho. En la otra orilla Carrasco y Joao Félix no terminaban de entenderse mientras que la única preocupación del Salzburgo era saltarse el centro del campo, porque a los de Marsch solo les interesa lo que sucede en las áreas.

Lo que ocurre es que el Salzburgo no se encuentra primeros espadas como el Atleti expertos en el arte del toreo, maestros a la hora de arrimarse con 1-0 y no salir lastimado. Y eso que Mwepu se volvió a encontrar con el palo en un lanzamiento desde la frontal. Las esperanzas austriacas terminaron astilladas. La puntilla, de hecho, pudo llegar mucho antes del minuto 90 si Joao Félix hubiese puesto más veneno en ese golpeo desde la frontal. Al final a Stankovic, cancerbero de los de Salzburgo, le quedó una buena foto.

Nada pudo hacer el portero serbio en el contragolpe de tiralíneas con el que el Atleti certificó su clasificación. El centro excelso de Correa encontró el golpeo acompasado de Carrasco, como si de un pase a la red se tratara. Si la muerte dulce existe, se debe parecer mucho a ese toque con el que el otro equipo de la bebida energética se quedó definitivamente sin gas. Al Atleti le bastó con una faena de aliño. Ya vendrán plazas de primera.

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