El primer reto era que la Vuelta terminara, y terminó, demacrada y guapa, con fondo de hojas amarillas. Sin verse afectada por la pandemia, más allá del indudable efecto en la preparación de los corredores (efecto físico y anímico), y sin estar condicionada tampoco por el mal tiempo. No habría sido muy distinta una Vuelta en el final del verano. Lo más probable es que Primoz Roglic hubiera sido el ganador, porque es un ciclista extraordinario, el mejor de los veteranos (+30), y porque esta carrera funciona muy bien como desquite para los desheredados del Tour. Como siempre, la Vuelta nos anticipó el futuro con los nombres de Goudu (dos etapas), Carthy (tercero), Vingegaard (fiel gregario del líder), por no mencionar al adorable Cavagna, premio al más combativo. También es posible que Guillaume Martin, rey de la montaña, se haya quitado un peso de encima y vaya más ligero a partir de ahora.

El muy honorable papel de Carapaz le sitúa, a los 27 años, entre dos aguas: por un lado tiene a los treintañeros con cicatrices y por otro a los niños salvajes. Su ambición está fuera de toda duda y es de suponer que habrá tomado nota de los errores cometidos. Es cierto que en La Covatilla atacó tarde, tanto como que su equipo debió impedir la fuga para que pudiera pelear por los segundos de bonificación.

Pero es fácil torear de salón. Para evitarlo no daremos más vueltas al incidente Movistar. Al inicio de la etapa, Carapaz habló un buen rato con el coche de Arrieta, en apariencia sin malos rollos. Si ellos se quieren no iremos contra el amor. Ciclistas del Ineos y del Movistar también departieron amigablemente en esa fiesta de fin de curso que es la última etapa. Ya hemos dicho que Carapaz tiene el apellido muy bien puesto, aunque algunos le tienen por un tipo ladino que cometió la imperdonable felonía de cambiar de equipo para ganar más dinero. 

El quinto puesto de Enric Mas, primer español y mejor joven, no despeja ninguna incógnita. Desde que fue segundo en la Vuelta 2018 se le espera como el mesías del ciclismo nacional. Para seguir teniendo esperanzas hay que echar un vistazo a su carnet de identidad (25 años), pero las sensaciones no son buenas si establecemos la comparación con otros barbilampiños. Es obvio que le sobra clase. Pero también timidez, un cierto apocamiento.

El rendimiento de Marc Soler, continuamos en Movistar (si nos dejan), plantea incertidumbres distintas. A sus 26 años está en el punto de decidir qué quiere ser de mayor: ciclista para la general o para las etapas, campeón de una semana o de tres. 

De Valverde hay poco que decir. Lo mejor es quitarse el sombrero por su décimo puesto, lo que le convierte en el primer ciclista de la historia que suma veinte top-ten en grandes vueltas. Valverde subió al podio en compañía de sus compañeros porque Movistar volvió a ser el mejor equipo de una gran vuelta, una pedrea que no debería considerarse un objetivo primordial.

El sprint final lo ganó Pascal Ackerman, que superó por un tubular a Bennett (ya saben, el ciclismo y el no distanciamiento). En el podio, con la Cibeles de fondo, el alemán mostró una mascarilla en la que se podía leer Viva la Vuelta. No fue la única demostración de agradecimiento a los organizadores. En la salida, algún equipo mostró mensajes similares, conscientes todos del milagro que ha sido llegar a Madrid sanos y salvos.

El podio final fue tan extraño como el 2020, con un autoservicio de premios y con las caras de los ciclistas tapadas para que no se nos olvidé nunca que, en el ciclismo y en la vida, nadie ataca tan duro como la naturaleza.

2 Comentarios

  1. Dejemos sitio al buen rollo,pues.Pero el Movistar debería recordar que con frecuencia lo más granado del ciclismo patrio deja otros equipos para ganar más,también en lo económico,con ellos.

    Fin de la vuelta,con todo el mérito que ello ha tenido.Y de una temporada comprimida que vista con perspectiva ha resultado apasionante,maravillosa.Alguno aún estará retorciéndose en la mesa de masajes y yo ya siento nostalgia y ganas de que vuelva a empezar.Esta temporada la recordaremos muchos años:Pogaçar,Roglic,carapaz,Alaphilippe en Niza o en el mundial,Van Aert,Hirschi…Nostalgia pura.Qué grande es este deporte.

  2. Ha sido una gran temporada y me sigue dejando buen sabor de boca compartir 2 carreras de lujo el mismo día. No creo que lo hagan más veces.

    Ganar la clasificación por equipos es intranscendente, pero el Tour regala invitación automática al equipo que lo logre. Yo le daría la invitación al equipo que gana 3 etapas, y así añadimos competición y nos dejamos de favores entre equipos.

    Si Roglic fuese un poco más “salado” caería mejor, pero es de la personalidad de Olano o Indurain. Correcto y un pelo soso, pero el tío es muy buen ciclista y siempre me parece buen tipo.

    Lo único que le ha faltado a la Vuelta es un poco más de contenido esta última semana. Pero qué locura de temporada que decide las 3 grandes el último día de competición y las 3 se ganan por segundos.

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