Hay una práctica de mindfulness llamada STOP. Consiste en parar un momento, sobre todo en situaciones de estrés, ver cómo te encuentras, centrarte en la respiración de tu cuerpo, volver a lo fisiológicamente elemental para vivir, bajar revoluciones y conectar progresivamente con el exterior, a donde se regresa con más calma y menos precipitación. A Vinicius le vendría bien practicarlo.

El brasileño es preso de su mayor virtud: la velocidad y agitación que desestabiliza a las defensas contrarias sigue girando cuando llega al área, como la rueda de la bici de un ciclista que se cae. En el lugar donde la jugada pide calma, Vinicius mantiene la inercia y es arrasado por ella. Ante la incapacidad para frenar y pensar, acaba decidiendo por impulsos y eso ya sabemos que no siempre acaba en boda.

Vinicius juega como si estuviera amenazado permanentemente por un inminente confinamiento domiciliario: hace todos los planes posibles de la manera más rápida que es capaz antes de que lo manden a casa. El brasileño está en la edad de los excesos, 20 años, pero a quien consiga enseñarle pausa a su fútbol le deberá media carrera. Este deporte va tan rápido que se considera vintage lo de anteayer y se sentencia antes del buenos días. A veces pienso que la afición del Madrid ha heredado ‘la teoría de la jeta’ que tenía Bernabéu: le bastaban diez minutos hablando con un jugador para saber si tenía que ficharlo o no. Antes no había tantos vídeos para el scouting.

A Gento lo fichó Bernabéu y lo quiso sacar del equipo después de un primer año en el que el cántabro dejó mucho que desear. Intercedió Di Stéfano, que tenía todavía mejor ojo que el presidente, o por lo menos lo veía todo más de cerca en el campo. Cuando uno escucha al mítico extremo blanco hablando sobre su forma de jugar, se imagina a Vinicius hasta que llega al desenlace: “Yo me adelantaba el balón y corría detrás de él, los defensas me seguían y en ese momento me frenaba en seco y ellos se iban contra la valla. Me daban pena, pero yo hacía mi trabajo”. Pararse para ser imparable.

En una reciente entrevista, Gento habló sobre el brasileño: “Tiene clase, es rápido y se va de los contrarios. Fíjate las cosas que hace con esa edad, que no las hace nadie. Cuando se asiente un poco puede ser un jugador fabuloso”. La duda es si lo piensa de verdad o nos está mandando a la valla.

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