Creer en la Selección española sigue siendo un ejercicio de buena voluntad. Hay tantas razones para la esperanza como para lo contrario. A ratos el equipo pasa por momentos notables (que no sobresalientes), pero luego se pierde en algún sitio y se convierte en un grupo insustancial, expuesto a cualquier contratiempo. Si la selección antes llamada Holanda no venció a España es porque Luuk De Jong es un delantero obtuso y porque Depay es un talento insoportable y relamido. En sus botas estuvieron los goles que nos habrían condenado. Y no es que los neerlandeses sean gran cosa, también están por cuajar, un estado, sospecho, en el que se encuentran muchas de las selecciones históricas. Supongo que eso debería animarnos. 

Durante la primera mitad, la Selección se manejó con solvencia y se puso por delante. El gol de Canales, bueno el movimiento de colocación y mejor el tiro, nos provocó un ataque de nostalgia. Hasta dónde habría llegado aquel chaval del Racing si su carrera hubiera sido en línea recta y sin costuras. Poco a poco, España fue perdiendo importancia. Es verdad que había destellos (Gerard Moreno, Rodri, el pirañeo de Morata…), pero el dominio no se transformaba en colonización. Tal vez porque no somos un ejército conquistador. 

Van de Beek empató en un error de marcaje y el partido alcanzó el punto de equilibrio. Ningún equipo era mejor que el otro, o no lo suficiente. Cuando Luis Enrique sustituyó a la delantera (Adama, Olmo y Ferrán por Asensio, Gerard Moreno y Morata) nada cambió en exceso. Si acaso se notó el dinamismo de Olmo, su afán por hacer jugada, poco más. Con Adama existe el riesgo de que pase de forzudo a mujer barbuda. Ya no se le tiene tanto en cuenta en las acciones de ataque, como si los compañeros no lo vieran totalmente fiable… y no lo es. Ferrán pasó inadvertido y así le hubiera gustado pasar a Reguilón, que dejó desguarnecida la banda en dos contragolpes que pudieron ser mortales. 

Por lo demás, los empates son cheques en blanco que cada cual rellena a su gusto. Si afirmamos que la Selección progresa adecuadamente tendremos razón. Igual que si nos declaramos escépticos ante un equipo que no destaca en nada. Hay brotes verdes, no lo niego, aunque lo más exacto sería decir que somos un gran brote verde de una planta indeterminada, quizá carnívora o tal vez perejil.

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