No hay tiempo para entrenar. Esta lapidaria frase dicha por Pep Guardiola ha ocupado en los últimos días muchos espacios en toda la prensa deportiva. La voz de alarma ha sido dada por el entrenador al que muchos consideran el mejor del mundo (no para mí: en el fútbol de elite solo cuentan las victorias que llevan aparejados títulos nacionales e internacionales y ahí manda Zidane).

Lo que verdaderamente sorprende de esta afirmación del Oráculo de Delfos del fútbol es el momento. Guardiola pide cordura en la planificación de las temporadas ante la proliferación de partidos justo cuando su Manchester City es décimo en la Premier. Algo especialmente doloroso para quien antepone en su escala de valores la liga (en cualquier país) a la Champions.

También extraña que ahora ponga en valor la importancia del entrenamiento cuando él no cumple con los requisitos indispensables para ajustarse a lo que la teoría del entrenamiento define: «La preparación física en el fútbol es una de las partes principales en la intervención como componente del entrenamiento con el fin de aumentar las habilidades y capacidades fisiológicas».

Pep utiliza el balón como la herramienta fundamental en sus entrenamientos aunque está demostrado que, durante un partido, el jugador no entra en contacto con la pelota más de dos minutos. Así que resulta una incongruencia conceder tanto protagonismo al balón en las prácticas diarias. ¿Y qué hace el jugador en los restantes 88 minutos? Correr, saltar, frenar y arrancar, chocar, cambiar de dirección, etc. Son las capacidades fisiológicas que Pep desprecia las que consiguen que el rendimiento físico del jugador sea óptimo. La Resistencia (Capacidad y Potencia Aeróbica), la Fuerza (explosiva) y la Velocidad requieren un entrenamiento muy minucioso y pormenorizado, muy específico para soportar los esfuerzos tan brutales que requiere el fútbol actual, de lo más intenso que existe a nivel articular y muscular. Hablamos de un deporte acíclico en el que no se repiten los movimientos.

Dada la complejidad y la intensidad de los esfuerzos en los partidos de fútbol es una incoherencia reducir toda la complicada preparación del jugador a un simple balón que pesa 450 gramos y tiene una atmósfera de presión. El tipo de entrenamiento que Guardiola preconiza no está aceptado universalmente en el mundo del fútbol. Hay muchos afamados entrenadores que confían más en la fisiología del ejercicio como guía en sus planes de entrenamiento.

No se puede ni se debe dogmatizar. En el fútbol está todo inventado y esa es la grandeza de este deporte.

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