Desde Wythenshawe, el estadio de Old Trafford queda muy lejos. Y eso que solo ocho kilómetros los separan. Pero este suburbio situado al sur de Manchester colecciona una las mayores tasas de delincuencia y drogas del Reino Unido. Obstáculos a sortear si uno quiere alcanzar el Teatro de los Sueños. En ese recodo de la ciudad industrial nació Marcus Rashford hace 23 años y desde entonces no ha parado de salvar zancadillas. Las últimas llegaron procedentes del Parlamento Británico, desde donde el partido conservador de Boris Johnson ha intentado regatear varias de las iniciativas propuestas por el delantero del Manchester United para ayudar a los niños ingleses más desfavorecidos. Solo la tenacidad del delantero, persistente y machacón en sus redes sociales, le ha valido para marcar el mejor gol de su vida: las ayudas finalmente aprobadas mejorarán la vida de 1,7 millones de niños británicos en los próximos 12 meses.

El compromiso del joven mancuniano viene de lejos. Su figura comenzó a agigantarse con el inicio de la pandemia, allá por el mes de marzo, cuando el delantero se unió a la ONG FareShare, un banco de alimentos que se encarga de repartir comida entre los más desfavorecidos. Entonces, con los colegios cerrados, ya reclamó al Gobierno que garantizara a los niños de familias con problemas el acceso a esos comedores. A pesar de la férrea defensa de los diputados conservadores, Rashford encontró portería. Gol y dos meses de comida gratis: marzo y abril. Ante la evolución de la pandemia pronto se dieron cuenta de que la medida resultaba insuficiente, por lo que Rashford insistió en que había que extenderla hasta el verano. “Es una cuestión muy personal porque sé por lo que están pasando estas familias. Mientras estos niños no tengan voz, tendrán la mía”.

De nuevo el ejecutivo de Boris Johnson quedaba contra las cuerdas ante la popularidad del delantero inglés y su compromiso social. El primer ministro británico ofreció una partida extra de setenta millones de euros a los municipios para que fueran estos y no las familias quienes gestionaran la ayuda. La réplica de Rashford fue una carta emotiva y desgarradora explicándole las urgencias con las que muchas de esas familias vivían. Porque él había sido uno de esos niños: “Recuerdo a mi madre llorar cuando se iba a la cama porque las catorce horas que trabajaba no eran suficientes para llegar a fin de mes (…) ningún niño debería irse a la cama hambriento y furioso”. Todos los rotativos británicos se hicieron eco de la carta y al gobierno de Boris Johnson no le quedó más remedio que aumentar la partida hasta los 120 millones de libras a través de un programa de vales canjeables (Healthy Start) en los principales supermercados del país (por valor de 15 libras semanales). Rashford 2-0 Johnson.

Con el inicio del nuevo curso escolar, el compromiso social del delantero con su comunidad no cesó. Rashford lanzó entonces una nueva campaña ante las pasadas vacaciones half term (vacaciones de una semana y que se repiten cada dos meses) para que los comedores escolares continuaran abiertos y realizando actividades con los niños. Para que la petición llegara al Palacio de Westminster se necesitaban 100.000 firmas. La de Rashford fue la quinta iniciativa en la historia del Parlamento británico que superaba el millón de firmas.

Hace dos semanas el partido laborista presentaba la iniciativa que fue rechazada por el partido conservador liderado por Johnson. Esa negativa provocó una ola de descontento y protestas por todo el país que dieron un nuevo impulso a la reivindicación de Rashford. El jugador del Manchester United volvió entonces a utilizar sus redes sociales para comunicar los más de 2.000 establecimientos e instituciones (ayuntamientos, colegios, supermercados) que se habían sumado a su iniciativa en toda Inglaterra y habían dado apoyo a las familias desfavorecidas ofreciendo menús escolares gratuitos.

Un nuevo giro de guión que hizo recular de nuevo al gobierno de Johnson. El primer ministro reaccionó con un paquete de ayudas de casi 190 millones de euros. Fue el propio Marcus Rashford quien dio a conocer los nuevos planes provenientes del 10 Downing Street tras una charla mantenida el pasado sábado con Boris Johnson. Ocurrió después de la victoria de los red devils (1-3) en Goodison Park frente al Everton. “Después del partido de ayer, tuve una gran conversación con el primer ministro para comprender mejor el plan propuesto y acojo con gran satisfacción las medidas que se han tomado para combatir la pobreza alimentaria infantil en el Reino Unido”, escribió el delantero del United en twitter.

Ahora la principal preocupación de Rashford son las cercanas fechas navideñas y el intento de alargar las ayudas hasta la próxima primavera. Sus ideas han vuelto a chocar frontalmente con los parlamentarios de Westminster, quienes han denegado en primera instancia aumentar las ayudas. Pero Rashford no va a detenerse ahí y por el camino ya ha encontrado la cooperación de clubes como el Leeds United, jugadores como Mesut Ozil e incluso grandes multinacionales como Deliveroo o Kellogg’s. En el equipo de Rashford caben todos.

Un futbolista con memoria

Wythenshawe es el área con más viviendas de protección oficial de Europa y en uno de esos pisos se criaron Marcus y sus cuatro hermanos. Su madre Melanie, llegó a Inglaterra siendo muy joven, procedente de la isla de San Cristobal (Antillas menores), y no lo tuvo fácil para criar a sus tres hijos siendo madre soltera. “Si había comida sobre la mesa, pues había comida, y si no, tenía amigos que eran conscientes de mi situación y a veces me invitaban a su casa para comer”, desveló Rashford en una entrevista. En el colegio al que acudían Marcus y sus hermanos existían las ayudas de comedor para los más desfavorecidos. Su escuela, por ejemplo, tenía el doble de ayudas que la media del país.

El fútbol le fascinó desde muy pequeño y ese primer amor siempre tuvo a los tres palos entre ceja y ceja. Solo que al principio, en el equipo de su barrio, el Fletcher Moss Rangers, Marcus se encargaba de parar los goles, no de marcarlos. Rashford se inició de portero y Tim Howard era uno de sus referentes. Aunque todo cambió aquella tarde noche de abril de 2003. La exhibición que vio ante sus ojos le hizo replantearse su mundo. Aquellos tres zarpazos de Ronaldo Nazario en Old Trafford con él disfrutando y sufriendo a partes iguales desde la grada le hicieron querer ser delantero. Lo intento en el City, con el que estuvo a prueba una semana antes de recalar en la academia del United.

Tenía once años cuando ingresó en las categorías inferiores de los Red Devils. Y si lo hizo un año antes de lo permitido fue por el empeño de su familia, tanto de sus hermanos que le hicieron del United, como de su madre, que no dudó en llamar a los responsables de la cantera e insistirles en el talento de su hijo. Era también la manera de asegurarse alojamiento, alimentación y una mejor educación para su pequeño.

Icono de Manchester. Obra del artista callejero AKSE. CordonPress.

Consciente de las penurias y sacrificios de su familia, Rashford aprovechó la oportunidad y con una ascensión meteórica se convirtió en la esperanza de un United en horas bajas y en una de las sensaciones de la nueva Inglaterra. A los 18 años ya era titular con los Red Devils y había debutado con los Pross. Ahora la burbuja del fútbol de élite no le ha enclaustrado en un mundo paralelo ni lo ha apartado de sus orígenes, mucho menos a romper los vínculos con su comunidad. El éxito, la fama y el dinero que le ha proporcionado la pelota lo ha utilizado para hacer un poco más llevadera la vida de los más desfavorecidos. Y en ese terreno de juego los títulos también han empezado a caer. En julio la Universidad de Manchester le nombró Doctor Honoris Causa por su lucha contra la pobreza infantil. El pasado viernes, la Reina de Inglaterra le convirtió en Miembro del Imperio Británico (MBE).

“Ayer me fui a la cama agradecido pero consciente de que todavía quedan muchas cosas por hacer”. Rashford sabe que al partido le queda la segunda parte.

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