Era el mes de octubre de 1976 cuando desde Argentina nos llegó la noticia de un nuevo jugador que debutaba en la Primera División con apenas 16 años. En esa época sin internet ni apenas imágenes de fútbol internacional, eran los redactores de AS y Marca quienes nos hablaban de un descomunal talento que estaba llamado a ser el número uno de la historia.

Para mí, que empezaba a dar mis primeras patadas a un balón de forma federada, la idea de que un chico con dos años más que yo jugase en un equipo profesional era motivo de inspiración. Si él puede, ¿porqué yo no?

Con el paso de los años descubrí la primera lección: no vale con querer ser. Es más, puede que ni poniendo todo el esfuerzo y dedicación del mundo seas capaz de debutar en Primera. Porque sin el talento necesario no hay esfuerzo que valga.

Aquel argentino fue dando saltos gigantescos y siempre de la mano de su talento logró cotas insospechadas. Su traspaso al Barcelona por más de 1.000 millones de pesetas desbordó lo imaginable. Traspasado al Nápoles, se convirtió en algo más que un jugador de fútbol para los napolitanos. Cosa similar a lo que ocurrió en Argentina tras ganar el Mundial de México. El 10 ya era otra cosa.

Sobre mi carrera como futbolista mejor correr un tupido velo. En cuanto a la suya, empezó a declinar. Crecieron sus problemas de todo tipo fuera del campo, problemas que afectaron a su rendimiento dentro de la cancha. Y aquí descubrí la segunda lección: no hay talento futbolístico que logre sobrevivir a una vida disipada. Ni el mayor de los genios puede soportar años de desorden, adicciones y excesos.

Unos dicen que Maradona fue el mejor jugador de la historia. En Brasil nadie duda que fue Pelé. En España y media Europa los mayores citan a Di Stéfano. Para muchos, Messi es el mejor que ha existido. De lo que no cabe duda es de que nos ha dejado uno de los más grandes, del que yo aprendí dos lecciones que se pueden sintetizar en una frase: “Sin un grandísimo talento no hay trabajo ni dedicación que te lleve al Olimpo del fútbol, pero no hay talento que se mantenga en lo más alto sin un trabajo y una dedicación comparable”.

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