La historia es cíclica en Barcelona, como si en el pasado del club estuvieran las respuestas de los desvelos del presente. Hay que bucear 18 años atrás para encontrar un inicio de campeonato tan malo por parte de los azulgrana (8 puntos de 18 posibles) como el cosechado por Ronald Koeman en su estreno. Entonces el banquillo también tenía acento neerlandés y Louis Van Gaal, testarudo y cuadriculado, pensaba que todas las respuestas las encontraría en su libreta. Casi dos décadas después el club se descubre descabezado en el palco, con las arcas famélicas y con escasez de talento sobre el césped. El panorama no difiere mucho de aquellos años en que el nuñismo chapoteaba para no ahogarse. Entonces los noviembres eran lluviosos y malditos para los culés. Un rosario de derrotas que ponían en evidencia la credibilidad del proyecto. A esos fantasmas también se enfrenta ahora Ronald Koeman, mientras el culé suspira porque al final del túnel aparezca un Laporta o un Ronaldinho que los saque de la depresión.

El mes maldito de Van Gaal

El maleficio llegó casi sin querer, a hurtadillas, escondido tras una gran victoria. Ahora nos resultará extraño pero ese primer Barça de Van Gaal se plantó en el Santiago Bernabéu un 1 de noviembre de 1997 y se impuso por 2-3 en casa del eterno rival. Seguro que recuerdan el partido si les digo que Giovanni dedicó varias butifarras al respetable en su celebración. Cosas del karma, a partir de ahí llegó la zozobra.

El bofetón más duro lo propinó un Dinamo de Kiev entrenado por un viejo zorro: Valeriy Lobanovski; y coronado por dos desconocidos: Shevchenko y Rebrov. Aquel 0-4 abriría heridas que nunca se cerrarían en el seno culé ya que prácticamente estaban eliminados de la máxima competición continental con un punto en cuatro partidos. Lo que siguió fueron dos duras derrotas, una en casa frente al Valladolid (1-2) y otra en San Mamés (3-0) que hicieron saltar todas las alarmas.

La primera gran crisis de la Era Van Gaal no se frenó pese a la victoria ante el Celta de Vigo (3-2), pues el 22 de noviembre un nuevo traspié en el Carlos Tartiere de Oviedo (1-0) hacía al Barça perder el liderato en la jornada 13 en favor del Real Madrid. El mes se cerró con un triunfo intrascendente frente al Newcastle en el Camp Nou. El equipo retomó el pulso en diciembre, mes en el que recuperó un liderato en Liga que ya no perdería hasta el final de curso. Aquellos tropiezos quedaron en el expediente como una mala racha cualquiera.

Lo que ocurre es que un año después, el 4 de noviembre de 1998, el Barça visitó Múnich y perdió por 1-2 frente al Bayern. Aquella derrota prácticamente eliminaba a los azulgrana de la Champions League en la fase de grupos por segundo año consecutivo. Cuatro días después fue el Oviedo quien sacó a relucir las carencias culés con una remontada en los últimos minutos (2-1). «¡Basta!» titulaba Mundo Deportivo con una foto de Van Gaal dando explicaciones a Núñez. Frente al Tenerife, en casa, llegó primera victoria de noviembre. También la única. Dos derrotas por la mínima, Mallorca (1-0) y Atlético de Madrid (0-1), convierten el Camp Nou en un “Mosaico final de pañolada” tal y como explicó La Vanguardia tras el partido frente a los colchoneros en el que se daba el pistoletazo de salida al Centenari.

Portadas de la prensa catalana aquellos días de noviembre. Hemeroteca MundoDeportivo.

Ese día el estadio fue un clamor ante la inoperancia de los suyos y la falta de respuestas desde el banquillo. El grito de Van Gaal dimisión se extendió como la pólvora. Ese noviembre negro se saldó con cuatro derrotas, un empate (3-3 frente al United en Champions) y una sola victoria. El clamor saltaba de la grada a los periódicos en un entorno que señalaba ya sin miramientos a un único culpable: “Barça sí. Van Gaal No” abría a cinco columnas Mundo Deportivo.

En diciembre Xavi salvó la cabeza de Van Gaal con un solitario gol en Zorrilla. En el mercado de invierno llegaron los hermanos De Boer, Frank y Ronald para dar equilibrio y solidez defensiva a la plantilla. Y el rumbo se encauzó en la segunda vuelta hasta coronarse de nuevo campeón de Liga.

Ronald Koeman formó parte del cuerpo técnico de Van Gaal en la temporada 1998/1999.

Y así llegamos a la tercera entrega de esta saga. En noviembre de 1999 la voz ya se había corrido por las redacciones y los informativos alertaban de la llegada del mes más negro para el equipo de Van Gaal. Hasta ese momento el equipo se había mostrado fiable y contundente en defensa. Solo un empate en los últimos minutos del Clásico, el de la mítica celebración de Raúl mandando callar al Camp Nou, había sembrado cierta inquietud. El equipo alternaba el liderato con el segundo puesto pero llegado noviembre todo era posible. Y así fue. Tres derrotas consecutivas en Liga (frente a Málaga, Valencia y Mallorca) acompañado de dos empates en Champions volvieron a instalar la crisis en Can Barça.

“El síndrome de noviembre”, lo llamó Mundo Deportivo. Marca hablaba de «Maldición» y por si fuera otra leyenda negra, El Piojo López, también se cruzó por el camino. El equipo estuvo más de un mes sin conocer la victoria y descarriló en Liga centrando todas sus esperanzas en la Champions. Al final ni una cosa ni la otra. Así que Louis Van Gaal terminó marchándose al final de esa temporada junto con Josep Lluís Núñez, el presidente que ponía fin a 22 años de mandato.

2002, parecidos razonables

Puede que tras revisar su famosa libreta, Van Gaal, tres años después hubiera aprendido algo de su etapa previa. Al menos aquel noviembre de 2002 no fue el peor de su estancia en Barcelona. Su Barça solo perdió un partido, frente al Depor en Riazor (2-0), y empató dos, uno de ellos frente al Madrid (0-0) en el Camp Nou. Entre medias selló su pase a la segunda fase de la liguilla de la Champions League con triunfo y la inició con victoria frente al Bayer Leverkusen (1-2). Pero aquel era un Barça en retirada que tras dos temporadas convulsas había vuelto a apostar por Van Gaal para recuperar la senda de los títulos.

Desde el palco, Gaspart exprimía la herencia de Núñez y llenaba el equipo de brasileños mediocres (Rochemback, Giovani Deiberson), y copias baratas del nuevo Luis Figo (desde Simao a Quaresma). El problema entonces también era estructural y no solo deportivo, ya que la institución vivía en una depresión constante que se inició con la marcha del portugués y ni la llegada de Riquelme logró paliar esa ausencia. La conexión argentina, Saviola-Riquelme no terminó de cuadrar en la libreta de Van Gaal mucho más cómodo con compatriotas como Overmars o Kluivert.

El equipo compitió a contracorriente durante toda la temporada desde que fue vapuleado por el Novelda a las primeras de cambio en la Copa del Rey. Las críticas arreciaban desde todos los frentes del entorno y las pañoladas se sucedían en el Camp Nou pidiendo por igual la cabeza de Louis Van Gaal y la de Joan Gaspart. En un clima envenenado el técnico saltó por los aires tras una derrota en Vigo. “Sentenciado” tituló Mundo Deportivo. «Un equipo perdedor» empezaba su análisis Ramón Besa en El País. Aquel era uno de los peores Barça de la historia, a 20 puntos del líder, solo el sprint final le permitió alcanzar una sexta plaza que le dio acceso a la Copa de la UEFA.

Ese arreón llegó con la contratación de Radomir Antic, quien reanimó al equipo tanto en juego como en confianza. Fue el último as bajo la manga de un Gaspart que dimitió solo unas semanas después de contratar al serbio. “No me puedo enrocar pensando que todos estáis equivocados y yo no. Quizá mi error ha sido no entender que con la pasión desenfrenada no sería nunca un buen presidente”, dijo en su adiós a la poltrona culé.

Tras su dimisión, Enric Reyna apareció en escena. Este promotor inmobiliario se convirtió en el 40º presidente del Barça al ser el vicepresidente tercero en ese momento (los dos anteriores rechazaron el cargo). Una vez en el sillón presicencial Reyna coqueteó con la posibilidad de terminar el mandato que no había podido concluir Gaspart (le quedaba año y medio) e incluso llegó a gestionar la incorporación de varios fichajes por si el nuevo presidente entrante los consideraba oportuno. Finalmente los comicios se convocaron al termino de la temporada y el triunfo por sorpresa de Laporta (el favorito era Bassat) cambió el rumbo de una institución en una situación económica casi tan delicada como ahora.

La situación no parece hoy por hoy tan límite para Ronald Koeman, aunque el 2020 ya le ha dado al Barça motivos suficientes para pensar que todo puede empeorar. La inestabilidad económica, deportiva y social que rodea al club es un hecho, por más que Bartomeu haya puesto tierra de por medio con su huida. La carrera electoral está lanzada y el equipo golpeado en lo emocional y más agrietado que antaño, intenta seguir las directrices de Koeman en una transición que no será sencilla. El propio técnico neerlandés parece tener las horas contadas ante las inminentes elecciones mientras se afana en construir una burbuja que aisle a los jugadores de todo el ruido que genera la institución. Sobre el césped los azulgrana han emitido buenas señales y la revolución emprendida por los jóvenes crece cada día. Queda por ver si los resultados refrendan en breve esos buenos síntomas o si por el contrario noviembre supone una recaída para un club más próximo al que en 2003 dejó Gaspart, de lo que muchos piensan.

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