El duelo del Palau enfrentaba a dos equipos en trayectorias muy diferentes. El Fenerbahçe, sempiterno favorito durante años para ganar la Euroliga, ha bajado un escalón tras la marcha de su caudillo de las últimas temporadas, Zeljko Obradovic. Mientras tanto, el Barcelona, cuyo reciente devenir en Europa había oscilado entre lo decepcionante y lo anodino, ha encontrado en el carisma y la pizarra de Jasikevicius la manera de encauzar productivamente el inmenso caudal de billetes invertidos en conformar una de las mejores plantillas del continente.

El conjunto turco adoleció desde el comienzo la ausencia de un líder, fuese en la pista —De Colo, baja capital para los amarillos, se hallaba lesionado— o en la banda, donde Kokoskov se desgañitaba sin conseguir un ápice del ascendiente que sí derrocha cuando ejerce como seleccionador. Por otro lado, el plan ofensivo planteado por el serbio sonrojaba por su simpleza: sin grandes ayudas para el base, intentó emparejar a Ulanovas con Abrines, confiando en que la superioridad de centímetros ofreciese una ventaja decisiva. El malagueño no solo salió airoso del duelo, sino que fulminó al Fenerbahçe desde la línea perimetral durante todo el primer cuarto, ratificando su excepcional estado de forma y desaparecida la nube negra que siempre parecía acompañarlo y lastrarlo. Lo acompañó en su tarea destructiva Mirotic, quien desde su llegada se ha consolidado indiscutiblemente como el mejor jugador de Europa en los primeros y segundos cuartos, y este año tratará de extender su reinado también a los últimos minutos de los partidos.

Pero la clave en el vendaval que arrasó a los de Estambul se encontró, como en tantas ocasiones, en la voluntariosa y agresiva defensa culé. El Barcelona posee como sello de identidad la intensidad defensiva desde que Aíto oteaba el paisaje desde el banquillo, y sucesivos entrenadores como Pascual o Pesic construyeron desde esa base. Sin embargo, Jasikevicius no se ha limitado a cumplir con el castizo refranero tan común en el Palau —“si haces veinte faltas te pitan las veinte; si haces cuarenta, te siguen pitando veinte”—, sino que ha proporcionado un orden a esa innegociable intensidad. Los dos para uno constantes no solo fuerzan las pérdidas del base rival y han hecho desempolvar el reglamento a los árbitros para recordar la atávica norma de los ocho segundos, sino que incluso intimidan a los pívots más contundentes. Además, los defensores son capaces de regresar a su posición tras la ayuda si el balón es sacado de alguna forma. El equipo tiene movimientos de acordeón tan estéticos como desalentadores para el rival: solo desde una circulación perfecta de varios pases precisos y veloces se puede encontrar al tirador liberado. Proponer un acertijo tras otro en cada posesión desquicia al base más pintado, no digamos si se trata de Bobby Dixon, que se cambió el nombre a Ali Muhammed pero más que a Cassius Clay anoche homenajeó a Bambi, perdido en un bosque azulgrana.

Tras un primer período en el que el marcador dejó unos guarismos avasalladores (51-29), el FCB volvió del descanso sin levantar el pie del acelerador. El engranaje de Saras funciona con múltiples piezas, y jugadores otrora secundarios como Roland Smits han entrado en una dinámica de rendimiento muy por encima de sus expectativas. Sin ahorrar nada en aspavientos, el técnico lituano no dejaba pasar una a sus pupilos ni con treinta de ventaja, y no le tembló el pulso para sustituir a Heurtel —recurrente diana de sus enfervorecidas filípicas en cuanto relaja un poco sus prestaciones defensivas— por Bolmaro o para introducir en la rotación a un meritorio Sergi Martínez. Sin cuartel, la brecha adquirió proporciones oceánicas. El Fenerbahçe se disolvió como un azucarillo hasta terminar pidiendo la hora con cuarenta y dos puntos abajo. Solo entonces, a falta de trece segundos, Jasikevicius miró a sus chicos y les dio permiso para descansar. El entrenador sabe que el Barça y el Milán son los únicos clubes que han mejorado sus prestaciones tras el inicio de la pandemia, de modo que la oportunidad para conseguir la Euroliga es más real que nunca, millones y millones después. El camino hacia la gloria será largo, mas, tras tantísimos años de derrotas e incertidumbres, los culés por fin tienen a alguien verdaderamente preparado para liderarlos.    

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