Robert Jarni (Cakovec, Croacia, 1968) nació en una Yugoslavia unida que comenzó a desintegrarse cuando fichó por el Bari en 1991. En Italia también jugó en el Torino y la Juventus, con la que ganó el Scudetto en 1995. Lopera le convenció para fichar por el Betis. Estuvo tres años en Sevilla y no se olvida del “cachondeo” de la ciudad y del vestuario. Ni de la final de Copa perdida frente al Barcelona (3-2). Su buen hacer le llevó al Real Madrid en 1998 y de allí se marchó a Las Palmas un año más tarde. En 2002 se retiró en el Panathinaikos. Actualmente es entrenador en busca de equipo.

—¿A qué se dedica ahora Robert Jarni?

—Ahora estoy buscando trabajo, pero debido a la situación está siendo complicado.

—¿Por qué no ha terminado de triunfar usted como entrenador? ¿Le han faltado buenos equipos?

—Sigo peleando, aunque aún no haya conseguido nada importante. En el último equipo en el que estuve—el North East United indio—, coincidí con Gyan, el ghanés. Es un gran jugador. Hasta que se lesionó en la octava jornada íbamos entre los tres primeros. Desde ese momento, estuvimos buscando un delantero, pero no nos dio tiempo a ficharlo…

—¿Sueña con entrenar en España?

—Sí, sin duda. Me encantaría porque conozco el ambiente, los jugadores…

—¿No le han llamado nunca del Betis?

—Estuvimos en contacto hace dos o tres meses, pero llegó Pellegrini. Los entrenadores nunca sabemos qué puede pasar, siempre tenemos las maletas preparadas.

—¿Contactaron con usted para ser entrenador del Betis esta temporada?

—Sí, correcto, me llamaron para ser el técnico, pero ya saber cómo son estas cosas.

—Pasemos a su etapa como futbolista. ¿Cómo era el fútbol en Yugoslavia? ¿Había tensiones políticas, se intuía que estaba por llegar una guerra?

—Yo llegué al Hadjuk Split con 16 años, en 1985. No nos imaginábamos una guerra en aquel momento. Antes de cumplir la mayoría de edad, debuté en el primer equipo. Creo que la clave para asentarme fue que el resto eran veteranos y tenían muchísima calidad. No sólo en nuestro club, todos los equipos de Yugoslavia contaban con dos o tres futbolistas que podían jugar donde quisieran. En los Balcanes hay muchísimo talento para el fútbol y el deporte en general.

—En la Yugoslavia del Mundial de 1990 estaban algunos de los futbolistas que se proclamaron campeones de Europa con el Estrella Roja en 1991 como Savicevic, Prosinecki, Pancev… También Suker, Boksic… Tenían un equipo para haber sido campeones del mundo…

—Era un equipazo y éramos muy jóvenes. Prosinecki era más veterano y jugó más que algunos de nosotros. Argentina nos eliminó en cuartos… También recuerdo muy bien el partido de octavos frente a España en Verona (1-2). Ganamos con dos golazos de Stojkovic.

—De hecho, usted estaba en el banquillo cuando Stojkovic nos marcó aquel gol en el minuto 92… Míchel fue muy criticado por moverse en la barrera…

—No se movió, sólo movió la cabeza y por ahí pasó el balón.

“Aunque tuviera un hombre detrás todo el partido, era imposible parar a Maradona”

—¿Qué hicieron en cuartos para neutralizar a Maradona?

—Había un jugador que tenía que marcarlo y lo expulsaron, Sabanadzovic. Él se ocupó de su marcaje mientras pudo, pero a Maradona era imposible pararlo. Aunque le pusieras a un hombre detrás todo el partido. Era un jugador extraordinario.

—¿Es el mejor que ha visto?

—Sí. Y me he enfrentado a muchos jugadores que también eran extraordinarios. Gullit era un fenómeno… con Baggio jugué en la Juventus y con Del Piero coincidí cuando empezaba. Ha habido jugadores estupendos.

—A raíz de aquel Mundial, el Real Madrid fichó a Spasic, que fracasó estrepitosamente. ¿Tan difícil es aguantar la presión de un gran club?

—Es algo individual. Cuando un jugador tiene condiciones y cree en sus posibilidades, tiene que soportar la presión. A mí me gustaba más jugar fuera de casa y que me chillaran. Me motivaba.

—Usted acabó en Italia. Primero en el Bari y luego en el Torino, en donde coincidió con Francescoli, ídolo de Zidane. ¿Tan bueno era?

—Por algo le apodaron El Príncipe. Tanto dentro como fuera del campo era un señor. No hace falta recordar cómo jugaba porque creo que todo el mundo conoce sus virtudes. Fue un verdadero placer jugar junto a él.

—Después recaló en la Juventus. ¿Qué le faltó para triunfar en la Juve? Torricelli (el titular) no era mejor lateral que usted…

—El problema era que sólo había tres extranjeros por equipo. Nosotros éramos cuatro y el míster rotaba dependiendo del rival con el que jugáramos. No recuerdo bien, pero creo que jugué más de 20 partidos en la Juventus. En Turín estuve muy cómodo porque el equipo era impresionante con Ravanelli, Baggio, Paulo Sosa, Deschamps, Kohler… Allí ocurrió una cosa curiosa…

—Cuente…

—Jugamos el primer partido en casa y empatamos. Después nos tocó jugar contra el Foggia, que tenía como entrenador a Zeman. Allí perdimos 2-1. El día siguiente, el míster, Marcelo Lippi, nos dijo que desde ese día íbamos a hacer todo lo que dijera él. Si perdíamos, nos instó a que le dijéramos a los periodistas que era culpa del míster. Finalmente, ganamos la Copa y la Liga, pero perdimos la final de la UEFA frente al Parma.

—Desde Italia usted vivió el transcurso de la Guerra de los Balcanes. Debió ser terrible…

—Nadie podía salir de Yugoslavia. Mi mujer estaba embarazada en aquel momento, pero afortunadamente estábamos los dos juntos en Italia. Aunque hice llamadas para saber cómo estaban mis allegados, no tuve suerte.

“El mejor vestuario en el que he estado es el del Torino”

—¿Cómo fue el cambio de una ciudad como Turín a una como Sevilla?

—Son muy distintas. En Sevilla hace mucho calor y la gente es muy acogedora. En Turín la gente es más cerrada y tienes ganarte el puesto entre los amigos. A nivel de vestuario, el mejor en el que estuve fue el del Torino. Cuando terminábamos los partidos, nos íbamos todos juntos a cenar. Fue el único equipo en el que lo hacíamos. En el vestuario del Betis, hubo mucho cachondeo pero aquella otra experiencia fue muy interesante.

—Usted llegó al Betis para sustituir a Gordillo. ¿Sabía que era una leyenda del Betis?

—Sí, claro, vi a Gordillo jugar en el Madrid.

Jarni, durante su etapa en el Betis. CORDON PRESS

—Aquel Betis con Alfonso, Finidi y usted es de lo mejor que se recuerda… ¿Cuánto mérito tenía Serra Ferrer en todo eso?

—Era un entrenador al que le gustaba muchísimo la disciplina. Siempre fue muy serio, pero durante los entrenamientos y los viajes también sabía ser bromista con nosotros. Él tuvo mucho mérito porque hicimos buenas temporadas. Me divertí muchísimo en Sevilla, la verdad.

—¿Qué le pareció Lopera cuando lo conoció? Supongo que en Croacia no hay personajes parecidos…

—Al principio fue extraño porque no lo conocía y no sabía hablar español. Cuando aprendí español, cuatro meses después, ya entendía todo lo que él decía. Aunque era difícil comprender algunas palabras cuando hablaba. Es un presidente típico. Estaba todos los días con nosotros, bromeaba… Tenía muy buena relación con los jugadores.

—En su primer año en el Betis se enfrentaron al Girondins de Burdeos en la UEFA. En el partido de vuelta, un tal Zidane marcó desde el centro del campo. ¿Se imaginaban que ese jugador se convertiría en el mejor del mundo?

—Se veía que era buen jugador, pero no estuve pensando en su calidad sino en la decepción que sufrimos tras ser eliminados. No recuerdo qué pasó, pero no jugué el partido de ida. En el de vuelta nos sorprendió con su disparo desde el centro del campo. Fue un gol impresionante.

“Los días de partido, después del desayuno, Luis Aragonés y yo conversábamos varias horas”

—Luego coincidió en el Betis con Luis Aragonés, cuyo carácter era único…

—Muchas veces en Croacia me preguntaron de quién aprendí más. Y siempre digo que de Lippi y de Luis. Con Aragonés tuve una gran amistad. Los días de partido, después del desayuno, nos sentábamos y conversábamos varias horas sobre fútbol y otras cosas. Me dio un gran consejo: el entrenador tiene que decirle las cosas a la cara a los jugadores.

—Luis fue campeón de Europa con el tiqui-taca, ¿probó algo similar en el Betis?

—Cuando llegó al Betis jugamos con un 3-3-3-1, un sistema con el que nunca habíamos jugado. Como todos mis compañeros sabían que yo me llevaba muy bien con Luis, me pidieron que le sugiriera un cambio al 4-4-2 o 4-2-3-1. Eso fue en la tercera jornada. Nos sentamos juntos y me dijo que podíamos hablar de cualquier cosa menos del cambio de táctica. Era más que un entrenador, era un padre.

—También ha hablado de Marcelo Lippi. ¿Qué influencia ejerció en usted?

—En la Juventus puedes estar centrado exclusivamente en jugar porque en el resto de cuestiones no vas a tener ningún problema. El club hace todas las tareas a la perfección para que los futbolistas se centren en los partidos y entrenamientos.

Aquel Betis perdió la final de Copa de 1997 frente al Barcelona (3-2). ¿Qué le faltó a aquel equipo para ganar un título?

—Nos faltó otro gol cuando Finidi marcó el 1-2 en el 82’. Para estar más tranquilos. Pero aquel partido fue difícil porque el Barcelona tenía a grandes jugadores como Figo y Ronaldo. Tuvimos mala suerte.

Final de Copa del Rey de 1997.

—Lopera lo traspasó a usted al Coventry porque no le satisfizo la oferta del Madrid y luego llegó usted al Bernabéu. ¿Aquello fue un paripé?

—Yo viajé a Inglaterra para firmar por el Coventry, pero antes de firmar se cruzó el Madrid. Estuve hablando con el entrenador que había pedido mi fichaje por el Coventry, Gordon Strachan, y me dijo que no me preocupara porque a él le pasó lo mismo. Y fiché por el Madrid.

—Por cierto, no sé si sabe que Joaquín lleva el número 17 por usted, que era su ídolo…

—Eso lo descubrí hace un par de años, pero no lo sabía. Es un chico muy bueno como jugador y como persona. Sé que dentro del vestuario están encantados con él. Me gusta mucho cuando un buen equipo tiene también un buen ambiente en el vestuario.

—¿Quién era el más guasón de aquel Betis? ¿Cañas, Merino…?

—Ellos dos seguros y Alexis también. Pero Finidi era otra cosa…

—Usted fichó por el Madrid en 1998, cuando Roberto Carlos estaba en su máximo esplendor. ¿Le llegó tarde esa oportunidad?

—Jugué más como extremo en el Madrid. Mejor dos buenos zurdos en la izquierda. Era una banda que cualquier equipo hubiera querido tener.

«Raúl era capaz de levantar al equipo con sus movimientos»

—En aquel equipo estaban Hierro, Redondo, Suker, Mijatovic… ¿Quién le llamó más la atención?

—Cuando llegué también estaba Seedorf, un jugador extraordinario y muy completo. Había un vestuario muy interesante. Cuando conocí a los jugadores, vi que eran buenos compañeros. Nos divertimos también, pero no como en Sevilla. Hubo una cosa que me llamó la atención en el Madrid. Había partidos que no empezamos bien y en los que se producía el efecto dominó: todos íbamos jugando peor. Sin embargo, había un jugador que, sin una palabra y sólo con sus movimientos, levantaba al equipo él solo. Era Raúl.

—En aquella plantilla también estaba Eto’o…

—Eto’o empezó a entrenarse con nosotros antes de cumplir los 17. Era un chico con muchísima confianza en sí mismo. Regateaba a todos sin miedo.

Jarni, durante su etapa en Las Palmas. CORDON PRESS

—En 1999 usted fichó por Las Palmas. Pasó del Madrid a un equipo de Segunda. ¿Por qué ese cambio?

—Porque llegó Toshack y no me quería. Entrenaba con el equipo los primeros quince minutos, pero después lo hacía apartado. Así estuve un mes y medio o dos meses. Seguí entrenando porque necesitaba estar en forma por si surgía el interés de algún club. Toshack habló conmigo cuando se lesionó Elvir Baljic. Me dijo que era un gran profesional y me sugirió volver al grupo. Yo le contesté que sí, pero que tenía que hablar con el presidente porque aún tenía un año de contrato. No le pedí dinero al presidente, sólo quería un año más de contrato. No estuvo por la labor y me marché.

—¿Hasta cuándo podrá jugar Modric en el Madrid?

—Modric no juega con los músculos, juega con la cabeza. Por su estatura, por cómo se cuida… jugará dos o tres años más.

—¿Marcelo está acabado?

—Parece que está desanimado. No tiene las mismas ganas que antes. Es muy difícil desde la distancia hablar de él porque no sé qué está pasando en el vestuario. No está alegre y no se divierte cuando juega… Eso se nota en el campo.

—¿Cree que Mendy hará olvidar a Marcelo?

—Por cómo empezó jugando creo que sí. Marcelo es mejor en ataque y Mendy en defensa.

Si en algún momento le llamarán desde Sevilla…

—¡Cogería ahora mismo el avión!

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