Últimamente, hay un jugador del Real Madrid que un día sí y otro también es protagonista en los medios de comunicación. Se trata de Francisco Alarcón, Isco. La razón es su pérdida de importancia en el equipo. Cuando Zidane ha sido preguntado al respecto ha quitado hierro al asunto con la naturalidad que le caracteriza y ha instado al jugador a seguir entrenándose. Y problema resuelto.

Sin embargo, existen más explicaciones y el vademecum del fútbol (la fisiología del ejercicio) nos ofrece una.

Isco es un jugador técnicamente casi perfecto. Su habilidad y eficacia con la dos piernas está al alcance de muy pocos: controles, conducciones y golpeos no suponen ninguna dificultad para él. En el dribling, su punto fuerte, domina los dos perfiles, derecho e izquierdo. El problema es que todas estas funciones se hacen con balón a una velocidad endiablada más de 250 veces durante 90 minutos y con pausas para recuperar el aliento de apenas 15-20 segundos, compitiendo cada tres días y con distancias por partido que superan ampliamente los 12 kilómetros. Son las exigencias físicas del fútbol actual. Es la alta intensidad que ha venido para quedarse y que esclaviza a los jugadores que, con una calidad exquisita, llegan con dificultad a estos registros tan brutales. Isco es uno de ellos.

Todos hemos visto en multitud de ocasiones que cuando el malagueño encadena cuatro partidos completos su rendimiento físico no alcanza la exigencia mínima para competir con garantías en la elite. Y aquí la fisiología del ejercicio es tajante. En cualquier deporte, un volumen de oxígeno máximo por debajo de 50 mililitros por kilogramo y peso en la capacidad aeróbica (cantidad de energía de una vía metabólica en este caso aeróbica) pone en serias dudas el rendimiento óptimo tanto a nivel individual como colectivo. Y el fútbol es un deporte aeróbico por definición.

El perfil fisiológico de Isco sólo le permite la repetición de esfuerzos explosivos con pausas muy amplias que garanticen a través de su frecuencia cardiaca la oxigenación de su musculatura. La competición es cruel en este aspecto y no tolera semejante desafío.

Finalmente, la distancia que existe entre el querer y el poder está en el entrenamiento. Sólo en la cabeza del jugador radica la posibilidad de alargar o acortar esa distancia.

Isco, haz caso a tu entrenador.

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