No diré que es cuestión de suerte porque la suerte es otra cosa. La suerte, la buena, es que te toque la lotería. Vencer a millones de probabilidades, eso es tener suerte. Así que no diré que al Valencia le ayudó la suerte, aunque lo piense. Le ayudó Gayá, en primera instancia. Desde el inicio se advirtió que su banda era la única escapatoria de su equipo, alicaído en otras líneas. Después fue Soler quien acudió al rescate. Es una rareza marcar tres penaltis en un partido (y tirar cuatro), sólo comparable a que te los piten. Al Madrid jamás se los habían señalado en contra en toda la historia de la Liga (2.885 partidos). Y no podemos pasar de esta línea sin mencionar al VAR. De no existir el videoarbitraje esos tres penaltis no se hubieran pitado, por pasar inadvertidos o porque no hay árbitros tan contumaces, y menos con los grandes. 

Hasta esa serie de catastróficas desdichas (bendiciones, para el valencianismo), el Real Madrid tenía el partido controlado. Ganaba por 0-1 gracias a un derechazo de Benzema (que tocó en un defensa, digámoslo todo) y la evolución normal del juego le hacía vencedor sin demasiados sustos. 

Fue entonces cuando aleteó una mariposa en China, seguramente en Wuhan. A partir de aquí el mundo comenzó a girar al revés, al menos en la parcela de tierra que ocupa Mestalla. Gayá buscó el área y el balón tocó en un brazo de Lucas, suficientemente despegado del cuerpo para que se aplique la norma. Aquí hago un inciso. Hace algunos años, varios periodistas tomamos parte en un partido de fútbol contra mutilados de un país africano, lamento no recordar cuál. Ellos jugaban con muletas (sufrían amputaciones en las piernas por las minas anti persona) y nosotros, para compensar, lo hacíamos con los brazos en la espalda. Aunque pueda parecer extraño, bastó eso para equilibrar el partido. Creo que no hace falta que me extienda en lo antinatural de esa imposición reglamentaria si no se discriminan acciones.

Prosigo. Soler falló el penalti (y el rechace), y Musa marcó a continuación. El árbitro recurrió al VAR, que descubrió que tanto Musa como Lucas (exorcismo, ya) estaban dentro del área. Se repitió el tiro y Soler no erró, aunque la estadística, esa embustera, está contra quienes un repiten un penalti. El tiempo que se tomó el VAR para analizar la jugada, y supongo que la conclusión de la misma, sacó al Madrid del partido. Es un hecho que los poderosos gestionan mal el infortunio por falta de costumbre.

Lo siguiente fue un error trágico de Varane (otro) que acabó con el balón dentro de la portería. Después llegó un penalti más, el único polémico (falta de Marcelo sobre Maxi), y a los nueve minutos el tercero por mano de Ramos, involuntaria pero escandalosa, 4-1. No hay quien se sobreponga a algo semejante. Y es imposible no parecer guapo con tanto viento a favor.

Sierra Leona. Ese era el país. Y nos enseñaron qué es jugar.

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