El 20 de noviembre de hace 45 años falleció el dictador Francisco Franco (en la imagen junto a Luis Suárez, que acababa de ganar el Balón de Oro). El aniversario es oportuno para preguntarse por un misterio por desvelar: su vinculación con el deporte. Se dice que su interés por la práctica más o menos deportiva se redujo a la caza y la pesca Adolfo Suárez, que lo conoció pescando, dio fe de su interés por la caña y el anzuelo, dicho en sentido literal… y también figurado.

El caso es que medio siglo después seguimos discutiendo si el Real Madrid fue el equipo del régimen. Entre las voces divergentes ha surgido recientemente la de Joan Gaspart, expresidente del Fútbol Club Barcelona. Así lo explicó el pasado mes de junio en una entrevista en A La Contra: “No creo que el Madrid fuera el equipo del régimen porque a Franco no le gustaba el fútbol”.

Según señaló Amancio en otra entrevista para este medio, “el equipo del que podía ser Franco era el Atlético de Aviación, el más militar”. Subjetividades al margen, lo cierto es que tras la conclusión de la Guerra Civil aquel Atleti logró cuatro Ligas: 1940, 1941, 1950 y 1951. Valencia, Athletic, Sevilla y Barça fueron los otros campeones en aquella década de la posguerra. El Real Madrid, sin embargo, se pasó 21 años sin ganar el campeonato, hasta 1954.  

El periodista Julián García Candau lo explica así: “Bernabéu formó parte del ejército de Franco como cabo observador, pero el equipo del régimen cuando acabó la guerra fue el Atlético de Madrid porque pasó a llamarse Aviación. Los jugadores hacían la mili en aviación. Nunca ha estado muy claro si el régimen benefició al Madrid o viceversa. Creo que ambos se beneficiaron. En aquella España en la que no había puertas abiertas, el Madrid abría ventanas. El Real Madrid creó con las Copas de Europa una imagen de España que no era la que se veía desde fuera”.

Con Miguel Ors, fallecido el pasado mes de mayo a los 91 años, pudimos indagar en la cuestión deportiva en una entrevista publicada en febrero en A La Contra. “Franco era madridista, pero antes que eso era franquista. A Bernabéu no le caía bien Franco”.

A este respecto, Ors nos contó una anécdota. «Al nieto de Franco —Francis— le hicieron padrino de unas pruebas de esquí en Navacerrada. El chico apenas tenía doce años, pero me pidieron que lo entrevistara. Así que llamé al Marqués de Villaverde y le conté la idea. Me citaron a la una de la tarde y fui con un cámara de televisión (…). Recuerdo que le hicimos la entrevista al niño, que fue absurda. Le pregunté si le gustaban los deportes de nieve y me dijo que sí, nada más. Le volví a preguntar si los había practicado alguna vez y la respuesta también fue afirmativa. Con esas contestaciones, pensé que no se emitiría por televisión. Pero cuando le pregunté por su deporte favorito, le cambió la cara y me respondió que el fútbol. Su equipo favorito era el Real Madrid y su futbolista preferido, Gento. La entrevista fue una chorrada, pero se emitió en la primera edición del telediario y la repitieron en la segunda edición».

“Le hice la entrevista en enero y en junio se celebró la final de la Copa del Generalísimo. Entré en el antepalco en el descanso y Franco me llamó. Fraga, que era ministro de Información y Turismo, vino rápidamente a avisarme. El caudillo me pidió que cuando entrevistara a sus nietos tuviera cuidado porque en Barcelona decían que él era madridista. Me amonestó y me dijo que tuviese cuidado cuando hablase de él para no comprometerle. Me disculpé. Justo antes de empezar la segunda parte, delante de Fraga y doña Carmen, Franco me estrechó la mano y me dijo que esperaba seguir viéndome todos los días en el telediario. Aquello me salvó del despido”.

Parece claro que el fútbol no estaba entre las diversiones favoritas del general. Sin embargo, Ors tuvo otro encuentro con Franco que le hizo pensar que sí le interesaba el deporte. Fue en 1971. El entonces príncipe Juan Carlos «estaba loco» por competir en los Juegos Olímpicos de 1972 y el dictador estaba preocupado. “El año anterior a la celebración de los Juegos hubo una regata internacional en Kiel. El Príncipe participó y yo estuve aquella semana haciendo la información para Pueblo y para TVE. Juan Carlos generó allí muchas simpatías, lo hizo muy bien y no quedó mal clasificado. Cuando regresé a Madrid, me llamaron de El Pardo. Me dijeron que Franco quería verme al día siguiente a las diez de la mañana y que fuera puntual. ¡Cómo para no serlo! A las nueve ya estaba cazando conejos en El Pardo.

«Al llegar me dijeron que al abrirse las puertas hiciera una leve inclinación y pasara. Al verme, Franco me dijo: “Como engaña la televisión. Qué bajito es usted”. A mí todo lo que se me ocurrió responderle fue: “Excelencia, es un honor ser tan alto como usted”. Franco se echó a reír y me invitó a entrar. Estuvimos más de una hora hablando del Príncipe. Sabía de vela más que el Príncipe y yo. Me puso en situación de suspenso porque me hizo preguntas que yo no sabía responder. Me preguntó cómo creía que quedaría clasificado el príncipe en los Juegos. Yo le dije que todos los que iban a ser sus adversarios practicaban todos los días, mientras que él sólo iba a Barcelona los fines de semana. No tenía la dedicación que el resto de competidores. “¿Pero cree que puede hacer el ridículo?”, me preguntó Franco. “Excelencia, yo creo que no, veo que está preparado”, le contesté, y le hablé de los comentarios positivos del resto de sus compañeros. “¿Y cómo los trataba?”, me volvió a preguntar Franco. “Muy bien, excelencia —contesté— ya sabe usted que el Príncipe es muy simpático”.

«Fue un martirio. Estuve una hora y veinte minutos con Franco y no hizo nada más que hacerme preguntas de tipo técnico sobre vela. Al final de la charla, me preguntó si creía que podía ganar. Le expliqué que era muy complicado porque estaban los rusos, los alemanes y los argentinos, que eran muy buenos. Le comenté que eso no lo sabía nadie. Pero que si eran treinta y tantos los que competían, podía quedar entre los 14 primeros. Franco me reconoció que tenía que pensarlo mucho, porque no quería que un representante de España hiciera el ridículo. Toda la obsesión de Franco era que el Príncipe no hiciera el ridículo. Era muy soberbio, pero durante el rato que estuve con él fue muy afectuoso conmigo. Finalmente, le permitió participar y don Juan Carlos quedó entre los 14 primeros. Todo lo que se ha escrito de Franco diciendo que era un inculto en materia deportiva es mentira; no tenía nada de inculto».

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