Todo comenzó con el espíritu de Durban. Diez años después volvimos a vernos más guapos con más pelo y menos arrugas. Diez años después volvimos a marcar un gol de córner a los alemanes y de pronto recordamos que muchas veces los fantasmas solo anidan en nuestra cabeza. El testarazo para despejar los miedos no tuvo la contundencia del de Puyol, pero Morata, esta vez al segundo palo, cogió también por sorpresa a los teutones. Ese viaje al verano del 2010 ya justificaba el partido.

Pero la fiesta no había hecho sino empezar. Y Ferran pidió su hueco en el escenario. Desde el costado derecho agarró el partido por la pechera y no lo soltó hasta que mandó el tercer derechazo a las redes. En su exhibición estaba todo su repertorio, los desbordes a pierna natural, los desmarques a la espalda del rival, el golpeo seco, el centro tenso, la rosca imposible para Neuer. Será difícil sacarlo de Mánchester, donde Guardiola ya ha comenzado a darle nuevos matices a su juego. Su irrupción y crecimiento puede que nos obligue a olvidarnos de los músculos de Adama Traoré.

La Cartuja se fue transformando en una Feria de abril en noviembre a medida que los goles (y las ocasiones) iban cayendo como rebujito fresco por el gaznate. Pero como hemos perdido el hábito festivo en este 2020 temimos que la lesión de Ramos nos sentara mal. Y más de uno imaginó una segunda mitad de sobresaltos y remontada, al ver el eje de la zaga formado por Pau Torres y Eric García. Es cierto que Alemania dio poca guerra pero no es menos cierto que a los niños les empiezan a salir los primeros pelos del bigote en partidos como estos. El estirón está más cerca.

Porque el equipo de Luis Enrique está en plena pubertad. Acuérdense ustedes: días eufóricos en los que te quieres comer el mundo, y días de bajón porque la chica que te gusta ni te ha mirado en el instituto. Acné y gallos en la voz. Entre esas dos aguas anda el equipo nacional, en busca de una personalidad fuerte y de unas ideas claras que no le hagan dudar cuando vengan mal dadas. En ese camino el set de hoy es mucho más que una inyección de moral, es el Trust the process de los Philadelphia 76ers, es (o debería serlo) el punto de inflexión de esta generación.

Entre tanto, quizá haya que volver a Sevilla. Quizá sea cierto aquello del color especial. Quizá nunca hubo que abandonar aquella casa que entre 1982 y 1993 tantas alegrías nos dio. Algo de ese embrujo se paseó esta noche por La Cartuja en un partido que parecía un 12-1 en shiquitito. Solo que enfrente estaba Alemania y esta, por muy mal que esté, nunca regala elogios. Pregunten a sus padres o a sus abuelos por los Beckenbauer, Stielike, Müller, Rummeniege, Augenthaler, Klinsmann, Matthäus, Effenberg o Khan, y recitarán algunas de sus noches más negras. Ferran hizo bien en no ponerse su apellido en la camiseta (Torres). Los alemanes no olvidan tan fácil. El escarnio de hoy ya lo pagaremos, está por ver si con Merkel o en el próximo enfrentamiento ante al Bayern.

Hasta entonces vivamos con esperanza. Ojalá al partido de hoy volvamos en el futuro. Como volvemos al gol de Ramos frente a Dinamarca, para señalar el nacimiento del tiki-taka.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here