Uno de los atractivos del fútbol internacional solía ser lo diferente que resultaba del fútbol de clubes, en el que los más poderosos financieramente consiguen crear auténticos all-star, con más talento incluso que las propias selecciones. El fútbol internacional era muy distinto hace un tiempo: las selecciones representaban lo mejor del futbol de cada país y la mayoría de los jugadores militaban en sus propias ligas nacionales. Resultaba más sencillo comparar generaciones de jugadores y estilos de fútbol. 

Hablo en pasado porque las cosas ya no son así.  Ya no vemos una selección ucrania con los mejores jugadores del Dinamo de Kiev y el Dnipro contra una belga con los mejores del Anderlecht, el Brujas y el Lieja. El mundo ha cambiado, se han abierto fronteras y facilitado el desplazamiento de personas. La Ley Bosman ha acabado por otorgar a todos los jugadores de la Unión Europa y un largo grupo de países asociados el pasaporte comunitario, casi una misma nacionalidad futbolística. Y las rutas de acceso a Europa son variadas. Un jugador argentino puede convertirse en español en dos años si se cumplen una serie de requisitos; a partir de ahí se le pueden abrir las puertas de la Premier, la Serie A o la Bundesliga. Y si no tiene el suficiente nivel para las grandes competiciones podrá encontrar acomodo en Austria, Holanda o Bélgica.

Junto a la Ley Bosman, el movimiento de personas hacia Europa ha sido notable desde hace décadas. Empezamos a encontrar jugadores que de forman natural tienen varias selecciones entre las que elegir. Rakitic, internacional croata, jugó en las categorías de la selección suiza, país en el que nació, pero optó por jugar por el país de su familia. Es normal que durante su infancia jugara en las selecciones inferiores del país de residencia, así que no se puede interpretar la decisión de Rakitic como una traición. Simplemente se siente más croata y tomo una decisión personal. Özil tomó la determinación inversa, representando a Alemania en lugar de Turquía.

En algunos casos estas decisiones están basadas en la calidad del jugador o en la proyección de la selección elegida (garantía de una mejor cotización y de una mejor explotación comercial). Granit Xhaka, por ejemplo, prefirió jugar con Suiza antes que con Albania, aunque su hermano juega con el seleccionado albanés. Se llegaron a enfrentar en la Eurocopa de 2016, algo que no es tan inusual como parece. Los hermanos Boateng se encontraron en 2010 en el Alemania-Ghana del Mundial. Los hermanos Pogba también representan a selecciones diferentes (Paul juega para Francia, mientras Florentin y Mathias lo hacen para Guinea). 

La selección francesa es un caso particular, similar al de Alemania: tiene mucho donde elegir, y bastantes futbolistas que podrían jugar en dos selecciones. Ryad Mahrez, el jugador del Manchester City, no fue convocado por Francia y acabó aceptando la llamada de Argelia, país de sus padres, aunque él haya nacido en Francia. De hecho, el seleccionador argelino llegó a decir no hace mucho tiempo que la mayoría de sus jugadores eran casi extraños a las tradiciones argelinas porque en su mayora eran tan franceses como Pogba, Griezmann o Deschamps.

Inglaterra es un caso un poco diferente. La mayoría de los mejores jugadores del Reino Unido acaban jugando con Inglaterra, aunque es casi imposible que no haya jugadores que tengan padres o abuelos de al menos dos de las cuatro nacionalidades. Giggs pudo jugar con Inglaterra y Owen con Gales, por ejemplo. No obstante, Giggs se sintió lo suficientemente galés para jugar con su selección pese a saber que no jugaría un Mundial, algo que sí hubiera hecho con Inglaterra. Hace unos días, Inglaterra se impuso a la República de Irlanda en Wembley con dos jugadores, Declan Rice y Jack Grealish, que habían jugado con Irlanda y más o menos se habían comprometido con los irlandeses. Ambos jugadores, todo hay que decirlo, son nacidos en Inglaterra y han declarado que se sienten de las dos nacionalidades. 

En cualquier caso, Irlanda siempre ha buscado jugadores ingleses que no llegaban a su selección, algunos tan notables como Michael Robinson o John Aldridge, y además hoy en día cuentan con la posibilidad de seleccionar a cualquier jugador norirlandés por los acuerdos establecidos con el Reino Unido: los norirlandeses pueden obtener la nacionalidad de la República cuando quieran. La consecuencia es que Irlanda del Norte cuenta con un número irrisorio de jugadores profesionales para hacer su selección.

Como quiera que el fútbol ha ido creciendo por todos los países y se ha invertido cada vez más dinero, las selecciones de países más grandes y más poderosos han empezado a dejar atrás a las selecciones de estados de menor tamaño. Hablando de Europa, España, Francia, Alemania, Italia o Brasil van a tener siempre mucho donde elegir y van a vivir por delante de la mayoría con mucha frecuencia. Selecciones como Escocia, Hungría, Bosnia, Noruega o Croacia necesitan, además de trabajo de cantera y apoyo financiero para desarrollarlo, un punto de fortuna, una generación de jugadores que les haga sobresalir por encima del resto de esa clase media muy pareja. 

En definitiva, las selecciones son más poderosas cuanto mayor poder financiero y de desarrollo de jugadores tienen, y además cuando pueden darse el lujo de fichar entre aquellos futbolistas de doble nacionalidad. Varias selecciones africanas podrían formar sus onces con jugadores nacidos en Europa; al mismo tiempo, las selecciones europeas pueden darse el lujo de elegir aquellos jugadores hijos de inmigrantes que cuenten con sus pasaportes. De nuevo, el país más poderoso futbolísticamente tiene las mayores posibilidades de fichar al jugador. Adama Traoré juega con España porque finalmente fue convocado. Keita Baldé nunca fue llamado por la absoluta y defiende Senegal. Todo ello es inevitable y a la par perfectamente legal y hasta natural. Es un paso más de la evolución del fútbol. Si no se puede negar la realidad social de un mundo más multicultural, tampoco se puede obviar ya las facilidades económicas y demográficas de cada federación.

Conclusión. El fútbol de selecciones se parece cada vez más al de clubes: los grandes serán cada vez más grandes.

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