Muchas noticias dio el partido y casi ninguna buena para el seguidor culé. En primer lugar, se puede certificar ya que el efecto Q-Man se ha disuelto completamente: 11 puntos de 24, dan una proyección a final de liga de 52 puntos, números con los que no solo peligra la clasificación para la Champions sino hasta para la Europa League. Despidiéndose de la Liga antes de navidades, al más puro estilo madridista de la última década (ni se atrevan a soñar con la Champions porque esa rareza espacio-temporal solo es posible con un pacto diabólico). El peor comienzo de Liga en 30 años. La insistencia del holandés en un doble pegote que no funciona ni al derecho ni al revés ya le está pasando factura. Tampoco ayuda que a De Jong se le esté poniendo cara de Petit. Ni que el club hiciese un trueque Arthur por un bosnio que ya había jugado sus mejores partidos y que venía a quitarle el puesto a Busquets. Sergio puede estar tranquilo hasta que finalice su contrato. Y más allá.

Así pues, sin un medio del campo solvente, volvió el Barça a naufragar ante un equipo con más intensidad y poderío físico. Ya empequeñecieron a los azulgrana el Getafe, el Sevilla y hasta el Madrid de entreguerras. Y si el Dynamo de Kiev si se lo hubiera creído hace dos semanas, en unos días este Barça iba a pelear por no caer en la Europa League.

En el Wanda se jugó siempre a lo que quiso el Atleti y ya sabemos lo que eso significa: que no se iba a jugar mucho. Con dos equipos sin 9 puro se hacía difícil pensar en rememorar aquellas borracheras de goles de los años 90. Sí, es cierto que el Barça merodeaba más el área, pero sus balas de fogueo comenzaban y terminaban en un Dembelé que, o bien se aturullaba o bien amagaba con lesionarse. “Al menos lo intenta”, se consuelan algunos. Eso mismo decían los decaídos aficionados en San Siro cuando depositaron su esperanza en Robinho hace una década. Confiar en Dembelé solo es un paso más hacia la inevitable milanización.

Volviendo al partido, los contraataques rojiblancos, por el contrario, sí que avisaban con fuego real: paradón de Ter Stegen a disparo de Saúl y tiro al larguero de Llorente. Y cuando el partido entró en la fase simeónica de jugar a ver quién se equivoca menos, lo más normal es que el error no lo cometa el bando cholista. Y así fue. Aunque llegó del culé más inesperado: el cancerbero alemán trató de compensar la torpe pérdida de Piqué con una precipitada salida con la que Carrasco sentenciaba el partido. Aunque quedaba toda la segunda parte, hasta el público invisible ya había visto este partido unocerístico mil y una veces.

Por si fuera poco, las malas noticias en clave azulgrana no hacían sino comenzar. La peor de todas es que parece que Messi ya no está. “Cuando dices que te vas, es que ya te has ido”, reza el dicho popular. Y Leo ya dijo que se iba en agosto. Completó, probablemente, el peor partido que se le recuerda en sus 800 partidos de azulgrana. Sin apenas incidencia en el juego, sin actitud, sin alma… apenas dejó dos asistencias que no supieron concretar ni Lenglet primero ni El Hombre Invisible después con su flojo remate de cabeza a las manos de Oblak. Antoine ya ni siquiera es capaz de cumplir la famosa ley del ex, por la que un jugador siempre marca a su antiguo equipo, ley que hasta Julio Salinas consumaba. Habrá quien afirme que no aportó nada ofensivo, pero hay que negar la mayor: es muy ofensivo… que siga siendo titular. Lo cierto es que su pésimo partido no fue una de las malas noticias: ya ni siquiera entra en la categoría de noticia.  

Momento de la lesión de Piqué.

Mala noticia sí fue la preocupante lesión de Piqué. No es que el central estuviera haciendo un buen partido pero para un equipo que anda tan corto de efectivos en ese puesto, su salida entre lágrimas hace saltar todas las alarmas. De confirmarse una grave lesión, con casi 34 años y todo ganado ya, tal vez eso le acerque más al palco que al banquillo. Está a tiempo de presentar su candidatura a la presidencia del club en enero. Visto lo visto, esto sí sería una buena noticia para el club. ¡Ánimo, Piquesident!

Mala también es el regreso de Chutinho: porque al Coutinho que devolvió el Bayern ya se le pasó el efecto de la pócima mágica bávara y vuelve a ser aquel jugador intrascendente al que hubo que buscarle una cesión. Por no intentar, ni siquiera probó alguno de sus disparos lejanos. Y para rematar la aciaga noche, al equipo se le sumó la lesión muscular de Gabri Roberto. Jugar cuatro partidos en diez días sin haber hecho pretemporada hace que, en este caso, no se pueda hablar de mala suerte. Sin Sergi Roberto, ni Busquets ni Piqué, tal vez a Q-Man no le va a quedar más opción que poner a Riqui ENP. ¿Acaso una buena noticia en medio de la penumbra?

Porque se hace difícil encontrar algo de esperanza viendo en los últimos minutos a un equipo entregado, sin un ápice de rebeldía, donde no se escuchaba ni un grito, ni un nada de nada… La actitud corporal de Q-Man en el banquillo no mejora la recordada infausta efigie de Don Honesto. Y así se van conjugando una serie de sucesos que apuntan directamente a temporada histórica… a pesar de venir de un 2-8. Está ocurriendo lo que se veía venir desde hacía un par de años: un equipo plano como el relieve holandés y al que nadie en su sano juicio puede dar como aspirante a nada. Al menos la noche dejó dos buenas noticias y ninguna de ellas fue el empate del Madrid: primero, que el Barça no le ha quitado puntos a un directo rival del Madrid por el título y, segundo, que ya ha jugado con los “huesos” del campeonato. Ahora ya, por fin, le tocarán los rivales de “su” Liga: Osasuna Cádiz y Levante en los próximos tres partidos: vuelve la ilusión.

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