El fútbol (la vida) es un deporte en el que tiene razón quien gana. Y España masacró a Alemania, lo que significa que Luis Enrique tiene pero qué mucha razón. Hasta es posible que acierte en su indumentaria casual festivalera; tal vez sea una argucia para hacerse entender mejor entre la chavalería. A esta hora todo lo que hace el seleccionador nos parece bien, incluida la fustigación periodística o especialmente eso. Aquellos que pensamos que el equipo está verde somos manifiestamente daltónicos. Meter a Alemania seis goles que pudieron ocho (o nueve) es cosa que no ocurre todos los días. De hecho, sólo ha sucedido una vez. El 24 de mayo de 1931, Austria venció por 0-6 a Alemania en un amistoso jugado en el estadio Olímpico de Berlín. Cuatro meses después, los austriacos repitieron goleada en Viena, esta vez 5-0 (hat-trick de Sindelar). Ni qué decir tiene que aquello no sentó bien. En 1938, los nazis invadieron Austria y en el partido de hermanamiento los austriacos volvieron a ganar (2-0). Sindelar, que bailó aquella tarde ante la tribuna, murió en extrañas circunstancias en 1939, pero esa es otra historia. 

En la que nos ocupa conviene reseñar una combinación insólita. La intensidad de España, encomiable, coincidió con la flacidez alemana. Cierto es que la Selección completó su mejor partido post-tiquitaca, pero no es menos cierto que los alemanes se mostraron abúlicos de principio a fin, como si el partido no tuviera la menor importancia, como si no les fueran a llover palos en el Bild. La prueba es que no hicieron una sola corrección ante la avalancha que se les vino encima. Antes de que Morata marcara el primer gol a los 17 minutos, la Selección ya había instalado tiendas de campaña en el área de Neuer. 

Ni la lesión de Canales, en primera instancia, ni luego la de Sergio Ramos, alteraron el panorama. España se comportó en todo momento como un equipo ambicioso, responsable y dinámico. Nunca habíamos visto a Koke sentirse tan importante en la Selección. Ni serlo. Su liderazgo resultó clave, acompañado por el orden que impone y transmite Rodri (ya quisiera Marie Kondo), autor además del segundo gol, hermoso homenaje a Santillana.

Ferrán hizo suya la fiesta (33’, 55’ y 71’) con tres goles que le sitúan en otra dimensión. Tendrá que llegar muy alto —y no se descarta— para que su hat-trick a Alemania no aparezca en el primer párrafo de su biografía. Oyarzábal completó la exhibición con un gol que retrató la abulia alemana: Gayá se metió hasta la cocina sin que nadie le diera el alto. 

España jugará la fase final de la Liga de las Naciones allá por octubre del 2021 (todos vacunados). Es posible que para entonces, y en años venideros, digamos que todo cambió una noche de noviembre, la del set a Alemania, cuando el equipo se creyó todo lo que decían los optimistas.

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