Puedo estar equivocado, mi puntería es inquietante, pero yo no creo que Vinicius sea una estrella. Cuando digo “estrella” me refiero a la categoría de los futbolistas diferenciales, esos que hacen orbitar a los equipos a su alrededor, aquellos de una influencia determinante en el juego o en el marcador. Lo comento después de que el Real Madrid haya ganado su segundo partido consecutivo gracias a un gol de Vinicius, de modo que es fácil que ahora mismo conduzca esquivando coches en dirección contraria, el chico tiene 20 años y tanto el madridismo como los medios conocidos arden en deseos de proclamar un héroe. Lo anterior no significa, de ningún modo, que Vinicius sea un mal futbolista. El chico es un agitador y tiene muchas y variadas virtudes (velocidad, regate, atrevimiento…), aunque la más destacada es el optimismo. Su convicción de que todo saldrá bien es, en ciertos casos, contagiosa. En otras ocasiones resulta desesperante.

Lo del gol será una discusión recurrente. Contra la fe no hay argumentos que valgan y hay quienes desean creer en su evolución goleadora. Es probable que sus goles en los dos últimos partidos les llenen de razón. Es fácil que también hayan reforzado el optimismo de Vinicius y ya sabemos que la autoconfianza te eleva unos centímetros del suelo. En la otra acera estamos los incrédulos, grupo fluctuante. Es cierto que el gol contra el Levante fue notable tirando a sobresaliente. Tanto como que la defensa rival hizo gala de la misma incredulidad y le dejó tirar; en baloncesto lo llaman “flotar” y consiste en no esmerarse en la defensa de un mal tirador, incluso cuando se encuentra solo.

El error en la apreciación es que Vinicius no es un mal tirador, sino un mal rematador. Digamos que le funciona peor la intuición que el cálculo. Si se le da tiempo lo emplea bien, porque el muchacho tiene talento (no es un tuercebotas), quedó claro en su gol. Controló, midió, se colocó y ejecutó. Todo ello mientras la defensa del Levante observaba con atención, como si aquello no fuese posible.

Vayamos ahora a Modric, prueba irrefutable de que mi puntería es inquietante. Cuando fue fichado por el Real Madrid lamenté en un tuit ya eterno que Borja Valero no hubiera sido el elegido. Me lo recuerdan sin misericordia los amables bibliotecarios y documentalistas de la red social. Y, sobra decir, que me lo recuerdan a menudo. Mi cruz (dicho sea con abnegación y gustoso masoquismo) es que Modric ha sido el armazón intelectual del equipo en los últimos años, eso que se suele denominar como “el cerebro”, el jugador que pone música al juego. Y lo sigue haciendo, en la medida que se lo permiten sus 35 años. Contra el Levante, sin ir más lejos. Debo señalar que, a pesar de la condena que arrastro, es un placer disfrutar de su forma de ejercer el noble arte del centrocampismo. La superioridad espiritual del Madrid contra el Levante llevó su firma, borrosa cuando sus pulmones dijeron basta.

Lo de Valverde es otra cosa en el estilo, pero pudiera no serlo en la excelencia. Me parece que, de todos los chicos, es el que está más próximo al estrellato, tal y como lo habíamos definido antes. Sigo pensando que su referente más próximo es Steven Gerrard, aunque sería bueno que corrigiera sus intermitencias postconfinamiento. Frente al Levante dejó un par de conducciones y otros tantos caracoleos en mediocampo de futbolista grande, sin miedo. Le faltan goles y creo que los tiene.

Cuando el Levante pasó de estar muerto y casi enterrado a enemigo contestón (gracias a los cambios) otra figura se elevó por encima del resto: Courtois. Se hace difícil imaginar cómo se le puede hacer un gol. Por alto es una quimera y por bajo una pérdida de tiempo. Sólo cabe el disparo a quemarropa, pero hasta en ese caso el tipo se despliega como un recortable en tres dimensiones. Siempre hay una parte de su cuerpo en condiciones de repeler la pelota, bien que lo sufrió el Levante.

Benzema sentenció en el tiempo añadido para completar lo que no es más que un retrato robot del Real Madrid, sus fortalezas y debilidades: dominador a ratos y sólido casi siempre, muy seguro de sí mismo, con la convicción de los campeones y sin demasiado gol. Que Vinicius marque los goles que escasean debería ser tan inquietante como mis juicios valorativos.

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