Habían pasado apenas 38 minutos desde que el reloj llegó al cero y los Lakers de Los Angeles se coronaron por decimoséptima vez campeones de la NBA. Después del vaivén emocional vino la calma y entonces me percaté de que coincidí —y coincidimos— en el mismo tiempo y espacio de un domingo que quedará para la historia.

Rafael Nadal decidió escribir la primera página del 11 de octubre del 2020, apaleando en su reino de tierra batida a Novak Djokovic, ganando así su vigésimo Grand Slam y reclamando la etiqueta compartida como el tenista más ganador de los cuatro grandes del tenis.

Minutos después, Lewis Hamilton alcanzó las 91 victorias del legendario Michael Schumacher y lo hizo, nada más y nada menos, que en la casa del alemán.

Mientras los motores se enfriaban, en Washington, 691 días y 17 operaciones después, Alex Smith regresó contra pronóstico al emparrillado para dibujar una de las historias de superación y motivación personal más grandes en los 100 años de la NFL.

Y en Disney, para terminar con este domingo mágico, lo ya mencionado: LeBron James encontró que la mejor manera de homenajear a Kobe Bryant era obteniendo un título más de la NBA y siendo el primer jugador en ganar cuatro MVP en finales con tres equipos distintos.

Cuando mi memoria comience a fallar y la tercera edad me encuentre, siempre recordaré que viví en los tiempos del Covid cuando estos monstruos decidieron cambiar todos los paradigmas.

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