Acabo de terminar la autobiografía de Phil Knight, el fundador de Nike, y lo que más me ha sorprendido del libro es que no es una historia de éxito, sino de dificultades constantes. Ni siquiera lo que debería ser un final feliz lo es totalmente. Convertido en un hombre inmensamente rico, Knight afirma que lo daría todo por empezar de nuevo. La analogía estaría servida si en A la Contra vendiéramos calzado deportivo, babuchas o incluso zuecos. Entonces podríamos afirmar que nos encontramos en ese momento en que Knight debió cambiar de plan; tal vez no fuera tan buena idea distribuir zapatillas japonesas por Estados Unidos.

Cuando A la Contra comenzó tal día como hoy de hace tres años lo hizo sin hacer previsión de los riesgos. Aquello fue un fabuloso ejercicio de optimismo, como adentrarse en el océano con un bote de remos. Hoy me veo capaz de hacer un catálogo de monstruos marinos. También de tipos humanos. En este tiempo nos han engañado, nos hemos dejado de engañar, nos hemos reído menos de lo debido y hemos tirado una vez al poste. Es un hecho que no nos hemos sabido aproximar al dinero. Hemos sido jugadores de parchís en una partida de Monopoly. Decía Lopera que él podía ver un billete detrás de un tabique. Nosotros nunca hemos disfrutado de semejante súperpoder.

Con la firme intención de corregir el rumbo, llevamos meses preparando un cambio de modelo que compartiremos pronto y que no altera la esencia del proyecto. En ese proceso de reinvención nos hemos acompañado de marinería experta y generosa que maneja mapas del infinito. Lo de la generosidad no es nuevo. La historia de estos tres años también se podría contar desde la generosidad de los que son y de los que recientemente han dejado de ser, aunque confío en que volvamos a encontrarnos. También de los nuevos. Todavía hay gente dispuesta a pasar frío en nuestra redacción, dicho en sentido literal y figurado. Bastantes veces me alimento de su fe inquebrantable.

Como en cada cumpleaños, toca acordarse de los lectores, que en nuestro caso son compañeros de viaje. Ellos saben o han intuido que la travesía está siendo agitada y, sin embargo, no abandonan. Quiero pensar que sienten el proyecto como suyo. Muchos enviaron sus textos para la sección de Crónicas Caseras que abrimos durante el confinamiento; no pocos escritos desbordaban talento e imaginación, también una pizca de angustia. Dos de aquellos autores todavía nos acompañan y celebro cada artículo que mandan, igual que me emociona la tenacidad del escuadrón de ángeles de la guarda que encontré una noche en un garaje hermético.

Entre nuestros propósitos más inmediatos está preguntar a nuestra comunidad de fieles cómo les gustaría que fuera el futuro. Lo haremos a través de registros voluntarios (obvio) que estrenarán una nueva vía de comunicación. Indagaremos en la visión desde el otro lado con la idea de que todos nos pongamos en la misma orilla. Porque lo estamos.

En un entorno digital que sólo reparte tarta entre las audiencias millonarias (simpáticos bots), nos hemos decidido a poner en valor a las comunidades con cara y ojos, con la intención de dar la palabra a quien levante la mano.

Lo siguiente es encontrar las alas de la diosa Niké, esas que el señor Knight puso en sus zapatillas y no le fue mal. Por cierto, todavía no he mencionado el título de su autobiografía: Nunca te pares.

Bienvenidos, un año más, al club de los optimistas.

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