El último día de mercado ocurrió aquello que Simeone dejó caer en rueda de prensa más de una vez cuando hablaba de las «sorpresas desagradables». Thomas Partey se marcha al Arsenal con la Liga iniciada y siendo pieza clave en el centro del campo del Cholo, con un sustituto procedente del mismo equipo, Lucas Torreira, de un nivel inferior, al menos en cuanto a las funciones que venía realizando el ghanés en el Atlético.

Es una operación que no pilla por sorpresa a nadie, ni en cuanto al interés del Arsenal —llevaba todo el verano intentando rebajar el precio de Thomas y ha esperado al último momento para ejecutar el pago de la cláusula—, ni en cuanto al tira y afloja que tenían la directiva y el futbolista sobre su renovación, rechazada o aparcada, según se quiera interpretar. Económicamente podrá ser una buena operación para las arcas rojiblancas, pero en términos futbolísticos es un error que roza el ridículo por parte del club. 

Dejando a un lado la discusión monetaria entre partes, Thomas se había ganado en el campo el status económico del que gozan otros integrantes de la plantilla. Se había convertido en una pieza indiscutible en el once de Simeone y, a pesar de ciertos partidos grises, eran mayoría los partidos en los que el centrocampista no solo influía en el juego ofensivo, sino que era el encargado de hacer girar el equipo y el único capaz de filtrar pases entre líneas para conectar con los atacantes, virtud de la que no va sobrado el Atlético de Madrid.

La realidad es que a Simeone se le ha colocado una piedra en el camino que no tenía y en su lugar llega un centrocampista que puede destacar en muchas cosas pero una de ellas no es la organización. Lucas Torreira es un jugador made in Cholo, pero su llegada estaba prevista para sustituir a Héctor Herrera, lo que sí habría supuesto una mejora en la calidad de la plantilla. Finalmente el ghanés se marcha y el mexicano sigue.

Conclusión: Koke y Saúl se quedan como organizadores de un centro del campo para el cual uno es el pegamento y otro una herramienta multiusos. Ninguno es Thomas. Y todo ello pese a lo visto en los dos últimos partidos, dos empates sin goles (el último sin tirar a puerta). Si con un Thomas a medio gas ya es difícil generar ocasiones ante rivales cerrados, qué ocurrirá si en vez de añadir picante quitamos sal al plato… 

El Atlético de Madrid acaba el mercado de fichajes con peor plantilla con la que la comenzó la pretemporada. No ha conseguido dar salida a los jugadores que pretendía, pierde a una pieza fundamental en el esquema de Simeone y la afición se queda perpleja tras ver los refuerzos y el camino seguido por Villarreal y Sevilla en su camino hacia las primeras plazas. ¿Mismos objetivos? ¿Menos herramientas? La culpa es de Thomas. Claro.

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