Se han cumplido tres años desde que nació A la Contra y el monumental artículo de Trueba que he leído me ha incitado a escribir este texto, a recordar que en estos tres años yo he sido uno de los que ha escrito y que el día que no pudo ser, porque las cuentas no cuadraban, Trueba me lo explicó, en la época del confinamiento, con una elegancia infinita, realista. Colgué el teléfono orgulloso de que exista gente así, lo dije en casa: él era el primero que entendía que a esas alturas no escribiese gratis, la profesión no se lo merece, sería un nuevo cañonazo a su autoestima, vale más la paciencia, volverán tiempos mejores.  

Conocí a Juanma Trueba de becario en el diario As. Él hizo carrera en el periódico; yo teóricamente no tuve esa suerte. Nunca he tenido con él lo que se pueda considerar una gran amistad. A cambio, la admiración creció con la distancia, a medida que los años potenciaban su firma y su talento. Siempre que escuchaba decir a alguien que era un gran cronista yo me enorgullecía, «a ese tipo lo conozco yo», les decía. Recordaba entonces ese verano tan intenso, esa beca en el As en la redacción de la Cuesta de San Vicente, adonde íbamos en su Ford Fiesta después de tomar notas en la Ciudad Deportiva del Real Madrid. Nos puso de acuerdo el origen cántabro, la afición por aquel ciclismo de antes, la sensación de que un texto mal escrito no valía para nada. 

El tiempo convirtió a Trueba en un personaje. Al menos, esa sensación tenía yo al ver su cara en el As o al leer esas crónicas del Real Madrid en las que él se atrevía a escribir en primera persona. Qué envidia. Hasta me daba por pensar que algún día se convertiría en director del periódico porque ése era el camino que llevaba. Pero lo que no sabía es que la gente también pudiese cansarse de los mejores o que después de tantísimos años, su carrera fuese a acabar en el As como la del profesor Keating en el colegio Welton (El club de los poetas muertos). No lo sabía y era mejor no saberlo. Hay finales que no se merecen. 

Después, nadie vino a buscarle. Parece mentira que desapareciese y esos defensores a ultranza de la literatura deportiva como Valdano, que tanto  adoraban su escritura, no viniesen a buscarle. Cansado de esperar, Trueba me contó que invirtió su dinero en fundar este medio llamado  A la Contra que acaba de cumplir tres años. Nadie dijo que fuese a ser fácil pero tampoco tan difícil. El hombre, que yo adoraba y al que le pasaba las llamadas una secretaría en el As, hoy es un tipo de la clase media en el periodismo que ha amanecido demasiados días entre la espada y la pared: qué difícil es todo.

Pero como ese chaval que conocí en la Cuesta de San Vicente, Trueba aún no se ha dado por vencido. Tampoco renunció al talento. Quizás por eso sigue siendo el cronista más brillante y A la Contra no se ahoga en este océano bello pero peligroso que es la vida. El kilómetro 42 tarda en llegar pero llegará. La paciencia le ha traído hasta aquí. Ahora no puede dejarle tirado. Mientras tanto, muchas felicidades por otro año más, amigo, y, si el futuro es listo, deberá ser un éxito.  

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