Nos preguntábamos qué sería del Madrid sin Ramos y sin Benzema y ya lo sabemos: 0-3 contra el Shakhtar en la peor primera parte que recuerdo, y ya soy un señor mayor. La temeridad de Zidane (el central está renqueante pero el delantero no) fue castigada con la máxima severidad: la imagen del Real Madrid en la primera parte fue bochornosa. Al margen del fútbol, que suele escasear, lo más hiriente fue la falta de actitud, léase orgullo, rabia, pundonor, coraje, vergüenza torera.

Un grupo de futbolistas brasileños que sólo han encontrado acomodo en Ucrania bailó al trece veces campeón de Europa durante 45 minutos, tal y como hizo el Cádiz, pero con más saña, quizá también con más talento.

El Shakhtar jamás se comportó como un equipo pequeño, al contrario. Sacó el balón desde atrás como si tuviera a Guardiola en el banquillo y como si se enfrentara a un rival inferior técnicamente, al que se puede burlar con un par de buenas triangulaciones. Desde que el Ajax vapuleó al Madrid (1-4) en el Bernabéu —marzo de 2019— no se veía nada igual, impotencia semejante. La sensación (terrible) es que se ha avanzado poco desde entonces. También faltó Ramos aquella vez.  

De los titulares no se salva nadie. Lo de Marcelo es conocido y está perfectamente diagnosticado: vejez. Militao no es un jugador a la altura del Madrid y Mendy tampoco. Que el francés haya sido recibido con abrazos e incluso elogios describe el páramo general. Lo mismo vale para Vinicius, que hoy en día no pasa de agitador supervitaminado. Qué decir de Jovic que no sea ofensivo hacia los postes de teléfonos. O de Rodrygo. En ese concurso de brasileños en el que se convirtió el partido, él fue el más discreto de todos. Sea por la propaganda o por una ensoñación colectiva, se ha instalado la creencia de que el Madrid tiene una gran plantilla y no es cierto, al menos a día de hoy. Tiene jugadores que fueron y otros que serán. Los que siguen siendo (excluyo al desaparecido Hazard) se cuentan con los dedos de una mano: Courtois, Ramos, Benzema, tal vez Kroos, quizá Carvajal… El portero fue el único titular contra el Shakhtar.

En la segunda mitad, Zidane dio entrada a Benzema y Vinicius por Jovic y Rodrygo. Mejoró el Madrid porque de seguir profundizando en sus miserias hubiera llegado hasta Australia. Modric acortó distancias y Vinicius puso la remontada a tiro. Pero ahí se agotó la furia, sin que el Shakhtar llegara a sentir miedo. Un gol anulado a Valverde en el tiempo añadido fue el último puñal que se llevó el equipo clavado en la espalda. Pulgas de perro flaco.

Cabe la posibilidad de que el Madrid resurja en el Clásico, claro que sí. Pero sería un oasis en mitad del desierto, como aparecerán otros. El problema es lo que siempre fue solución: Europa. Porque ahí fuera se ha corrido la voz.

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