El Real Madrid 2020/21, a través de su presidente, y con la anuencia de los jugadores, representados por sus capitanes, tomó la decisión de no fichar en la ventana de verano. Lo hizo por pura ética empresarial, ya que teniendo, quizá, mejores posibles que muchos de los clubes que se han gastado hasta lo que no tienen, no es de recibo pagar por jugadores de fuera cuando estás pidiendo a los tuyos que renuncien a parte de sus contratos.

Esta decisión es puramente económica y se da de bruces con lo que debería haber sido la renovación deportiva. El Madrid, que ya tenía déficit de gol y de veteranía en ciertos puestos del equipo, ha puesto los intereses de supervivencia por encima de las necesidades de la plantilla.

Y a mí, como madridista, me enorgullece la decisión.

Pero no bastaba con esto. El Covid ha traído, como efectos colaterales, una pérdida de ingresos que no se cubren únicamente recortando los emolumentos de los jugadores. La falta de público, los recortes televisivos y la caída de ingresos por marketing han abierto un agujero de casi 150 millones sobre los ingresos previstos.

La única manera de arreglar esta situación pasa por desprenderse de parte de los activos que tiene el Madrid, o sea, de algunos de sus jugadores. Vender para tapar agujeros.

Recordemos que estamos en un escenario de prevalencia de lo económico ante lo deportivo, así que el Madrid sacó al mercado a aquellos que pensaba que le resultaría más fácil traspasar. Y esto supuso las ventas de Reguilón, Achraf, Óscar, Borja, De Frutos, Javi Sánchez y James.

Deportivamente, este jamás hubiese sido el plan. Pero resolver la mitad de esos 150 millones, con los traspasos de Reguilón y Achraf, es algo a lo que no podía renunciar el Madrid. Al primero le puso recompra en dos años y al segundo, tanteo. Hizo esto porque después de soportar la obligación, llegará el tiempo de poner las cosas en su sitio.

Podía haber vendido a Hazard, Rodrygo o Vinicius, pero perdiendo dinero. Y sólo le faltaba vender para tener que asumir pérdidas en el balance.

Todos los que ha vendido Florentino llevan un cartel que pone “beneficios netos», que es lo que se necesitaba para equilibrar el presupuesto que se hizo antes del Covid.

¿Tan difícil es esto de entender para los excelsos analistas que no se cansan de escribir algunos artículos que rayan en el absurdo? Pues parece que sí.

Cada jugador tiene unos años de amortización cuando vienen de otros equipos. Estos son parejos a los años de duración del contrato. Por ejemplo, Rodrygo, costó 45 millones. Si firmó para cinco años, la cuenta es fácil, 45/5; eso significa que el club sólo ha amortizado 9 millones del chico. Si lo vuelve a vender por 45, el Madrid sólo ganaría estos 9, porque le quedan 36 por amortizar.

En cambio, el total de lo que ha sacado el Madrid por las ventas de este verano es neto. Y necesario para cubrir esa parte de falta de ingresos.

Vuelvo a insistir, el escenario es el de preponderar lo económico sobre lo deportivo. Insisto en el tema para que nadie lo olvide.

Salidas como las de Bale, o la de Marcelo si hubiese sido posible, ayudan, claro que ayudan, pero sólo para disminuir el coste salarial del año siguiente. Para arreglar lo de este año, Achraf, Reguilón, Óscar y Mayoral.

Y, estas decisiones, también lo repito, a mí me enorgullecen como madridista.

Ahora, que lo baile Zidane.

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