La trayectoria de Javi Pineda (Córdoba, 1971) estuvo marcada por una frase. “Tiene pasta de crack, será de los mejores del mundo”. La pronunció Diego Armando Maradona, que sólo habló así del cordobés y de Mágico González. Sin embargo, Pineda no cumplió el vaticinio del argentino. Bilardo lo subió al primer equipo del Sevilla, pero no tuvo el protagonismo esperado con Luis Aragonés y Víctor Espárrago. Tras dejar el Sevilla, pasó por Extremadura, Rayo y Getafe antes de que su carrera transcurriera por carreteras secundarias. Actualmente, es segundo entrenador de Luis García Tevenet en el Levante B.

—¿Cómo le ha ido la vida después del fútbol?

—Me he dedicado a las cosas en las que invertí, pero siempre he intentado estar vinculado al fútbol. He ayudado a varios clubes durante este tiempo.  

—Usted es ahora el segundo de Tevenet en el filial del Levante. ¿No le apetece empezar su carrera como primer entrenador?

—Me lo planteé, pero cuando Tevenet me llamó para este proyecto tan ilusionante dejé de pensar en ello. Ahora quiero seguir aprendiendo porque nos creemos que, por haber sido futbolistas, ya somos entrenadores. Y no es así. Es cierto que tenemos alguna ventaja porque sabemos qué es un vestuario. Actualmente sigo aprendiendo porque en Córdoba entrené a equipos de Tercera, juveniles… Sin embargo, cuando he pasado a equipos más profesionales he comprobado que no hay comparación. Este es el tercer año que llevo junto a Tevenet y quiero ser el mejor segundo para él.

“La ventaja que tienen los que han jugado es haber estado en un vestuario”

—¿Es necesario haber sido futbolista para ser entrenador?

—Los que hemos jugado tenemos una ventaja importante frente a los que no han jugado. A nivel académico, los que han estudiado tienen ventaja porque hay cuestiones muy técnicas. Las nuevas tecnologías han provocado que tengamos que estar siempre pendientes del fútbol porque en caso contrario nos quedamos atrás. La ventaja que tienen los que han jugado es haber estado en un vestuario. El segundo entrenador es importante para el primero porque sabe cómo piensan los jugadores, lo que necesitan… Tuve un entrenador que decía que los jugadores somos como los perros: llegamos, nos olemos y nos conocemos todos. Yo sé cómo son los jugadores y afortunadamente no son como los de mi época. Ahora los chavales estudian y tienen nivel académico.

—¿Usted dejó los estudios cuando llegó a la élite?

—Mi época era difícil, pero no quiero justificarme. Yo llegué a Sevilla con 16 años y viví con ocho chavales más en un piso en Ciudad Jardín. Eso es una locura. Afortunadamente las residencias de ahora son hoteles: hay profesores particulares, te exigen progresar académicamente… Yo estudié una FP de Auxiliar Administrativo, pero cuando llegué a Sevilla no estudié más. Nos daban las llaves y no teníamos que darle explicaciones a nadie. Afortunadamente, eso no existe ahora.

—¿El segundo entrenador es el poli bueno y el primero es el poli malo?

—Sí, porque el primero es el que lleva la voz cantante y el que exige más a los jugadores. Los futbolistas somos muy quisquillosos y no solemos recibir bien el mensaje. Mi labor es buena porque soy extrovertido y causo buen ambiente en los grupos para trabajar a gusto. Yo sé quién está a gusto y a disgusto e intento darles su sitio a todos.

«Los jugadores han perdido mucha visión de juego porque pasan demasiadas horas prestando atención a una pantalla»

—Usted era un gran regateador. ¿A qué achaca la ausencia de regates en el fútbol actual?

—En nuestra época estábamos todo el día en la calle. Tengo tres hijos, que juegan al fútbol y me consumen cuando los veo con el móvil, la tablet, el ordenador… Yo no estaba en casa, tenía que venir mi padre a buscarme a la calle. Los jugadores actuales han perdido mucha visión de juego porque pasan demasiadas horas prestando atención a una pantalla. Eso provoca que el rendimiento no sea mayor.

—¿Cuándo se sabe si un chaval será una estrella?

—Eso no se sabe. Hay jugadores que destacan, pero a veces llega el que menos te esperas. En el fútbol base hay futbolistas que te llaman la atención pero que luego son los más intermitentes. Lo más importante es la constancia.

-—Si un jugador no ha roto a los 20 años, ¿hay que seguir esperándolo?

—Actualmente todavía tienen sus opciones. Es bueno que haya un equipo intermedio entre el juvenil y el filial, que normalmente compite en Tercera. Algunos equipos como el Sevilla y el Villarreal lo tienen. El salto del juvenil a Segunda B es muy grande y los chicos no están preparados.

“A mí me perjudicó la llegada de Luis Aragonés porque con Bilardo hubiera jugado más”

—Usted coincidió con Maradona en el Sevilla. El argentino dijo “Pineda tiene pasta de crack”. ¿Aquello jugó en su contra?

—No, porque no era un chaval que me lo tuviese creído. Yo echo de menos no haber tenido la metodología que existe ahora. Actualmente, los chavales y los entrenadores están muy preparados. Yo salí del juvenil, apenas pasé por el Sevilla Atlético y ya estaba en Primera. Tenía mucha personalidad y no me sentía presionado por jugar en la élite. A mí me perjudicó la llegada de Luis Aragonés. Si Bilardo hubiera renovado, quizá hubiera jugado más. Luis vino con otro concepto, pero yo no dejé de entrenar. Él se trajo a ocho o nueve jugadores que ya estaban contrastados en Primera y tuve pocas oportunidades. Lo que siempre defiendo es que estaba preparado cuando me tocaba jugar.

Arriba, Diego Rodríguez, Unzué, Del Campo, Monchu, Martagón y Maradona. Abajo, Simeone, Rafa Paz, Andrade, Pineda y Cortijo.

—¿Por qué no tuvo el protagonismo esperado con Luis Aragonés?

—Él quería un mediocentro de corte defensivo, como Marcos Martín. Y no le daba tanta importancia a la elaboración, a la circulación de balón. Simeone y Marcos le servían porque tenían más garra. No me explico el poco protagonismo que tuve.

—¿Cómo era Maradona en la distancia corta?

—Diego era un encanto, un compañero brutal. Todos los conocen por lo que hizo dentro y fuera del terreno de juego. Él trataba a todos igual. De hecho, pensábamos que sólo se rodearía de los veteranos, pero nos tenía mucha estima a los jóvenes. Yo lo sustituí en un encuentro frente al Burgos —Maradona se enfadó y tiró el brazalete— y no me dio la mano. Él tuvo la grandeza de pedirme disculpas delante de todos al día siguiente.

Enfado de Maradona tras ser sustituido frente al Burgos.

—¿Alguna anécdota?

—Hubo una falta al borde del área y le pregunté si la tiraba él o la tiraba yo. Me miró y rápidamente le dije: “No he dicho nada…”. Recuerdo que otra vez estuvimos en el hotel Andalusí Park concentrados y comimos espaguetis. Yo los cortaba muchísimo y él me dijo que si me vieran hacer eso en Italia me mataban. Tengo muchísimos recuerdos de esa maravillosa etapa. Sinceramente, no creo que me perjudicara que dijera cosas buenas de mí, todo lo contrario.

—¿Fue mejor que Messi?

—Sí. A ver. Los dos han sido los mejores en sus épocas, pero hay que tener en cuenta que Messi ha jugado con Xavi, Iniesta… en unos estadios con un césped perfecto y sin la violencia que había en el fútbol cuando jugó Maradona. Diego se fue al Nápoles y era un equipo como el Albacete, con todos los respetos para el Albacete. Y lo hizo campeón. Con Argentina, Maradona hizo más. No veo a Messi aguantando aquellas patadas, jugando en esos terrenos de juego o con compañeros inferiores a los Busquets, Piqué, Xavi…

«Maradona me preguntaba algunas veces cómo se hacían ciertos trucos que él desconocía»

—Antes de los entrenamientos, Maradona le daba toques a naranjas, medias, chapas… y usted lo retaba…

—Algunas veces me preguntaba cómo se hacían ciertos trucos que él desconocía. Le enseñé cómo lanzar la pelota y pasar el pie por encima antes de que caiga en el pie de apoyo. Él no lo había hecho nunca y se lo enseñé en la sala de calentamiento antes de ir al Bernabéu cuando estaba con Marcos. Hizo 14 o 15 seguidas sin que cayese y no lo había hecho nunca.

El segundo de los trucos es el que Pineda le enseñó a Maradona.

«Bilardo nos dejó ir a la Feria dos días. El día que regresamos a entrenar, nos dijo que podíamos ir de nuevo»

—Bilardo fue quien le subió al primer equipo ese año. ¿Cómo lo recuerda?

—Era un tipo adelantado a su tiempo, motivador e inteligente. Hacía cosas que no hacían los demás. Se inventó tipos de entrenamiento como el famoso carrusel: los jugadores entrenábamos a distintas horas. Era muy listo porque sabía mantener al grupo alegre y unido. Cuando llegó la Feria, nos reunió y nos dijo que se había enterado de lo que suponía para la ciudad. ¡Y nos dio dos días de descanso para ir a la Feria! Teníamos que volver a entrenar un jueves y llegamos todos muy cansados. Nos preguntó cómo lo habíamos pasado y nos dejó salir también el jueves. Con esos detalles se ganó al grupo.

—¿Por qué no continuó Bilardo?

—Jugamos el último partido de aquel año ante el Sporting y ganamos 1-3. Durante gran parte de la tarde estuvimos clasificados para la UEFA. Sin embargo, el Atlético de Madrid, que iba perdiendo 0-2 frente al Zaragoza, acabó empatando y se clasificaron ellos. Toda la plantilla viajó a aquel partido porque era el último de la temporada. Tras el encuentro, le pedimos en una habitación del hotel que renovara. Nos dijo que no sabía, que se lo pensaría y al final se fue. Nunca nos enteramos de por qué se marchó. Con Maradona hicimos lo mismo aquel día, lo llamamos todos desde la habitación pidiéndole que se quedase. Los veteranos daban por hecho que Diego seguiría si se quedaba Bilardo.

—Bilardo dirigió al Sevilla de nuevo en la temporada 97/98…

—Él volvió a Sevilla porque lo convenció José María García en una entrevista. Cuando llegó preguntó por mí y por varios jugadores. Sólo estuvo tres partidos porque vio que el equipo no competía por lo mismo que en su primera etapa. De hecho, él dijo “ciao, ciao” y se fue. Sin cobrar un duro.

—¿Fue un fiasco no entrar en UEFA aquel año?

—Fue un fiasco por cómo se dio el no entrar. La temporada se salvó con creces, creo que fue muy meritoria.

«No veo a Simeone en el Madrid, exigiéndole a los jugadores»

—En aquel equipo también estaba Simeone. ¿Ya se le veían maneras de entrenador?

—Era muy competitivo. No lo veía como un futuro entrenador, pero él se esforzaba al máximo en los entrenamientos y en los partidos. Como ahora hace su equipo. Él te contagiaba y te transmitía muchísimo. Al Atlético de Madrid le ha dado su impronta. Ahora le están achacando que juega mal, pero el Atleti es el sitio ideal para él. No veo a Simeone en el Madrid, exigiéndole a los jugadores. Está donde tiene que estar.

—¿El Atlético de Madrid de Simeone juega mal al fútbol?

—No juega mal, son respetables todas las ideas. A mí me gusta más el fútbol elaborado, pero todas las formas de jugar son válidas. La prensa le achaca mucho que no juegue a otra cosa con los jugadores que tiene. Sin embargo, el éxito de estos años en el Atlético de Madrid no se lo quita nadie.

—Luis Aragonés dijo que del subcampeón no se acuerda nadie. Y Bilardo que lo único que vale en la vida es ser el primero porque nadie sabe quién pisó América después de Colón. ¿Qué parecidos tenían?

—Eran dos entrenadores muy motivadores. Más que buenos entrenadores eran buenos gestores de grupo. Gestionar bien el grupo equivale a tener un porcentaje elevado de éxito. Es importante tener a toda la plantilla contenta y motivada. Esa es la labor más importante de un entrenador.

—Usted también coincidió con Monchi…

—Llegué con 16 años a Sevilla y Monchi ya estaba allí. Ha sido y es cariñoso y divertido. Era muy buen compañero y estudiante. Recuerdo que estudiaba Derecho y que tenía la cabeza muy bien organizada. Le dieron la oportunidad en la dirección deportiva porque estaba preparado para ello. Y así lo ha demostrado.

—Tras dejar el Sevilla, fichó por el Extremadura. Usted dijo que fue el sitio en el que más cómodo se sintió…

—Salí frustrado de mi etapa en el Sevilla por no haber tenido el protagonismo esperando. Cuando llegué a Extremadura me quería morir. Estuve diez años en Sevilla, una ciudad maravillosa y espléndida. Y llegué a Almendralejo, un pueblo lleno de melones y tractores. Pues es uno de los sitios donde más a gusto he estado por cómo me trataron y valoraron. Aquel grupo era una familia: estaban Ito, Juanito, Quique Esteberanz… Daba gusto madrugar e ir a entrenar.

«El regate a De la Peña nos lo enseñó Losada a Cortijo y a mí»

—Todavía se acuerdan en Extremadura de su regate a De la Peña. ¿Cómo recuerda aquello?

—Es verdad que me recuerdan por aquella jugada. Muchos de mis jugadores me dicen que han visto el vídeo. Intentan hacerlo, pero no les sale. Fue una acción que demostró mi personalidad: me daba igual jugar con el Madrid, el Barça o cualquier otro equipo. Son cosas que las he hecho donde he jugado. Ese regate me lo enseñó Losada porque me contó que tenía un amigo en el Castilla que hacía ese regate. Nos lo enseñó a mí y a Cortijo. La diferencia está en atreverse a hacerlo en un partido.

Regate de Pineda a De la Peña en el Extremadura 1-3 Barcelona de la temporada 96/97.

—Después de aquella etapa en Extremadura, usted pasó por Rayo y Getafe. Y años después se retiró en Segunda B. ¿Por qué no volvió a la élite?

—Fue una pena y aún me lo pregunto. Creí mucho en las personas y debí ser más desconfiado. Fiché por el Rayo en 1997 y el primer año jugué poco. Hubo un vestuario complicado con gente como Onésimo, Alcázar… No hubo buena sintonía. En cambio, el segundo año fue todo lo contrario. Llegó Juande Ramos y limpió el vestuario. El equipo se ilusionó y ascendimos. Yo jugué muchos partidos y me volví a sentir importante. Al final de temporada, Teresa Rivero me dijo que quería que renovara, pero que cobraba mucho. Sin embargo, acordamos que estaría más años para prorratear el importe. Yo estaba sonando para el Sevilla y Las Palmas y hablé con el míster para ver qué pasaría. Él me dijo que estuviese tranquilo, que si él renovaba yo me quedaba. Me llevaba muy bien con él y le pedí que sugiriera mi incorporación allá donde fuera, si es que se marchaba del Rayo. Él me dijo que contara con ello. Estaba muy convencido de la palabra del entrenador y de la directiva. Me fui de vacaciones y cuando pregunté para la renovación me dijeron que no contaban conmigo. No llamé para pedir explicaciones porque soy así, pero tendría que haberlo hecho. Hasta el último día no llegó la oferta del Getafe, después de haber jugado todo el año en el Rayo. El fútbol fue muy injusto.

—¿Qué tal en el Getafe?

—En el Getafe lo pasé fatal porque yo veía a mis excompañeros en Primera: Lopetegui, Míchel, Pablo Sanz, Cembranos… No quería saber nada de fútbol. Mi primer año en el Getafe fue bueno y logramos la permanencia. El año siguiente hubo cambio de directiva. El director deportivo saliente me quería renovar, pero se marchó y no continué.

—¿Pensó en dejar el fútbol en el Getafe?

—No. Tras aquella temporada, me iba a marchar a Estados Unidos. Tenía los billetes sacados, pero lo paré todo. Finalmente acabé parado y estuve entrenando en Albacete seis meses para no perder la forma gracias a mi amistad con Alberto Toril. Entrené hasta diciembre y daban por hecho que firmaría allí. Sin embargo, el entrenador habló conmigo y me dijo que había muchos jugadores en mi posición. Yo le agradecí que me hubiera dejado entrenar allí y le dije que no tenía que darme explicaciones. Iba a firmar por un equipo catalán, el Gramanet. Eso fue en enero. Viajé desde Albacete a Barcelona y regresé a Madrid en el mismo día porque el Getafe me llamó justo antes de firmar en el conjunto catalán. Y jugué allí la segunda vuelta de esa temporada, la temporada 2000/01. No sé por qué volví a fichar por el Getafe porque descendimos y el equipo era una ruina.

—¿Hace mucho de su último autógrafo?

­—Fuimos a jugar frente al Cornellá y había dos chicas con dos carpetas. Me sorprendió muchísimo. Me enseñaron fotos de mi época en el Rayo, Sevilla y Extremadura. Imagina…

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