Pepe Mejías (Cádiz, 1959) es un icono del Cádiz Club de Fútbol, equipo en el que jugó en dos etapas (1777-86/1990-92). En 1986 fichó por el Zaragoza y se llevó con él un pedazo de Cádiz: en el vestuario, mientras se duchaba, cantaba chirigotas carnavaleras. Tras el Zaragoza, pasó por un Murcia «lleno de estrellas» y recaló en el Rayo antes de regresar a casa. Actualmente, es embajador del Cádiz.

—¿A qué se dedica ahora un mito del cadismo como Pepe Mejías?

—Soy embajador del Cádiz, aunque ahora estoy más aislado por la pandemia. Mi misión es ser la imagen del club donde me lo soliciten: ayuntamiento, palcos, peñas…

—El Cádiz ha ganado por primera vez a domicilio al Madrid. ¿Cómo recuerda sus enfrentamientos frente a los blancos? ¿Había rivalidad o buen rollo?

—He tenido la suerte de jugar frente al Madrid con el Zaragoza, el Murcia, el Cádiz y el Rayo. Siempre tenía ganas de jugar esos partidos… y de evitar las goleadas. Antes se vivía de manera diferente. Ahora los equipos están más trabajados para pelear frente a los grandes.

—El Cádiz no había ganado a domicilio al Madrid ni con Mágico…

—El Cádiz tuvo muchas ocasiones el sábado, pero los que hemos jugado estos partidos sabemos que, si perdonas demasiado, lo acabas pagando. Por suerte no fue así. El Madrid estaba impotente porque no sabía cómo atacar al Cádiz.

—¿Se jugaba antes mejor al fútbol?

—Son estilos diferentes. He tenido la suerte de jugar en tres décadas: los 70, los 80 y los 90. Las formas de jugar han evolucionado: el 4-3-3, el 4-2-4… Particularmente, no me importaba el esquema porque mi estilo de juego era muy ofensivo y encajé en todas las formaciones.

“Mágico y yo encajaríamos en cualquier equipo”

Mágico y Pepe Mejías.

—¿Tendrían Mágico y usted sitio en un fútbol tan físico como el actual?

-Sí, porque en el fútbol actual hay mucha posesión de balón. Los jugadores determinantes encajan en cualquier estilo y con cualquier entrenador. En los estilos de juego actuales están muy valorados los regateadores y los jugadores que dan el último pase. Encajaríamos en cualquier equipo.

—¿Cómo era Mágico en la distancia corta? ¿Tan excéntrico como dicen?

—Era un chaval con muchísima personalidad y muy buena persona. Y lo sigue siendo. Su forma de actuar sigue siendo la misma. O incluso peor… Todas las personas tenemos nuestros momentos y cuando se es joven aún más.

David Vidal y Juan José nos dijeron que Mágico fue mejor que Maradona. ¿Usted también lo cree?

—He visto a Cruyff, Maradona… y Mágico es uno de los jugadores más completos que he visto. Era muy técnico y veloz, y manejaba por igual ambas piernas. La gente le achaca muchas cosas, pero no se perdía ningún partido por lesión. Era muy completo. También tenía remate de cabeza, aunque no tanto como Santillana.

“La Ley Bosman perjudicó mucho al fútbol de cantera y amateur”

—De su hornada de canteranos salieron jugadores como Juan José, Juanito Macías… ¿Por qué no salen jugadores ahora? ¿Qué se hacía antes bien y ahora se hace mal?

—Esto ha cambiado mucho. Antes en Primera había 22 futbolistas españoles porque sólo se permitían tres extranjeros. Normalmente había muchos jugadores procedentes de la cantera. Ahí es donde está el dilema. La Ley Bosman perjudicó mucho al fútbol de cantera y amateur, que era el que surtía a los equipos de Primera y Segunda.

Hugo Vaca me dijo que Fernando Carvallo es el mejor extranjero del Cádiz después de Mágico. Usted coincidió con él en sus comienzos en el Cádiz…

—Desde juveniles participé en los partidillos de los juveniles y veíamos los partidos de aquel Cádiz. Carvallo no tenía potencia, pero era un jugador muy técnico, con un toque exquisito de balón. Las jugadas de estrategia con él eran medio gol. A Paco Baena lo asistió en numeras ocasiones.

—Usted también coincidió con Canito, un jugador capaz de aplaudir un gol del rival. ¿Cómo lo recuerda?

—Canito fue compañero mío en el Cádiz en la temporada 77-78. Como persona era exquisito y como futbolista también. Le perdía un poco su forma de ser porque era bohemio y no le daba importancia a las cosas. Sin embargo, en el campo se transformaba. Era un gran futbolista.

—Una personalidad semejante a la de Mágico…

—Eran diferentes. En la época de Jorge había muchos jóvenes y éramos muchos canteranos. No éramos profesionales natos porque cobrábamos poco, pero trabajábamos con mucha ilusión por unos colores. Canito hizo la mili en Cádiz, pero le dio tiempo a reunirse con otros jugadores como Mágico. Y hubo noches en las que salieron… Lo normal en la gente joven.

Theo Vargas me contó que para triunfar en el Cádiz no hace falta ser bohemio, pero ayuda…

—Somos muy alegres y muchas veces se confunde a la persona alegre con la persona desfasada. Y una cosa no tiene que ver con la otra. Cuando jugué en el Zaragoza solía cantar chirigotas en la ducha… Me gustaba tocar la guitarra y cantaba mis coplas de carnaval. Los andaluces tenemos un carácter risueño y es respetable.

“Tras ganar al Madrid cantaron un pasodoble. Nosotros éramos la mayoría de Cádiz y cantábamos mucho mejor”

—Ha hablado del carnaval. ¿No pensaron en sacar una chirigota?

—Un año hubo un acto benéfico en Sevilla y actuamos muchos jugadores de toda Andalucía. Gordillo bailó una sevillana, Dieguito, el de la Margara, actuó con el conjunto flamenco que tenía en Jerez y nosotros montamos una chirigota. Todos actuamos en el Lope de Vega. Nosotros llevábamos los casetes en el autobús. El otro día cantaron el pasodoble del Cádiz (de 1998) después de ganarle al Madrid. En nuestra época había otros pasodobles. La diferencia es que nosotros éramos la mayoría de Cádiz y cantábamos mucho mejor…

Los jugadores del Cádiz celebran el triunfo frente al Madrid (0-1) cantando el pasodoble de Manolo Santander.

—Vargas también me asegiró que usted ha sido el mejor centrocampista de la historia del Cádiz…

—Son opiniones y hay mucha gente en Cádiz que dice lo mismo. Me siento halagado porque jugué muchos años y marqué muchos goles, a pesar de no ser delantero. Es una opinión generalizada y me siento feliz porque di una buena imagen con mi fútbol.

—Usted mantenía una buena relación con Michael Robinson. ¿Por qué era tan querido en Cádiz?

—Por su carácter, era muy risueño. Me enfrenté a él en su época de jugador y ya en esa época le gustaba mucho Cádiz. Siempre que estaba por aquí hablábamos bastante. A él le encantaba la ciudad y a nosotros él por su formada de ser. Era muy nuestro.

“La picardía, la maldad… se notaba más en los jugadores de antaño”

—Usted es recordado por manejar bien ambas piernas. ¿El futbolista técnico nace o se hace?

—Nace. Es algo innato en el futbolista de la calle, que juega con una piedra, un papel… Jorge cogía cualquier objeto y le daba patadas. Técnicamente, somos jugadores de la calle. Sin embargo, hoy se trabaja mucho en las escuelas. Los zurdos no usaban antes la pierna derecha para nada, la tenían para apoyar. La picardía, la maldad… se notaba más en los jugadores de antaño. En cambio, los futbolistas actuales son más profesionales.

—¿Que los niños jueguen menos en la calle es bueno o malo para el fútbol?

—Los críos están todo el día encerrados con las consolas y los teléfonos y se agradece que haya tantas escuelas de fútbol. También los ayuntamientos están abriendo muchas instalaciones. En Cádiz creo que hay 17.000 fichas. Después no llega casi ninguno a la élite, pero al menos tienen una larga vida deportiva.

—La temporada 82/83, con Misolevic como entrenador, usted marcó 15 goles en Segunda, uno más que Mágico. Tenía 23 años. ¿No se interesó ningún primera por usted?

—Se interesaban todos los años, pero mi fichaje era inviable para los clubes. Yo tenía un contrato muy pobre en el Cádiz, gané un millón de pesetas hasta que me fui al Zaragoza. Sin embargo, al año siguiente llegaron Vilches y Padilla y les pagaban 14 millones de pesetas a cada uno. Al Cádiz no le interesó nunca escuchar ofertas por mí. Además, en aquella época existía el derecho de retención, los derechos de formación y promoción… A los clubes interesados el Cádiz le decía que realizaran una oferta. Pero no lo hacían porque tenían que pagar los derechos de formación y promoción y el fichaje podía ascender a 70 millones de pesetas. Eso echaba para atrás a los equipos.

El Zaragoza

—En 1986 usted fichó por el Zaragoza. ¿Le costó adaptarse al cambio de ciudad?

—Es muy cierto lo de la nobleza baturra. Me encontré una ciudad en la que vivían 40.000 andaluces y muchos en mi barrio. Mi mujer y mi hijo se adaptaron enseguida. Con los compañeros tuve una magnífica relación. Normalmente, los problemas suelen surgir por la integración familiar, pero no la del futbolista. En este caso no fue así. Mi fútbol gustó y estuve muy contento. Fiché por el Zaragoza para jugar la Recopa, ya que llevaba nueve años en el Cádiz y siempre competíamos por no descender o por subir. Me hubiera quedado en Zaragoza de por mi vida.

—¿Hacían piña los andaluces en Zaragoza?

—Sí. Además, el año que llegué hicieron la primera Feria de Sevilla en la ciudad. Me sentí a gusto porque había dos o tres casas andaluzas donde había mucho baile y mucho cante. Hice mucha amistad con los andaluces de Zaragoza. También con los matrimonios de mis compañeros.

—En el Zaragoza coincidió con Rijkaard, que alternó partidos geniales con algunos en los que pasó inadvertido…

—Rijkaard vino para coger la forma porque quería jugar la Eurocopa de 1988. Llegó mal físicamente. Era muy buena persona, muy bonachón. Cuando entrenó al Barcelona, vino una pretemporada a Jerez y fui a visitarlo. Se acordaba perfectamente de mí y hablaba muy bien español. El entrenador le buscó una ubicación que no era la suya y lo colocó en la mediapunta. Rijkaard no encajó con esa forma de jugar.

—¿Le sorprendió que se hiciera entrenador?

-No, igual que yo. Después unos tienen más carácter y otros, como yo, preferimos trabajar en la cantera… Me saqué el título de entrenador junto a Paco Jémez, Luis Enrique y Guardiola… Pero yo no quería ser entrenador de equipos profesionales, prefiero la cantera.

—En el Zaragoza también coincidió con Pardeza. Se dice que en categorías inferiores era el mejor de La Quinta, pero no tuvo su sitio en el Madrid…

—Miguel era una persona que se transformaba dentro del campo. Era un gran regateador, aguantaba bien el balón y tenía gol. Sin embargo, era el más pequeñito de La Quinta y eso no encaja en el Madrid. Como futbolista demostró ser uno de los pilares del Zaragoza, como Juan Señor.

—En el 1988 usted fichó por el Murcia, donde coincidió con el Tata Brown, que jugó la final del Mundial de 1986 con el hombro dislocado. En aquella época todos los equipos tenían una estrella…

—En el Murcia de aquel año había bastantes estrellas: Clos, Manolo, Giunta, Amador… Era una plantilla exquisita. Estaba también Pepe Costa, que hoy es la mano derecha de Messi. El Tata era una persona estupenda, fue una pena que falleciera. Hablar del Tata es imprescindible, igual que de Hugo Maradona con el que coincidí en el Rayo.

—¿Tenía Hugo Maradona algo de su hermano?

—La sangre (risas). Él era diestro y muy regateador. Físicamente se parecía mucho a su hermano y como persona era igual que Diego. Era buen futbolista, pero no como su hermano.

Mejías, el primero en el centro, junto a Mágico y otros jugadores del Cádiz.

Durante su carrera tuvo entrenadores de todos los colores, ¿con cuál se sintió más a gusto?

—Me sentí muy a gusto con Misolevic, pero estuve con grandes profesionales. Los que más me enseñaron fueron Benito Joanet y Paquito en el Cádiz. Felines me enseñó mucho cuando estuve en el Rayo, aunque él sólo pemaneció media temporada. Eran entrenadores que transmitían confianza dentro del campo.

—¿Y David Vidal? Lo entrevisté hace poco y lo encontré en plena forma…

—No cambia. Está muy bien para la edad que tiene. Ahora está entrenando y está feliz, porque se llevó varios años sin entrenar y anduvo desanimado.

—¿Qué opinión le merece Álvaro Cervera?

—Es de los pocos entrenadores que transmite, al menos, ideas. En el fútbol actual lo que hace falta es tener las ideas muy claras. Desde que llegó se ha identificado con la ciudad, con el presidente, los secretarios técnicos… La idea que ha transmitido es la más idónea para un club como el Cádiz. Es un gran entrenador y lo está demostrando.

—¿Por qué cae tan bien el Cádiz?

—Hemos sido siempre un equipo luchador, simpático… En mi época terminábamos cantando chirigotas en los programas de García y De la Morena. Dábamos buenas sensaciones en todos los campos. Éramos un equipo que daba la cara y nunca se echaba atrás. Haber dado siempre el máximo ha sido importante para que el Cádiz sea querido.

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