Antonio Martínez Laredo (Burgos, 1935) fue presidente del Burgos Club de Fútbol (1973-1978) y del Real Burgos (1989-1992). Los equipos de la ciudad han estado en nueve ocasiones en Primera y en seis de ellas él era el máximo responsable. Aquellos padrenuestros y misas antes de los partidos quizá tuvieran que ver. En dos ocasiones amagó con ser candidato a la presidencia del Real Madrid, tras la muerte de Bernabéu en 1978 y tras la salida de Florentino Pérez en 2006. Actualmente, sigue trabajando en su despacho de la calle Orense de Madrid y no tiene fecha de jubilación.

—Se cumplen 30 años del ascenso del Burgos a Primera. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que lo veamos de nuevo en la élite?

—El fútbol es muy difícil, yo tuve muchísima suerte. Antes, el fútbol era otra cosa y había muchísima disciplina. Es muy difícil que veamos al Burgos en la élite porque la Segunda División se ha complicado muchísimo. Si yo fuera presidente del equipo, lo llevaría a Primera en dos años. Aunque no sé si me aguantarían los jugadores…

—¿Cuál sería la receta para volver a Primera?

—Seriedad, trabajo, honradez y cumplir con lo apalabrado. Durante mi mandato, el estadio se llenaba en las presentaciones de cada temporada. A los jugadores les decía que estaban en un club serio y que íbamos a cumplir con todas las obligaciones firmadas. Y les pedía lo mismo, porque así nos íbamos a llevar de maravilla. En caso contrario, yo era muy intransigente. Cuando coincido con directivos actuales del Real Madrid me dicen que las cosas han cambiado mucho, pero no debería ser así. Por ejemplo, yo no habría ido a la boda de Ronaldo con él en mi avión. Les das el pie y te cogen el cuerpo entero. Cuando un jugador quiere ver a un presidente, nunca es para darle nada.

—¿Por qué el Burgos se mantuvo tan poco tiempo en el fútbol profesional? Villarreal tiene sólo 50.000 habitantes y pelea siempre por entrar en Europa…

—El Villarreal tiene una potencia económica por detrás importante. Yo trabajé mucho por el Burgos, porque para mí el equipo jugaba siempre fuera de casa; piense que yo vivía, y vivo, en Madrid. El Burgos tenía un presupuesto que era difícil de cubrir. Yo tenía un dinero puesto en el club que cobré cuando los equipos se convirtieron en sociedades anónimas. Además, tenía una plantilla cuyo valor era de 1.000 millones de pesetas. Eso sí, yo nunca me he metido en una alineación.

—Usted vendió a Juanito al Madrid en 1977. ¿Imaginaba que se convertiría en un emblema del madridismo?

—Con Juanito fui muy estricto, y eso que mi mujer y yo somos los padrinos del primer hijo que tuvo en Burgos. A sus padres yo les tenía mucho cariño. Recuerdo que al salir del chiringuito de su familia en Fuengirola, el padre me pidió que lo tratara como a un hijo y lo hice: fui durísimo con él. Gracias a eso, fue jugador de fútbol y fichó por el Madrid.

—¿Cómo fueron aquellas negociaciones?

—Cuando el Madrid se interesó por Juanito, yo estaba en Ribadesella porque mi suegro había fallecido. La mejor corona de flores que tuvo fue la del Real Madrid. Me llamó Antonio Calderón para saber cuándo volvía y le contesté que llegaría tarde. Aun así, me dijo que me esperarían en las oficinas del club para firmar el fichaje porque habían leído en la prensa que el traspaso estaba hecho con el Barcelona. No era cierto porque yo era el que tenía que firmarlo y no había rubricado nada. Llegué por la noche y prácticamente hicimos el contrato en una servilleta. Al día siguiente, me llamó el tesorero y me dijo que no tenían dinero. Para mí no había ningún problema: rompíamos el contrato y lo traspasábamos a otro equipo. Finalmente, un banco avaló el traspaso. Yo necesitaba ese dinero porque quería recuperar la cantidad que puse en el Burgos para que el club no me debiera nada.

«A un club de fútbol nunca hay que dejarle un euro»

—¿Alguna vez tuvo problemas con los bancos?

—Nunca. Una vez un directivo del Banco Español de Crédito me preguntó mi opinión acerca de empezar a trabajar con el Madrid y le sugerí no comenzar con esa relación. A un club de fútbol nunca hay que dejarle un euro.

—¿Se imaginaba a Juanito como entrenador del Madrid?

—Con Juanito seguía hablando mucho, pero nos separó algo mi forma de ser y la de mi mujer. Lo llamé cuando entrenaba al Mérida y le dije que quería hablar con él. Le iba a ofrecer ser entrenador del Burgos, pero no le adelanté nada porque se iba enseguida de la lengua. Me contó que vendría a ver el Madrid-Torino (Juanito murió esa noche en accidente de tráfico, camino de Mérida) y que nos encontraríamos entonces. Su segundo era Kresic y formaban una buena pareja. Me llamó a la hora de comer y me dijo que su presidente también venía a Madrid y que no quería que se enterara de nuestra reunión. Él suponía de qué íbamos a hablar. Era listo. Recuerdo que cuando estaba en el Burgos una vez se quiso escapar de la misa, pero me lo crucé y al verme entró rápidamente.

—¿Iban a misa antes de los partidos?

—Antes y después de los partidos rezábamos un padrenuestro en el vestuario. Además, el club tenía un sacerdote porque íbamos a misa el sábado o el domingo, dependiendo del día que jugáramos.

—¿Era obligatoria la misa? Landáburu me contó que en el Barcelona también la había pero era opcional…

—Sabían que si no iban no me gustaba, así que iban todos.

—¿Cómo era su relación con los jugadores?

—En un partido que el Burgos jugó en San Sebastián tuve una reunión previa con los capitanes porque querían hablar de las primas. Antes de empezar, les dije que yo era el único capitán. Querían cobrar el doble de primas en ese partido y les pregunté que cuánto le pagarían ellos al Burgos por perder. Les pedí que jugaran el partido y les dije que hablaríamos cuando yo quisiera. Salieron rapidísimo de la habitación y ganamos en San Sebastián.

“Ser presidente del Burgos me costó dinero, pero no tanto. La popularidad que me dio vale más que eso”

—¿Por qué dejó usted el fútbol?

—El fútbol te da desengaños, aunque yo he tenido pocos. La afición del Burgos fue ejemplar. Cuando llegué al club, dije que había venido a arriesgar, pero no a perder dinero porque mi dinero es de mis hijos. Afirmé que cuando me fuera vendería, si fuera necesario, hasta las camisetas de los jugadores para cobrar lo que era mío. A mí estar en el Burgos me costó, pero no tanto. La popularidad que me dio vale más que eso.

—Entonces, el fútbol fue generoso con usted…

—El fútbol me ha dado mucho porque he trabajado mucho y porque las cosas han ido bien. Sin embargo, yo no podía mantener ese ritmo de vida porque estaba siempre de viaje. Antes los periódicos cerraban por la noche y de madrugada me llamaba el periodista de turno para pedirme unas declaraciones. Y la situación era muy agobiante. Había que seguir poniendo dinero en el equipo o descendería. Si el Burgos se iba a Segunda, me mataban. El Burgos necesitaba mucha atención y apoyo económico y ya no se la podía dar.

—Antes había otro tipo presidentes, véase Lopera, Jesús Gil, Núñez….

—El mundo de los presidentes era completamente distinto. Antes no se llevaba nadie un duro y ahora se ponen sueldo. Jesús Gil era íntimo amigo mío y con sus hijos tengo buena relación. Actualmente, el Atlético de Madrid es el equipo mejor gestionado económicamente de España. Lopera era un loco. Núñez fue buen presidente y era un buen amigo. Yo era un consejero de un banco cuya sede estaba en Barcelona y tenía chófer. Una de las veces me coincidió un viaje de trabajo con la visita del Burgos al Camp Nou. Le dije a Núñez, antes de que finalizara el partido, que me marchaba porque si no perdería el avión. No me dejó irme en el coche del banco, me puso un coche del Barcelona. Era un señor.

—La primera vez que usted estuvo cerca de ser candidato a la presidencia del Madrid fue en 1978. Sin embargo, la sanción que le impuso la Federación por agredir a Fernández Quirós se lo impidió… Usted sostiene que nunca dio un paraguazo a nadie porque no llevaba ningún paraguas en la mano. ¿Cómo fue aquello?

—No me pude presentar a las elecciones porque no recurrí la sanción. Yo tenía un buen amigo que era magistrado del Tribunal Supremo (TS) y me propuso que recurriera porque él la tendría que ver. No lo quise hacer, a pesar de que me dijeron que seguramente ganaría el recurso. No me importaba.

—¿Le pareció Luis de Carlos un buen sucesor de don Santiago?

-—Yo intervine mucho en su nombramiento. Luis de Carlos fue presidente por mí porque Saporta prefería a Gregorio Paunero. Estuve reunido con Saporta y algunos más en su despacho. Cuando me fui de allí, me consta que dijo que daba gusto hablar conmigo porque sabía de fútbol. Diéguez quería ser presidente y no tenía ni idea. Yo propuse a De Carlos porque pensaba que había que elegir a la persona más parecida a Bernabéu. No sé si mi recomendación tuvo algo que ver. Sin embargo, me equivoqué apostando por él porque era muy blando.

«Al fútbol hay que dedicarle la vida entera. Y al Madrid todo»

—¿Por qué no se decidió nunca a ser candidato oficial a la presidencia del Madrid?

—Ser presidente del Madrid es peor que ser presidente del Banco del Santander. A Mendoza le habría ganado seguro las elecciones, pero ya estaba cansado de fútbol porque hay que dedicarle la vida entera. Y al Madrid todo. Si las cosas salen bien, todo es bueno. Sin embargo, si sale mal, hay que tratar mucho más con la prensa. Habría ganado a Mendoza porque los aficionados querían que yo fuera el presidente.

—¿De dónde procedía su buena relación con Bernabéu?

—Yo iba mucho a su despacho. En la celebración del 75 aniversario del Madrid, don Santiago pronunció unas palabras sobre mí. Yo adoraba a Bernabéu. Lo fui a ver todos los días desde que ingresó en el hospital. Así era mi espléndida relación con el Madrid. De hecho, yo tenía acceso al palco todos los días. El día que falleció don Santiago me llamó Raimundo Saporta y me dijo: “Presidente, ha muerto nuestro presidente. Es usted la segunda persona en enterarse. La primera ha sido su majestad el Rey”. He de decir que, cuando fui presidente del Burgos Club de Fútbol, el equipo tuvo un buen rendimiento porque el Madrid me cedió algunos jugadores.

—Su hijo también quiso presentarse a la presidencia, ¿le gustaría verlo algún día como presidente del Madrid?

—Ahora no se lo recomiendo porque es un follón. Los sueldos están disparados.

—Se anuncia a Boluda como candidato a la próximas elecciones… ¿Tiene algo que hacer frente a Florentino y el nuevo estadio?

—Jamás. Boluda no ha hecho nada para ser presidente del Madrid. El Madrid está muy bien dirigido por Florentino, al que al principio le costó entrar. Su gestión económica es impecable. En su primera etapa le dije, delante de todos, que no tenía ni idea de fútbol. Ahora lo está haciendo muy bien: el Bernabéu va a ser el estadio más bonito del mundo. No tengo tanta seguridad en otras cosas.

—¿En qué cosas?

—No te lo digo…

—Bien, cambiemos de asunto entonces. Para ser candidato del Madrid hay que avalar el 15% del presupuesto (123 millones). ¿Qué le parece eso? No se piden requisitos económicos para ser presidente del Gobierno, pero sí para presidir el Madrid…

—Un presidente del Gobierno debe tener un currículo importante… También para ser presidente del Madrid. Lorenzo Sanz fue un traidor. Cuando Mendoza dimitió, Sanz tendría que haberse marchado.

—Parece que se da por hecho que un ciudadano rico es más honrado que un ciudadano de clase media…

—Los clubes tendrían que ser todos sociedades anónimas. Los que no lo son manejan muy bien a los compromisarios. Yo he sido toda la vida compromisario del Madrid, pero nunca con Florentino. Él lo tiene todo acaparado y me parece bien. Su primera etapa no fue tan buena. Desde su reelección en 2009, él se ha perpetuado en la presidencia.

“Miguel Muñoz me dijo que Butragueño no sería jugador de fútbol”

Miguel Ors me contó que Miguel Muñoz le dijo que había durado tanto en el Madrid porque hacía lo que decían los jugadores…

—Tengo una anécdota con él. En la comunión del hijo de José María García, el Madrid jugaba un partido de Copa que no tenía mucha trascendencia. Con Muñoz yo tenía mucha confianza y me dijo que Butragueño, que estaba empezando y aún no había destacado, no sería jugador de fútbol. Ese día estaba sonando Amancio como entrenador del Madrid, que también estuvo en la comunión. Le pregunté a García si le iba a recomendar a Luis de Carlos que Amancio fuera el entrenador. Me contestó que por qué no. Yo sabía que Amancio entrenaría al Madrid porque De Carlos hacía todo lo que le decía García. Aquella decisión fue una metedura de pata.

“Luis de Carlos hacía todo lo que le decía José María García”

—¿Qué tal su relación con García?

—Hemos sido como hermanos. Mi mujer tuvo un accidente hace 33 años y le tuvieron que trasplantar el hígado. No sé cómo se enteró García porque yo no se lo dije a nadie. Mi mujer necesitó mucha sangre y él pidió por antena que la gente fuera a donar. La respuesta de la gente fue increíble.

—¿El Súperdepor fue lo que usted hubiera querido hacer con el Burgos?

—Nunca me he fijado en ningún club. Con Lendoiro tuve una bronca en la sede de la Liga de Fútbol Profesional porque él fichó a un jugador del Burgos abonando su cláusula. Aquello me molestó porque ni siquiera me llamó. En la reunión que tuvimos en la LFP dije que no sabía por qué íbamos tan sonrientes porque a ese ritmo tendríamos que poner una pantalla entre cada uno para no escupirnos… En otra ocasión, un amigo, que inauguraba un hotel en Santander, me pidió que le ayudara para que fueran presidentes de equipos de fútbol. Salvo Gaspart, acudieron todos. Su argumento fue que él tenía hotel en Santander… Tenía toda la razón. Con Lendoiro y conmigo iban bien el Burgos y el Deportivo porque hacíamos las cosas como en nuestra empresa.

Miguel Ángel Portugal y García Navajas fueron dos jugadores del Real Burgos que luego llegaron al Madrid. Tenían ustedes buen ojo con los futbolistas…  

—Portugal no jugó nada cuando yo era presidente. En cambio, García Navajas jugó mucho. Cuando era presidente de la Federación Pablo Porta, estuve con él cuando el Madrid iba a fichar a Portugal. Él se preguntaba que quién era para jugar en el Madrid y yo pensaba lo mismo.

—¿Cuál fue el crack que estuvo más cerca de fichar?  

—El mejor jugador que incorporé fue Balint. Fiché a jugadores como Kresic y Adzic procedentes de Yugoslavia y cuyo rendimiento fue excepcional. Estuve a punto de incorporar a Esteban, que veraneaba en Asturias. Le dije al gerente del club que fuera a buscarlo. Me agarré un cabreo impresionante por no haberlo fichado. El jugador era amigo de Santiesteban y ellos hicieron el fichaje sin que el club se enterara. No me he fijado en gente que no pudiera venir.

—¿Qué opina de los jeques? ¿Sería esa la salvación para un equipo como el Burgos?

—Los jeques son pan para hoy y hambre para mañana.

—¿Quién es el próximo galáctico que debe fichar el Madrid?  

—Mbappé.

—¿Ficharía usted a Neymar?

—Sí, porque lo pondría firme. De Juric, que fue delantero de la selección yugoslava, me dijeron que no jugaba por molestias en la pierna, pero que realmente no era nada. Le puse un detective y me contaron todo lo que hacía. Cuando recibí el informe, le pedí al gerente que lo trajera a mi despacho. Compré un billete de avión y se lo puse encima de la mesa. Él me explicó que había estado enfermo, pero le demostré que había estado bien acompañado todas la tardes… Así que le dije que se fuera a Yugoslavia y se echó a llorar…

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here