Visto lo visto, en este Clásico no se han enfrentado dos equipos favoritos —de momento— a ganar nada, sino dos equipos con todo (alineación e ideas) sujeto con alfileres, con más dudas que certezas y con mucho que mejorar en bastantes aspectos del juego. Koeman tiene trabajo por delante. Entre sus problemas está que Messi ya no da para solucionar todos los problemas. En cuanto a Zidane, el partido volvió a mostrar virtudes y defectos. Lo más inquietante es que sólo le funciona lo viejo más Valverde, lo que deja en mal lugar la política de fichajes del club.

ALINEACIÓN: (4-3-3, aunque en fase defensiva más parecía un 4-5-1) Courtois; Nacho, Varane, Ramos, Mendy; Valverde, Casemiro, Kroos; Asensio, Benzema, Vinicius.

EL PLAN: Zidane vistió al equipo con el traje que el año pasado les dio la Liga: un equipo serio atrás, muy trabajador y solidario en todas las líneas, sobre todo en el aspecto defensivo, intentando aprovechar los problemas defensivos de los culés, que son muchos, para cazar lo que se pudiera arriba.

LO MEJOR: La concentración en fase defensiva del grupo.

LO PEOR: Pese a los tres goles, el tremendo desacierto ante la portería. Los delanteros, de nuevo, volvieron a quedarse sin marcar.

LA CLAVE: El juego estuvo bastante igualado sin un gran dominador. El resultado lo sujetaban los dos porteros cuando llegó el gol de penalti marcado por Ramos. A partir de ese momento el Barça se descompuso. Koeman sacó a todos los delanteros que tenía en el banquillo, en una de esas decisiones históricamente inútiles, desnudando a su equipo atrás y dejándolo a merced de los contragolpes blancos. Si el resultado no fue más escandaloso es porque los delanteros de Zidane disparan con balas de fogueo.

Valoración individual

Zidane: El francés tiró de sensatez, se dejó de rotaciones, pruebas y demás, y colocó a los cuatro defensas y los tres centrocampistas que de verdad le funcionan. Arriba juntó en las alas a Vinicius y Asensio con Karim, dos chicos, brasileño y mallorquín, dispuestos a correr hacia atrás tanto o más que hacia delante. Acertó en mitad de la primera parte bajando la línea defensiva a un bloque medio, con lo que estranguló a Messi en una maraña de piernas blancas, dejando desabastecido de balones a Fati.

Courtois: Junto a Valverde y Ramos, el mejor del Madrid. Con 1-1 le hizo un paradón a Messi de esos que ganan un partido. Muy vivo cuando tuvo que salir fuera del área para achicar.

Nacho: Coutinho le ganó con claridad la partida tanto en sus arrastres hacia dentro para abrir hueco a Alba, como en los 1×1. Sin penalizar, su partido estaba siendo muy flojo. Lucas Vázquez sin ser lateral lo hizo bastante mejor que él.

Varane: De menos a más. Ramos es para él la vida. Estuvo rápido en algunos cortes, poderoso en el juego aéreo y aseado con el balón, es decir, como siempre que el capitán juega a su lado. Cuando Koeman se volvió loco llenando de delanteros el área blanca supo resolver alguna jugada con despejes sin contemplaciones.

Ramos: Su jerarquía va mucho más allá de su juego. Su presencia en el campo mejora a Varane, a Mendy, a Casemiro y a Kroos. Fati le supo buscar la espalda en el inicio del partido, pero luego tiró de veteranía y apagó al joven delantero. Leyó a la perfección los movimientos de Messi en trescuartos, tapándole continuamente su conexión con Fati. Hizo un gol de penalti y Neto le sacó otro remate que parecía gol. Muy buen partido del capitán.

Mendy: Luces y sombras. El francés estuvo presente en muchas jugadas y siempre quiso la pelota ayudando con ello a la salida del balón desde atrás- Si bien sorprende con acciones técnicas casi malabares, también deja un caudal de últimos toques muy deficientes y una anarquía posicional que no siempre es positiva. En la segunda parte estuvo más comedido en ataque, lo que facilitó el juego de Ramos.

Valverde: El uruguayo es el ejemplo sobre el campo de lo que necesita el equipo. Se mató a correr, defendió con agresividad, rompió al espacio, dio ritmo al juego y llegó al área con peligro. Su único pero,es que a ese ritmo solo aguanta 70 minutos y que el año pasado, tras veinte partidos, estaba fundido físicamente. Tanto Coutinho como De Jong le vieron pasar como una locomotora.

Casemiro: Físicamente no está para dar ese plus defensivo que el equipo necesita. Lento y torpe con el balón, fue un lastre en la circulación fluida de la pelota, sobre todo cada vez que recibió de espaldas. Con tarjeta desde muy pronto, se la jugó en un par de acciones defensivas, todas muy cerca —demasiado— de la infracción y la tarjeta.

Kroos: Cuando el equipo le ayuda, el alemán es un caudal de toques de calidad que limpian, oxigenan y dan luz a las jugadas. Ni De Jong, ni un lentísimo Busquets le supieron tapar. Neto con dos buenas paradas evitó que marcase. Muy buen partido del teutón.

Asensio: Tardó 7 minutos en enterarse de lo que el mundo entero sabe hace ocho temporada: ante el Barça, la espalda de tu lateral —Nacho— es la zona de Alba, el hombre a cubrir. El balear volvió a desperdiciar uno de esos partidos idóneos para volver a brillar, dejando apenas un loable trabajo defensivo y un par de gestos técnicos de calidad.

Benzema: Su fútbol de movimientos y juego entre líneas siempre le ha hecho mucho daño al Barça. Pero si no pisas el área y cuando lo haces fallas, lo que construyas a 40 metros de la portería tiene un valor relativo si eres el 9 del equipo. Delicioso en sus toques en mediocampo y en sus ayudas, desesperante ante el gol.

Vinicius: Estropeó tantas jugadas en ataque del Madrid, falló tantos pases sencillos en acciones fáciles, muchas en clara superioridad, que aunque estuvo trabajador y efervescente, su partido no puede valorarse más que con un suspenso.

Suplentes:

Lucas Vázquez: En los 45 minutos que jugó, además como lateral, posiblemente fue el jugador más destacado. Cerró su banda en defensa, estuvo vivo en tapar líneas de pase, no cedió en duelos ni ante Messi, a Dembele le robó dos veces la cartera de forma llamativa y llegó al área con peligro. Posiblemente sus mejores minutos de blanco en muchísimos partidos.

Modric: El croata es calidad en estado puro. Jugó veinte minutos con la jerarquía de un jugador que ha estado en mil batallas y ha ganado otras tantas. Hizo siempre lo que había que hacer y lo firmó con un golazo solo al alcance de un crack.

Rodrygo:  Nada más salir tuvo un duelo en velocidad con Lenglet y el francés le mostró que el fútbol es un oficio que se aprende jugando partidos. Sin tiempo para nada más.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here