Javier Irureta (Irún, Guipúzcoa, 1948) fue un jugador pulcro y con estilo que destacó en el Atlético de Madrid y el Athletic de Bilbao. Con los madrileños perdió una final de Copa de Europa y con los vascos la de la UEFA. Se retiró a los 32 años por una osteopatía de pubis y se sacó el título de entrenador en Sevilla. Sin embargo, no fue en el sur, sino en el norte, donde triunfó. Entrenó durante siete años (1998-2005) al Deportivo y ahuyentó los fantasmas del penalti de Djukic tras ganar la Liga en el 2000. Actualmente, está jubilado y disfruta de su familia.

—¿A qué dedica usted el tiempo libre?

—Como he vivido muchos años fuera, tanto en la época de entrenador como de jugador, intento disfrutar de mi familia porque ellos no vivían conmigo. Tengo cinco nietos y tres hijos y estoy a su lado. También aprovecho para hacer ejercicio y ver partidos.

David Vidal ha cumplido 70 años y sigue entrenando. Ahora a un equipo de Tercera en Murcia…

—Es un fenómeno y le gustará mucho entrenar. Es gallego y es duro, así que podrá con esto y con mucho más.

«Los años son los que retiran a uno»

—Y Woody Allen sigue haciendo películas a los 84 años. ¿Quién es el que le pone fecha de caducidad a los entrenadores? Se supone que con los años se gana en sabiduría…

—Tienes razón, se sabe más que al principio. También se puede entrenar a chavales porque la élite es muy estresante y dura. Los años son los que retiran a uno. Viví en La Coruña, en Logroño, Santander… Y siempre alejado de la familia. Llegó un momento, con sesenta y tantos años, en que quise ser yo quien decidiera qué hacer.

—Cuando se pone usted nostálgico, ¿piensa en sus tiempos de jugador o de entrenador?

—Más en los tiempos de entrenador porque ha sido lo último que he hecho. Sin embargo, también me pongo nostálgico cuando recuerdo mi época de futbolista.

—¿Sueña todavía alguna vez con que es futbolista?

—Sí, algunas veces porque sueño bastante. Últimamente me despierto asustado muchas veces por lo que estoy soñando. Sueño más con la época de futbolista que con la de entrenador. Muchas veces sueño que no llego al entrenamiento, o que me está esperando el equipo en el autobús…

—¿Se juega mejor al fútbol ahora que cuando usted llegó al Atlético de Madrid en 1967?

—Al fútbol se juega mejor. No sé si el fútbol de antes era más espectacular, pero el de ahora es mejor. Los terrenos de juego están mucho mejor que antiguamente porque antes había algunos estadios de Primera que eran muy duros, sobre todo los del norte. Hacer un fútbol técnico era más complejo en aquellas circunstancias. Ahora los equipos tienen mejores estadios y la mayoría tienen ciudades deportivas.

—¿Tendrían sitio en el fútbol actual jugadores como usted o Gárate, finos estilistas?

—Gárate sí, pero dudo que yo tuviera sitio. Gárate era rápido, remataba bien de cabeza, tenía gol… Él era adaptable a cualquier forma de jugar. Sin embargo yo era más bajo que él, jugaba más retrasado, me gustaba llegar a la portería… Yo trataría de adaptarme al fútbol actual.

—Aquel fútbol de los 70 era muy salvaje. La entrada de Fernández a Amancio todavía pone los pelos de punta. No sé si usted también tuvo algún encontronazo con aquel Granada…

—Antes había jugadores muy duros como Aguirre Suárez. De hecho, algunos futbolistas fingían lesiones para no jugar frente a esos rivales. Obviamente antes había más violencia que ahora. Gracias al VAR, esas jugadas ya no se pasan por alto. El VAR erradica la agresividad porque los jugadores saben que cualquier entrada dura es revisada.

—Durante sus años como profesional, usted no vio ninguna roja. ¿No daba usted patadas o lo disimulaba muy bien?

—No solía dar patadas, pero tuve la mala suerte de que me sacaran una amarilla en Glasgow, en la famosa Batalla de Glasgow. También me sacaron tarjeta en la final frente al Bayern y no pude jugar el partido de desempate. No recuerdo haber lesionado a nadie. En cambio, recuerdo a jugadores, y no voy a decir nombres, que amenazan e insultaban durante todo el partido.

—¿Se refiere a jugadores de aquel Granada?

—No, no me refiero a ellos.

«Hubo victorias pasadas que salieron a relucir en la Batalla de Glasgow»

—En aquel Atlético de Madrid también había jugadores con fama de repartir como Ovejero y Panadero Díaz. Usted mismo cita La Batalla de Glasgow. ¿Tenían la consigna de ser duros aquel día?

—No, no. Aquel partido fue una revancha porque Panadero se había enfrentado a Johnstone en una final de Intercontinental. Él no fue titular, pero cuando salió fue duro y hubo auténticas persecuciones. Mi tarjeta creo que fue por una zancadilla. Hubo historias pasadas que salieron a relucir en aquel partido.

Fiebre Maldini sobre la famosa Batalla de Glasgow.

—El Atlético de Madrid perdió luego la final de la Copa de Europa frente al Bayern. No sé si esa decepción se convirtió en un trauma…

—El primer partido, sobre todo, porque nos pusimos por delante en la prórroga. Aquello dejó secuelas muy negativas en el Atleti. En el partido de desempate nos golearon (4-0). El gol del Bayern nos dejó sin respuesta.

—¿La cumbre de su carrera como futbolista fue el gol a Independiente en la vuelta de la Intercontinental?

—Sí, me gustó ese gol. Habíamos perdido en Argentina 1-0 y empatamos la eliminatoria gracias a ese tanto. Lo importante era aportar al equipo para lograr un trofeo que nunca había conseguido.

Atlético de Madrid 2-0 Independiente de Avellaneda. Copa Intercontinental de 1974.

Luis Aragonés pasó de la noche a la mañana de jugador a entrenador. ¿Cómo se lo tomaron los jugadores? No debe ser fácil que un compañero se convierta en el jefe…

—No hubo problema, nos lo tomamos bastante bien. Hubo propuestas de otros entrenadores, pero Vicente Calderón eligió a Luis. Hacía dos o tres años que se había sacado el título de entrenador y lo hizo muy bien. Al principio chocaba su forma de ser porque era un hombre muy exaltado en ocasiones. Sin embargo, sabíamos sus virtudes y defectos porque lo conocíamos bien.  

—No sé si fue su primer maestro…

—Fue un maestro, desde luego. Antes de él, había tenido entrenadores como Max Merkel, que estuvo poco tiempo. Era un entrenador joven y diferente. También aprendí de Juan Carlos Lorenzo, que había pasado por el club en su etapa como jugador.

—Usted sufrió otra gran decepción con el Athletic de Bilbao: perdieron la final de la UEFA de 1977 frente a la Juventus. ¿Le dolió tanto como perder la Copa de Europa de 1974?

—Sí. He tenido la mala suerte de perder las dos finales. El Athletic de Bilbao aún no ha ganado ningún título europeo y le pasaba lo mismo al Atlético de Madrid hasta hace unos años. Fueron dos decepciones importantes. No tuvimos suerte en el partido frente a la Juventus.

—¿La filosofía del Athletic es sostenible en el fútbol actual?

—Es difícil que se sostenga. Sin embargo, es evidente que motiva mucho a los canteranos. Es una filosofía de amigos, de gente que se conoce porque son todos de la misma zona.

El entrenador

—Su primera gran experiencia como entrenador fue en el Sestao…

—Me tuve que retirar en 1980 por una osteopatía de pubis y me saqué el título de entrenador en Sevilla. Primero entrené a los cadetes de la Selección Vizcaína cuando Villar era el presidente de la Federación Vizcaína. Después entrené al Guetxo en Tercera y ese gaño ganó la Liga el Éibar. Algunos jugadores de aquel Éibar llegaron a Primera. Luego me llamó el Sestao y estuve cuatro años allí. El segundo estuvimos muy cerca de ascender, algo que podría haber sido histórico.

En 1988 llegó al Logroñés. Allí entrenó a un campeón del mundo como Ruggeri y a uno de América como Alzamendi. Todos los equipos tenían una estrella en aquella época…

—Puede ser, no he me parado a revisarlo. Fueron jugadores muy importantes para aquel equipo. Alzamendi era un extremo muy rápido y Ruggeri era un central muy sobrio. Fue mi primera experiencia en Primera, pero me despidieron tras 20 partidos. No obstante, le estoy agradecido al Logroñés por la oportunidad que me dio.

—Usted ha entrenado a todos los grandes del norte menos al Sporting. ¿Le quedó esa espina?

—Sí, alguna vez lo he pensado. He hablado mucho de eso con Alberto, que coincidió conmigo en el Atlético de Madrid y compartimos habitación muchas veces. Al Sporting le tengo mucha consideración.

—Tras ganar la Liga con el Depor en la temporada 1999/00, ¿no le llamó ningún grande?

—Yo no me ocupaba de ese tipo de asuntos. Estaba a gusto en el Deportivo y no supe nada de intereses. Tampoco quería marcharme muy lejos de donde estaba mi familia.

Lendoiro nos dijo que el Centenariazo fue el día más grande del deportivismo y de media España. ¿Lo cree así?

—No lo sé. Él habría detectado que fue así. Desde luego fue muy importante para el deportivismo. Sin embargo, creo que los cinco años que el Deportivo estuvo en Champions dieron más alegrías que ese partido.

«Mauro Silva y Andrade eran básicos en aquel Deportivo»

—El Deportivo fue eliminado en semifinales de Champions en 2004 frente al Oporto. La expulsión de Andrade en la ida fue determinante. ¿Cómo recuerda aquello?

—Fue una mala interpretación del colegiado porque Deco y Andrade eran íntimos amigos. De hecho, cuando Deco fichó por el Barcelona Andrade le vendió el coche. También fue determinante la tarjeta que le sacaron a Mauro Silva porque tanto Andrade como él eran básicos en el equipo.

—Usted entrenó también a Djalminha. ¿Hace falta tener mano izquierda con las estrellas?

—Evidentemente. No tuve ningún problema con Djalminha, jugó cuando le tocó. Valerón llegó al equipo tras el descenso del Atlético de Madrid junto a Capdevila y Molina. Fue mérito de Valerón que Djalminha jugara menos porque se fue asentando en el equipo. Algunos me decían que jugaran los dos, pero yo no lo veía así. Él era más joven y le quitó el puesto al brasileño. Y a Djalminha eso no le sentó bien.

—Usted dirigió a varios entrenadores como Setién, Valverde, Julen Guerrero, Alguacil y Scaloni. ¿Cuál es el más parecido a usted?

—No lo sé, pero estoy contento de que muchos de ellos estén entrenando. El domingo vi el partido entre el Betis y la Real Sociedad (0-3) y me gustó mucho el equipo de Alguacil. A Emery y a Javi Gracia también los dirigí. Ha habido épocas en las que ocho o nueve entrenadores de Primera los había dirigido yo. Algo nuestro habrá quedado en ellos y estoy feliz.

—Usted tiene un máster en presidentes. Cuentan que las cenas con Lendoiro eran interminables. ¿Cómo lo recuerda?

—Le gustaban las cenas y las comidas. Tampoco cené muchas veces con él, sólo tres o cuatro. Comimos en más ocasiones. Era un presidente que viajaba poco con el equipo, ya que mandaba al vicepresidente o a alguien de la directiva. Desde la distancia, seguro que le gustaba opinar sobre el juego del equipo.

—¿Cuándo volverá el Deportivo a la élite?

—No lo sé, espero que sea lo antes posible. El descenso ha sido una pena. Estamos en medio de una pandemia y puede alterarse el sistema de competición.

«Me hubiera gustado tener a Joaquín en el Betis, pero lo traspasaron al Valencia»

—Su única experiencia en el sur fue en el Betis y no salió bien. ¿No se adaptó?

—No, no tuve ningún problema con nadie en Andalucía. Los presidentes piensan que ellos lo han hecho lo mejor posible. Me pasó en el Logroñés y en el Betis, donde me despidieron. Me hubiera gustado tener a Joaquín, pero fue traspasado al Valencia. Viví buenos momentos en Sevilla, pero llegué a un equipo que estaba a la baja.

—Allí coincidió con Manuel Ruiz de Lopera

-Yo vivía muy cerca del estadio, en el Hotel Andalus. Venía a veces a verme al hotel y nos llevabámos bien. Era un tipo más o menos normal. Siempre quería opinar y era libre de hacerlo.

«Jugar bien es tener la pelota y ser eficaz de cara a portería»

—¿Qué es para usted jugar bien?

—Los hay radicales que dicen que es ganar. En muchas ocasiones un equipo juega mejor que otro y pierde. Jugar bien es tener la pelota y ser eficaz de cara a portería.

—¿El Atleti de Simeone juega mal al fútbol?

—Juega bien, el pasado domingo venció 0-2. Tiene un buen sistema defensivo, un gran portero, son eficaces de cara a portería… Por eso juegan bien.

—¿Triunfará Joao Félix con Simeone?

—Espero que sí. Este año está haciendo más cosas que el año pasado.

—La última. ¿Con la pandemia nos ha castigado Dios o la naturaleza?

—Es un tema muy difícil. No creo que haya sido un castigo divino, sino un hecho natural. Es algo circunstancial que supongo que pasará.

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