Hay citas a las que nunca se llega tarde. Son las citas con la Historia. Aquellos encuentros que te encumbran en el Olimpo y que explican por sí mismos el esfuerzo de toda una vida. Los 20 Grand Slams alzados por Rafael Nadal lo elevan a otra dimensión, en la que deja por el camino nombres tan rutilantes como los de Miguel Induráin, Pau Gasol, Fernando Alonso, Carolina Marín o Mireia Belmonte, deportistas que también nos hicieron levantarnos del sofá, trasnochar para ver sus hazañas y emocionarnos con sus triunfos. Pero lo de Nadal es otra cosa porque sus victorias trascienden ya el deporte para convertir al tenista en una de las personalidades más destacadas de la Humanidad. Todavía no somos conscientes pero dentro de varios siglos su figura se estudiará en los libros o tablets de Historia.

Para explicar su dimensión no bastarán sus victorias, ni siquiera sus derrotas. Habrá que haberlo visto sobre una pista de tenis en un simple entrenamiento, golpear cada pelota como si fuera una bola de fuego que repeler o escucharle en una rueda de prensa para entender su mentalidad o revisitar su Academia para comprender su legado. Ahí Youtube o lo que venga después será de gran ayuda para las generaciones futuras. Valga con decir hoy que de todos los encantos que tiene Mallorca, Nadal es su imagen más internacional, más potente.

Y en ese recodo de la Historia Nadal ha encontrado compañía. Posiblemente ahí radique otra de las claves de sus éxitos. En la mesa de los elegidos ya le esperaba Roger Federer. Rival y amigo. Tenista y comensal de esa cena donde los mangares se sirven sobre trofeos de Grand Slams. 20 para ser exactos. Número redondo que Roger alcanzó con 36 años y medio en Australia 2018 y que ahora tras un año en barbecho fija su mirada en 2021 para intentar de nuevo en el país de los canguros y a sus 39 otoños elevar el listón. Mientras tanto y demostrando una vez más su clase fuera de la pista disfruta de la compañía de Rafa en la mesa más alta del restaurante.

Y es precisamente el nuevo listón rebasado por Nadal el que reabre un debate tan masticado como delicioso. ¿Quién será el mejor de la Historia? En esa carrera despiadada Roger (39) y Rafa (34) toman ventaja frente al tercero en discordia, un Novak Djokovic que a sus 33 años ve factible dar alcance a ambos e incluso superarlos. Australia (8 triunfos) y Wimbledon (5) figuran como sus principales avales. El tiempo además parece estar de su lado porque el sol se pondrá antes para el suizo y el manacorí, y la nueva generación no termina de asestar el golpe de estado definitivo.

Pero todas esas premisas han quedado en cuarentena tras la contundente victoria de Nadal en París. Cierto es que la Chatrier es desde hace cinco lustros el patio de recreo del tenista español, pero la agresividad de su triunfo y la escasez de respuestas de Novak se revelan como un golpe anímico que puede alterar las tendencias. Un futuro envite en Australia, próximo Grand Slam, está hoy más nivelado que ayer. Por no hablar de París, donde su tiranía apunta ya a igualarse con la del viejo monarca francés Luis XIV. El Rey Sol de París es hoy por hoy Rafa.

En una nueva vuelta de tuerca, Nadal ha sido capaz de adaptarse a un torneo en el que por primera vez los elementos externos se le ponían en contra. No ayudaba ni la nueva cubierta, ni la climatología de la capital francesa en octubre, ni la pesadez de una bola que limitaba sus famosos efectos. De repente París no era París. Pero Nadal que lleva adaptando su juego durante la última década para aferrarse a esa pelea endiablada por ser el mejor de la historia se ha sacado de la manga otro recital. Otro aviso a navegantes, que no es sino una declaración de intenciones. Alcanzada la mesa presidencial, el siguiente objetivo es devorar al último comensal.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here