Lewis Hamilton se ha convertido en el mejor piloto de la historia del gran circo de la Fórmula con 92 victorias en 263 grandes premios dejando atrás el récord de Michael Schumacher de 91 victorias en su carrera. Esta vez, el podio lo compartió con Valteri Bottas y Max Verstappen. Carlos Sainz acabó sexto, aunque estuvo imperial en las cinco primeras vueltas colocándose en primera posición desde la séptima plaza.

Se apagaron las luces del Gran Premio de Portimão y una ligera lluvia permitió que se viviera una de las salidas más emocionantes de la temporada, especialmente si eres español. Sainz se vistió de Mercedes. Salió como un tiro adelantando a su próximo compañero en Ferrari Charles Leclerc y a los aviones espaciales de Mercedes y se puso en primera posición con el gran agarre de sus neumáticos blancos. Adelantó sin paracaídas, en condiciones de piloto y cuando la ingeniería aeronáutica pinta bien poco.

Salió como un rayo y en diez metros pasó a Albon, que iba por la zona sucia. En la primera curva se fue por el exterior para mirar por la derecha a Leclerc. En la quinta curva, Verstappen tuvo un pequeño choque con Checo Pérez y ya estaba tercero. Una vuelta después ya olía el rebufo de los Mercedes y se puso líder. Qué pena que duró solo cinco vueltas porque se esperaba que fuera una carrera de esas locas de David contra Goliat que muy pocas veces se ven en la Fórmula 1. Mercedes empezó a volar y todo volvió a ser como siempre.

Tras la locura inicial, Valteri Bottas tomó el mando en Portugal seguido de Hamilton. Se volvió a retomar la vieja normalidad de este deporte. Verstappen se colocó tercero y el pobre Sainz comprobó que todavía es demasiado pronto para soñar con victorias, desde luego con McLaren y seguramente el próximo año con Ferrari. Carlos se descolgó a la sexta posición. Comenzó el graining (desfragmentación en forma de virutas del neumático) y el ritmo del equipo británico perdió ritmo; la gesta inicial quedó en una utopía.

Posteriormente, Sainz intentó alargar sus neumáticos blandos para solo hacer una parada y terminar con ellos. Así lo hizo y McLaren le arruinó el inicio de carrera sacándolo en medio del pelotón. Pero tampoco había más opciones. Sainz se estancó detrás de Gasly en la media tabla, despierto del sueño que pudo ser y no fue. Al final pudo con Pérez y terminó sexto. Si Carlos tiene un coche, manos se sabe que tiene. Su salida quedará para la historia del automovilismo en nuestro país.

En cabeza Hamilton pasó a Bottas y ya todo volvió a ser como siempre. Nada iba a perturbar el récord de Lewis, ni la lluvia. Así fue. El inglés controló la carrera y lo que más le preocupó en las últimas vueltas fue un tirón en su pierna. Vamos que casi hizo el “gol del cojo”. Lo único que hubiera podido frustrar su machada habría sido el cambio a neumáticos más blandos para el finlandés Bottas. Mercedes no posibilitó esa situación para no perjudicar a su líder.

Gary Lineker decía: “El fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, que juegan 11 contra 11, y en el que siempre gana Alemania”. En la Fórmula 1 pasa algo similar, corren 20 pilotos, pero siempre gana Mercedes y siempre o casi siempre Hamilton. Para muchos puede ser o no el mejor de la historia, allá opiniones. Lo que está claro es que es el único piloto con la suficiente calidad técnica para encontrar un proyecto ganador de manera incansable. Hasta 2022 (por lo menos), pueden apostarlo todo al color gris y al as de Hamilton.  El inglés ya ha dejado atrás el récord del gran Michael Schumacher, 92 victorias. El nuevo tope llegará todo lo alto que quiera. Hasta que Mercedes se canse de ganar o Lewis se canse de lo mismo.

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