Me declaro incapaz de adivinar el futuro de esta Selección. Las más de las veces soy escéptico tirando a pesimista. Esta apuesta por la clase media, asumo que forzosa, tiene algo de entrañable, en tanto en cuanto el equipo se hace del pueblo, cualquiera puede ser convocado. Sin embargo, no veo que el conjunto se eleve sobre la nota media de los jugadores, cuestión fundamental si queremos aspirar a algo más que ser simpáticos. Hay momentos que prometen, generalmente por el dinamismo y el sistema de ayudas, pero hay otros en que, sencillamente, no nos alcanza.

El partido contra Portugal no rebatió ninguna suposición. Los primeros 25 minutos fueron de dominio español, pero sin ocasiones claras. Los disparos desde larga distancia (tiramos varios) simbolizan lo lejos que nos queda la portería contraria. Gerard Moreno, buen jugador, no es un nueve en sentido estricto. Forma parte de la numerosa familia de los delanteros con más juego que gol. Y sin un ariete que amenace, terminamos por no amenazar con nadie. Es verdad que Dani Olmo es un motivo para la esperanza, pero necesita más tiempo. También Reguilón irá creciendo…  y en esta enumeración me ciño a los titulares.

El caso es que Portugal se fue animando con el paso de los minutos. A ratos parece un equipo perezoso, quizá porque es consciente de su armamento nuclear. Cristiano no necesita mucho para rondar el gol. Con un chutazo hizo temblar la portería de Kepa y con un pase con el exterior consiguió que fuera Renato quien probara la resistencia del larguero. Los portugueses no van a la pelea con cuchillos de postre.

El partido se inclinaba de su lado cuando entró en el campo Adama Traoré, un jugador con la fisonomía de un velocista de cien metros. Definido su cuerpo, sólo nos falta encontrar un referente para su cabeza. Cada vez que encaró se marchó con ventaja, pero con mucha ventaja, suficiente para dar las buenas noches al defensa, generando en cada caso desequilibrios con valor de gol. El problema, siempre hay uno, es que su potencia parece algo descontrolada. Igual desborda que arrolla. Visto que él llegará siempre antes, es necesario que aprenda a esperar al equipo. Dicho lo cual, en Traoré y Ansu Fati (mejor viceversa), radica la posibilidad, no sé si próxima o remota, de dar un salto de calidad que nos permita competir con los mejores.

No se vio mucho más. Joao Felix dejó muestra de su clase en un par de detalles (el tumbao de los guapos al caminar) y el debutante Campaña también dejó sensación de futbolista de equipo grande (más grande aún que el Levante). Sergio Ramos entró en los últimos diez minutos y fue generosamente abucheado por el millar de espectadores en el estadio, lo cual resultó gratificante porque nos devolvió al fútbol sin playback, a la memoria de un viejo panenkazo y al aroma del público soberano.

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