La Premier ha empezado con muchos goles y sin ningún empate a cero. Hay quien sostiene que un partido perfecto, sin errores, siempre debería acabar en igualada sin goles. El caso es que el domingo trajo dos resultados tan históricos como inesperados, y aunque se quieran ver paralelismos no hay tantos. El Manchester United cayó 1-6 en casa con el Tottenham después de adelantarse con un penalti a los 30 segundos de partido. Seis minutos más tarde ya perdía 1-2 y al descanso el marcador era de 1-4. Nada de lo que ocurrió en Old Trafford fue novedoso ni accidental. Mientras el club insiste en el fichaje de Sancho y está a punto de confirmar a Cavani, todo el mundo sabe que los problemas del United se encuentran en su defensa y no en los cuatro atacantes, mas aún cuando Solskjaer lleva al extremo aquello de ganar marcando un gol mas que el rival, en lugar de encajar uno menos. Aplaudo la intención ofensiva sin la menor duda, pero Solskjaer se lanza contra molinos de viento. Si la imagen de un noruego cabalgando por La Mancha se les hace extraña comprenderán mejor la rareza de sus planteamientos.

El United encajó seis goles y ya pudo encajar los mismos del Brighton y porque recibió tres más en casa contra el Crystal Palace. En parte será por la falta de forma física, algo que afecta a todos aunque unos van mas avanzados en la preparación, pero sobre todo es por el dibujo del equipo. Matić y Pogba juegan por delante de la defensa y deberían ser quienes la ayudasen. Sin embargo, al francés el cuerpo le pide irse al ataque y esas posiciones ya están cubiertas. Maguire, capitán, es fijo en el centro de la defensa pero su pareja, Lindeloff o Bailly, no está clara. El ex del Villarreal ha pasado tiempo lesionado y el sueco no convence. No obstante, fue Maguire quien cometió más errores. Su evolución, pasando del Sheffield United, entonces en League One, al Hull City, en la Premier, y de ahí al Leicester, la selección y el Manchester United, describía una ruta de manual. Profesional ejemplar, siempre tuvo gran consideración entre sus entrenadores. Hasta este verano, cuando por culpa de un exceso de alcohol se vio envuelto en unos incidentes en Grecia —el juicio se repetirá tras la apelación—, que incluyen un supuesto intento de soborno a un policía griego para que no tomase nota del incidente, recordándole al agente que trataba con el capitán del United. Nada más arrogante y despreciable que el conocido que intenta dominar una situación con el manido “¿sabe usted con quien está hablando?”.

El United fue inferior al Tottenham en todo y los goles del partido lo ilustran claramente. El primero nació de un balón en el área que ni Maguire, hasta dos veces, ni el resto de la defensa saben despejar. Maguire acabó agarrando a su compañero Shaw, en lugar de al jugador del Tottenham, en su intento de evitar el gol. El segundo llegó tras una falta sacada rápidamente por Kane sin que nadie parase a Son. Nada más ser expulsado Martial, Bailly pasó el balón a Matić tan mal que le acabó dando el balón a Kane. El Tottenham aun tuvo tiempo de jugar al billar en el área y Kane marcó el 1-3, en un tipo de error que estamos viendo con frecuencia.

Si el United recibió su goleada por su incapacidad, el Liverpool lo hizo por falta de actitud. Tras recibir el sexto gol, el comentarista dijo que era la primera vez que Liverpool y United recibían seis goles el mismo fin de semana. Estrictamente tampoco ocurrió, pues el Liverpool acabo encajando siete. Adrián, sustituto de Allisson, tuvo su parte en el primer gol: recibió un pase de un compañero e intentó jugar hacia otro, pero entregó el balón a un rival. Ollie Watkins marcó el primero de sus tres goles a quemarropa. Watkins, recién fichado del Brentford, dio muestras la temporada pasada de ser demasiado bueno para la segunda categoría. Dean Smith, el entrenador del Aston Villa, le fichó para el Brentford cuando jugaba en la cuarta categoría, en el Exeter City. 

Aunque en varios goles los rebotes en defensas descolocaron a Adrián (el tercero, el quinto y el sexto), la realidad es que el centro del campo del Liverpool no existió y la habitual presión del equipo tampoco, quizá afectado por la baja de Mane, que trabaja en defensa mucho mas que Salah. Keita, Wijnaldum y Fabinho no existieron y no fueron capaces de evitar el juego de Grealish y Barkley. Antes del partido existían dudas sobre la compatibilidad de dos jugadores con características similares. Entre ambos encontraron la forma de superar el centro del campo del Liverpool, que además insistía en su línea adelantada, pero sin presionar, lo cual derivó en la Carga de la Brigada Ligera, pero con mucho menos poesía, aunque con resultados similares. Acaso Klopp, Van Dijk y compañía no conocían el traumático final de la brigada.

A partir del 6-2 el Aston Villa tuvo dos llegadas de uno contra el portero, sin defensas que incordiaran. Watkins pudo marcar su cuarto gol, pero lo evitó Adrián, que luego un pudo parar ante Grealish en una jugada similar. Watkins, ya con 7-2, aun remató contra el larguero. El Liverpool sí tuvo ocasiones, no como el United, pero como bien dijo Klopp, no las suficientes como para empatar a siete. Y también, a diferencia del United, el Liverpool sabe cómo defender y lo que debe hacer, solo que esta vez no lo hizo y estuvieron mal demasiados jugadores. En definitiva, creo que es mucho más rara avis el 7-2 al Liverpool que el 1-6 al United.

El fin de semana debió ser el del derby de las buenas palabras entre Bielsa y Pep, uno de los partidos más esperados del año, pero la actualidad manda, y Liverpool y United son como Madrid y Barça en España. Fue un buen partido jugado bajo un constante diluvio en el que el City empezó y terminó mejor, pero que pudo ganar el Leeds, ya que contó con las ocasiones más claras. El equipo de Bielsa ha demostrado que la categoría no le viene grande y aunque algunos hinchas ya hablan de Europa, lo fundamental es poner unas bases desde las que el equipo crezca. El partido acabó 1-1, con los dos goles originados por errores defensivos de bulto, naturalmente. 

 

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