La adolescencia. Tiempo de sentir y perder, tiempo de perder si sientes y sentir que si sientes, pierdes. Cuando sabes que no quieres construir algo nuevo sobre las cenizas de lo que sabías que pudo haber sido, pero no fue. Cuando sabes que no debes, conoces a alguien. Conoces a una chica nueva y, ¡por supuesto que no es tu novia!, pero es que tampoco quieres que lo sea. Acuérdate, quien siente, pierde. Pero, es más, ¿para qué quieres que lo sea? No la amas, ¿cómo vas a amarla?, si la conoces de un mes. Si siempre que quedáis es con amigos, si apenas habláis, si apenas os decís lo que pensáis. Entonces no, no es tu novia

Y se suceden las noches de dudas, noches de no saber y noches de darle vueltas a las cosas. Noches de dudas por una chica que no se muestra cariñosa, pero al mismo tiempo es dulce en sus palabras, comprensiva cuando hablas y que busca ser parte de tu vida, de tus amistades, de tus hobbies. Esa chica por la que te pasas horas investigando sobre sus aficiones, ayudándola a conseguir lo que quiere en la vida. Alegrándote cuando lo consigue y apenándote cuando fracasa. Como si fueras tú el que entra en la hípica de sus sueños imparte sus primeras clases. Pero no, no es tu novia.

Pero aun así no puedes evitarlo y sin buscarlo te enamoras, recuerda que el amor es silencio, es sonrisas calladas y miradas cómplices, es apoyo, es comprensión, es noches de risas y noches de besos. El amor es quererse en silencio, porque hay cosas que son tan difíciles de explicar que tienen que expresarse. Sabes que no, que no es tu novia.

Cuando sabes que no eres como los demás, que el contacto no es sino un complemento del quererse. Que no buscas despertarte cada noche viendo un techo distinto ni jugar a eso de no sentir. Cuando sabes que no la amas, pero sabes que confías, que la extrañas, que piensas en ella. Cuando reúnes el valor para decírselo y te acercas a ella, no es sino para oír que ya no puede ser. Que perdiste la oportunidad de disfrutar de ese momento que pudo haberse convertido en una historia. Todo por no sentir, todo por repetirte eso de: «No, no es mi novia».

Y aún así, solo te queda desearle suerte y esperar que tenga el mejor de los viajes.

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