El 27 de abril de 1993 ocurrió una de las mayores tragedias en torno al deporte: el accidente aéreo de la selección zambiana de fútbol. Los antecedentes del Grande Torino, del Manchester United o, más recientemente, del Chapecoense nos demuestran el impacto enorme que causó en la sociedad, sobre todo en los aficionados del equipo afectado. Así que si hablamos de una selección nacional, podemos trasladar la sensación de derrumbe de la afición de un club a un país entero: esto es lo que sintió Zambia ese 27 de abril. Especialmente porque perdía en ese accidente a sus representantes más ilustres, a la generación dorada que estaba a las puertas de clasificarse para el Mundial por primera vez y, simbólicamente, poner a su país en el mapa.

Sin duda, el golpe más duro de la historia de Zambia. Pero el futbol es ese ente extraño e indescifrable al que le gustan los finales felices y es raro que no pague una deuda. A veces, imparte su justicia dentro de un mismo partido pero lo hace casi siempre con el paso de los años. Porque el deporte más universal, el deporte que está al alcance de todos es, como ya decía Camus, “un reflejo del hombre y su condición humana”. Y la resurrección de Zambia es un ejemplo de ello: todos, en mayor o menor medida, hemos tenido que enfrentarnos a eventos difíciles que cambian nuestra vida y que ponen a prueba nuestra capacidad de resiliencia, el proceso de adaptarse a una adversidad, a un trauma, a una tragedia. Un camino lleno de obstáculos que afectan nuestro estado emocional, encarnado en el pueblo zambiano en general y en la figura de Kalusha Bwalya en particular, tal vez, la persona que más kilómetros hizo en ese largo camino.

Por eso cuando veía la final de la Copa de África de Naciones en 2012 disputada en Gabón y su feliz desenlace para Zambia 18 años después de ser golpeado por la tragedia en ese mismo lugar, inmediatamente pensé que la vida, y muchas veces de forma metafórica a través del fútbol, te permite redimirte. Quizá de forma simbólica, como en este caso. 18 jugadores muertos, 18 años después en el mismo lugar, 18 penaltis…  hubo tantas coincidencias, tantos guiños del destino, tantas extrañas casualidades en ese torneo y en esa final que a uno le obligaba a pensar en algo casi trascendente, por no decir, mágico. 

La historia de la resurrección de la selección de Zambia es la historia del ave fénix que resurge de las cenizas. Una historia contada cientos de veces en el cine. La historia de la tolerancia a la frustración. La historia del NO permanente al que Zambia le dijo SI. 

* La historia de la resurrección de Zambia se puede ver en el documental “Eighteam”, producción hispano-zambiana, exhibida en el Festival de Cannes 2015 y en varios festivales internacionales, disponible a partir de hoy de manera gratuita en la plataforma Rakuten TV.

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