No teman, no voy a enunciar preposiciones. Simplemente quería prestar atención a la relación que se ve en carrera entre Pogacar y Roglic, los dos mejores ciclistas de esta edición del Tour de Francia —también lo fueron en la pasada Vuelta— ambos eslovenos y, afortunadamente, en equipos diferentes.

Hemos visto en otras ocasiones que cuando un equipo cuenta con más de un candidato empieza a tomar decisiones que abortan la emoción de la carrera. La ONCE, en una Vuelta a España, optó por Mauri en lugar de Lejarreta y eso llevó a unas etapas de montaña mucho menos movidas. Igualmente, Banesto decidió que la Vuelta del 98 la ganase Olano en detrimento de José María Jimenez, que se tuvo que limitar a atacar en los últimos metros de cada subida para ganar las etapas sin amenazar a su líder. También es posible que los ataques lejanos de Jiménez que nunca vimos hubieran acabado por dar la Vuelta a Escartín, del Kelme. Banesto y ONCE protegieron sus intereses y nada hay que objetar, aunque resultó mucho más divertido el año que Greg Lemond le levantó el Tour a su jefe de filas en La Vie Claire, un Bernard Hinault que podría haber ganado seis Tours de no haber sido por la rebeldía del americano.

Pogacar no tiene que rebelarse para ganar el Tour por cuanto no comparte equipo con Roglic, pero a veces me da la impresión de que entre ellos existe cierta complicidad, quizá porque apenas hay eslovenos en el pelotón y no es cuestión de hacerse la vida imposible el uno al otro. Durante la Vuelta, Roglic encontró en Pogacar un aliado para distanciar a sus rivales, mientras que Pogacar encontró en Roglic un escudo indestructible. Se produjo entonces el clásico acuerdo tácito del ciclismo: “Yo gano la etapa y tú eres más líder”. En la Vuelta corrieron juntos para equipos diferentes, unieron objetivos y triunfaron. Nada tiene de raro en el ciclismo, donde las tramas de alianzas y venganzas dejan a los Borgia como meros aficionadillos.

En lo que va de Tour hay argumentos para decir que se siguen apoyando tantos como para negarlo. Pogacar y Landa perdieron 1 minuto y medio en un abanico/caída. Roglic no esperó a su joven paisano, porque quizá lo que no podía hacer era esperar a Landa. Días después Pogacar se fue del grupo en una ascensión y recortó 40 segundos. Roglic, a la segunda, le dejó ir. ¿Falta de fuerzas o favor de amigo? O una tercera alternativa: “Seguidle vosotros que a mi no me va a ganar”. Esta opción tiene su peso ahora que Pogacar es segundo en la general.

En la etapa del pasado domingo fue el equipo de Roglic en solitario quien eliminó a Bernal y Quintana, sin la ayuda de nadie. Al fin y al cabo es el trabajo del líder. Pogacar disputó el sprint a Roglic como hizo días atrás y sumó su segunda etapa, botín más que digno. ¿Nos encontramos de nuevo ante un pacto tácito? Uno gana etapas y asegura el segundo puesto en su debut del Tour y el otro garantiza su primer maillot amarillo. Y todos felices, especialmente en Eslovenia. 

Por mantener la emoción en la carrera cabría decirle a Pogacar que Ángel Arroyo también debutó en el Tour con un segundo puesto que luego nunca pudo superar ni igualar, y que las oportunidades hay que tomarlas cuando se presentan y no aceptarlas como buenos augurios de lo que está por venir. Confieso que voy con Pogacar, por si no ha quedado claro, pero no veo a Roglic como un villano al que derrotar. El ciclismo ofensivo y valiente de Pogacar me gusta más que el más templado de Roglic. 

Da la impresión de que se miran con respeto y admiración, que Pogacar ve en Roglic el ejemplo a seguir tanto como Roglic ve en Pogacar a su heredero y quiere guiarle. Su buena relación resultó evidente cuando casi se fueron al suelo al pasar bajo la pancarta de un puerto puntuable (y bonificado con algunos segundos). Aunque fue Pogacar quien apartó la mirada que casi provoca la caída, Roglic fue quien pidió disculpas. Es difícil imaginar que hubiese reaccionado igual ante otro ciclista.

Con todo, quizá todo lo que hay en la carretera es una rivalidad sin malas palabras, como la puedan tener Nadal y Federer, aunque ambos quieren ganar. Es posible que el Tour les ofrezca momentos de alianza natural y poco después ofrezca un campo de batalla abierto. Ojalá.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here