La última vez que Soren Kragh Andersen tuiteó fue el 21 de mayo de 2016, diez meses después de haberse abierto una cuenta. Esto da idea de la extrema inteligencia del ciclista danés y de su aprovechamiento del tiempo. En Instagram es más activo, aunque sin excederse. En su última publicación, ayer mismo, aparece en el tramo de sterrato de la última etapa de montaña, extrañamente sonriente, como si le hubiera divertido la tortura (perdió 28:51 en meta). En su cuenta no hay fotos personales, ni de peinados o abdominales, sólo de ciclismo y de sus perros, Kato y Jack, dos animalillos simpáticos dentro de un orden. Facebook se lo gestiona un community que se apresura en colgar sus triunfos con protocolarias fotos de agencia.

La enésima prueba de que Soren Kragh es un tipo listo es que reside en Luxemburgo e incluso aquello le parece tumultuoso. Cuando necesita aislarse (aún más) se va de pesca con alguno de su perros y así se pasa el día si no tiene que entrenarse. Dado que el chico tiene 26 años y no hay asunto mundano que le distraiga, no es descabellado pensar que sus éxitos no han hecho si no comenzar. Sólo en 2020 (año del demonio), ha ganado dos etapas en el Tour y una de la París-Niza. Calculen lo que puede lograr en un buen año de pesca. 

El chico Kragh Andersen fue el más listo de un grupo pata negra que se despegó al pelotón en los últimos 30 kilómetros (Sagan, Bennett, Van Avermaet…). Hubo poco más que reseñar en la etapa. Los mejores de la general se la pasaron imaginando la contrarreloj de mañana, en la que no se esperan sorpresas y por eso mismo podría haberlas. Son demasiados días sin sustos que llevarnos a la boca. En muchos sentidos, ha sido un Tour extremadamente predecible, sin un solo problema para el líder, cosa rara. 

A la carrera le haría mucho bien que Pogacar pusiera en aprietos a Roglic en la cronoescalada, y que la emoción se extendiera a la tercera plaza del podio, con Porte al asedio de Supermán y, ya puestos, que la incertidumbre se extendiera en puestos sucesivos, incluido el duelo entre Landa y Enric Mas por la quinta plaza, una pelea con más enjundia de lo que parece. Si Enric termina entre los cinco primeros habrá dado la razón al Movistar y golpeado en el mentón a las debilitadas fuerzas del landismo, refugiadas en los montes de la esperanza a la espera de mejor ocasión.

Personalmente, me fascina que este año pueda ser bueno para ciertas personas, que lo recordarán con cariño mientras la mayoría del planeta lo borra de los almanaques. Aunque tampoco es mala noticia comprobar que hasta en los tiempos más turbulentos siempre hay alguien que va a pescar, y pesca.

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