Con el inicio casi clandestino de la Liga de las Naciones, sin que el aficionado esperase la competición, vino a mi memoria la etiqueta que la prensa británica colgó hace años a la Selección española. 

Vine a vivir a Inglaterra en agosto de 2004, pero pasé unos días en el país durante la Eurocopa de 2004, un par de meses antes, y descubrí que se referían a España como “the greatest underachievers of world football”. Underachieve no tiene traducción directa, pero significa algo así como «no cumplir con las expectativas». Fracasar. Quizá sea una traducción muy dura, así que dejémoslo en decepcionar. Para la prensa británica e incluso para los aficionados, España era la mayor decepción del fútbol mundial. 

¿Y por qué España? Pues bien, ellos consideraban que el talento de nuestros futbolistas exigía llegar más lejos. Habían pasado 40 años de la Eurocopa del 64 y 20 de la final del 84, y desde aquellos tiempos el equipo había coleccionado eliminaciones de todo tipo. Si bien todo esto era cierto, no creo que España fuese clara favorita a ningún torneo desde entonces. Alemania, Italia, Argentina y Brasil siempre parecían mejores, y también Holanda o Francia, según las épocas. En cualquier caso la percepción cambió cuando la Selección se convirtió en la única capaz de encadenar Eurocopa-Mundial-Eurocopa.

La reflexión inicial me ha llevado a preguntarme quiénes son o han sido las mayores decepciones del fútbol.

Austria tuvo la primera liga profesional en la Europa continental y una selección dominante. Sin embargo, el Wunderteam de 1934 topó con la Italia de Mussolini (cuentan los cronistas que la España republicana también fue víctima de los deseos de Il duce, que quería ganar el Mundial para su causa). Posteriormente los nazis se anexionaron Austria y el país nunca volvió a tener un equipo igual. Sin embargo, creo que su historia es más de tragedia y desgracia que de fracaso o decepción. 

Fue un fracaso mayor la derrota de Hungría en la final del Mundial del 54, más aún pensando que llevaba cuatro años sin perder y que había ganado en la primera fase del Mundial a Alemania, su rival en la final, por 8-3. Entre la lesión de Puskas y el exceso de confianza, Hungría dejó ir un 2-0 para perder 3-2. Muchos jugadores abandonaron el país por la línea dura que tomó el régimen comunista y Hungría nunca ha vuelto a competir realmente, aunque sí ganó luego finales olímpicas (1964 y 1968).

También es curioso el caso de los yugoslavos y sus repúblicas, infalibles en deportes como baloncesto, waterpolo o balonmano, pero incapaces en fútbol. Quizá sea injusto afirmar que países del tamaño de Croacia o Serbia, o incluso de Yugoslavia al completo, han fracasado por no ganar torneos internacionales. No olvidemos que Croacia dejó escapar a Francia en la semifinal del 98. Y si echamos la vista más atrás, veremos que la selección yugoslava fue subcampeona de Europa en el 68 y que estuvo siempre merodeando las rondas finales de Mundiales, a merced casi siempre de algún imprevisto. Todos los países tienen en su pasado un Al-Gandhour, una tanda de penaltis o el equivalente al codazo de Tassotti. 

Dado que parece desproporcionado considerar fracasado a un país con pocos habitantes, nos queda mirar a las grandes naciones de Europa. Nos encontramos entonces con que Rusia no ha dado el nivel desde hace demasiado tiempo, mientras Francia, Italia o Alemania quedan fuera de la conversación.

Usando una expresión inglesa, voy a cerrar el círculo. «Los ingleses inventaron el fútbol moderno y los escoceses les enseñaron a jugar». Antes, Escocia nunca pasaba de la primera fase de los torneos que disputaba. Hoy en día ni se clasifica, perdida en el mismo nivel que pueda tener Hungría, pero con la mitad de habitantes (cinco millones de escoceses por diez millones de húngaros). Inglaterra, por su parte, tiene unos 57 millones de ciudadanos. Y han pasado ya 54 años desde su único título, el Mundial que ganaron en Wembley. Desde entonces, los ingleses han sufrido eliminaciones de todo tipo e incluso han faltado a fases finales. 

Así que me parece que lo más adecuado es devolver la frase a sus creadores y decir “the greatest underachievers of world football are England”. Seguro que lo entienden sin traducción.

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