Cualquier revolución necesita tiempo para que triunfe. Si no queremos ser flor de un día necesitamos unas raíces profundas, un tallo robusto y hojas perennes para perdurar más allá de la primavera. España viene de un invierno futbolístico al que pese a todo costará poner fin. En esa empresa se afana ya Luis Enrique con la vista puesta más en Qatar 2022 que en la Eurocopa multisede del (esperemos) próximo verano. Armado con sus ideas y una pléyade de imberbes se ha propuesto hacer el lavado de cara a un equipo que llevaba demasiado tiempo posponiéndolo. Y parte de su libreto quedó al descubierto hoy. La mano de Luis Enrique (solo había que ver esa presión adelantada) ya se nota y esa es una gran noticia para empezar.

Es cierto que Alemania compareció con una versión menor de sí misma, pero España le miró a los ojos desde el principio. Tiene precisamente la Selección un buen espejo donde mirarse en los germanos, porque ellos nos llevan varios metros (o kilómetros) de ventaja en el viaje que nosotros emprendemos ahora. La paciencia y confianza demostrada por los alemanes para dejar crecer a los suyos mientras seguían compitiendo con la misma ferocidad y eficacia de siempre en los grandes torneos, debería ser ahora nuestra hoja de ruta. Los Gnabry, Kimmich, Havertz o Werner, tendrían que ser nuestros Fabián, Ferrán, Fati o Pau Torres de mañana.

Ya en presente hay que hablar de Thiago Alcantara, al que sus años precisamente en Baviera le han dado el punto de maduración y experiencia necesarios para comandar cualquier empresa. Hoy España jugó a lo que él quiso, sacando la escuadra y el cartabón para tirar paredes en el balcón del área, pero también el periscopio cuando tocaba cambiar la orientación del juego. Su sociedad con Fabián en el centro del campo debe ser el primer escalón sobre el que se apoye esta segunda parte de la Era Luis Enrique.

Aunque si algo no ha cambiado eso ha sido la falta de gol. Nada nuevo bajo el sol. Rodrigo lo volvió a dejar claro y a Gerard Moreno nos quedamos sin verlo. Detrás de ellos solo aparece Alcácer o Morata con opciones de disputarle el puesto. Por lo que no sería descartable que Luis Enrique probara ahí, a no mucho faltar, a Dani Olmo, en posición de falso 9.

En esta España de extremos, Luis Enrique ha apostado por la velocidad, el descaro y la verticalidad de Ferrán Torres y Ansu Fati. El nuevo cromo de Pep Guardiola mejoró en la derecha, a pierna natural, en la posición donde se hizo un hueco en el Valencia. En Manchester debería mejorar la toma de decisiones cuando levante la cabeza y encaré el área. La mejor noticia para España es que Ferrán es de la estirpe de los Joaquín o Jesús Navas, al que precisamente sorprendió verle en su antigua posición, un canto a la nostalgia que no casa muy bien con Luis Enrique.

Con Ansu Fati intentaremos ir con mesura, pero el chico desborda talento. Su desparpajo frente a toda una tetracampeona del mundo el día de su debut nos remite a otros grandes jugadores que no mencionaremos aquí para no caer en odiosas comparaciones. Dejémosle crecer y equivocarse, démosle espacio y confianza para que encare una y otra vez, porque además tiene el gol en la sangre, como demostró hoy. Le anularon los dos, y no es esa una cuestión baladí en esta España que dispara con balas de fogueo.

El próximo partido frente a Ucrania, un rival de menor calado, nos servirá para ahondar en los análisis, descubrir los espejismos y confirmar los brotes verdes. Convendría por ejemplo otra gran actuación de De Gea, para pensar que el portero del United puede echar una mano a los suyos cuando defienda La Roja. Esa sería otra gran conquista.

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