Es demasiado pronto, necesitamos perspectiva para evaluar en su justa medida lo que acaba de suceder en el Tour de Francia. Tan cerca de la hazaña sólo se observa la hazaña, sin matices, como cuando te aproximas demasiado a una pintura y notas el relieve de las pinceladas sobre el óleo, o el detalle de las iniciales en el vestido de la reina Isabel de Francia, qué finura este Velázquez. Pero la obra de arte en su plenitud se encuentra varios pasos hacia atrás o varios años hacia delante. Esta no es la historia de una victoria contra pronóstico, eso es un detalle nimio. Es el triunfo de un chico de 21 años (22 mañana), el más joven vencedor del Tour desde que Henri Cornet lo ganó en 1904 a los 19. Y además es un éxito en el último minuto, una pirueta que dábamos por imposible porque el Tour ya estaba sentenciado, no había más que ver las cariñosas palmaditas de Roglic al chico, el año que viene será el tuyo, como se diga eso en esloveno.  

Las consecuencias todavía son inimaginables. Fignon no volvió a ganar apenas nada después de perder el Tour de 1989 por ocho segundos. Lemond todavía se hizo con un Tour más, el tercero de su cuenta. Pero este escenario es distinto, aquella voltereta no influyó en la historia del ciclismo, esta sí. La única similitud es que Roglic saldrá herido de muerte, veremos si sobrevive. Y no será la única víctima del Niño (ver huracán del mismo nombre). Es más que probable que Pogacar se haya devorado a una generación entera, todos los ciclistas de 30 años que sentían llegado su momento. Hasta Bernal (23) parece viejo esta tarde. El mundo pertenece al nuevo ganador del Tour y a lo que quede entero de Evenepoel (20), y al tal HIrschi (22), y al insolente Van Aert (26), y al flamante Van der Poel (26)… Los demás deberían organizar un circuito de veteranos.

El asombro es todavía mayor porque Pogacar rescató sobre la campana el que estaba siendo el Tour más soso de los últimos tiempos, ya está bien de buscarle excusas. No había ataques, si acaso pellizcos de monja, y el control del equipo Jumbo resultaba pegajoso y asfixiante. Esta es la víctima colectiva que nos faltaba por citar. También a ellos se los ha merendado Pogacar. Todo el esfuerzo que han hecho durante tres semanas de carrera ha sido en vano porque no hizo daño a quien debía; es hasta posible que, sin saberlo, corrieran para su enemigo. Es una buena noticia que las apisonadoras no lo aplanen todo.

Pero seguimos sin calibrar a Pogacar. ¿Dónde está el límite de un chaval que sube como el mejor y contrarrelojea como los mejores? Quizá, precisamente, en la precocidad. Fignon ganó el Tour a los 22 y no pasó de las dos victorias; Gimondi venció a la misma edad y se quedó en un triunfo. Con Bernal, otro campeón a los 22, cuesta hacer proyecciones ahora mismo. ¿Cornet? Tampoco volvió a ganar. 

Hay otro aspecto colateral que no quisiera pasar por alto. Pogacar ha ganado el Tour sin más equipo que David de la Cruz, algo tan revolucionario como su propia victoria. El patrocinador también merece una líneas. El éxito de los Emiratos Árabes Unidos significa que los jeques han ganado antes el Tour que la Champions. Poco debe faltar para que Qatar compre una licencia UCI. Qué útil es el deporte para limpiar la imagen de países que atentan contra los derechos humanos.

No me olvido de los españoles. Landa termina cuarto después de resistir el empuje de Enric Mas y gracias al hundimiento de Supermán López. Es su segundo cuarto puesto en un Tour y tiene el mismo sabor agridulce. Es posible que, a partir de ahora, como otros compañeros de generación, deba estudiar el calendario para evitar a las hordas de jóvenes talentos. Por cierto, confío en que Landa, Enric Mas y Supermán López (además sus respectivos directores) estén reflexionando a estas horas sobre la estupidez que fue no colaborar cuando Richie Porte, tercero en el Tour, se quedó atrás en la última etapa de montaña.

No hay mucho más que decir. Tal vez lo más sensato sea seguir con la boca abierta y esperar a mañana para observar qué hace el chico en el podio de París, tal vez mastique chicle, o un tigretón. Pasará tiempo allí arriba. Posará con el maillot amarillo, con el de Rey de la Montaña y con el blanco de mejor joven. Qué Tour. Qué pequeño parecía y qué inmenso ha sido.

4 Comentarios

  1. Un Tour en 36 kilómetros. Lo demás ha sido una colección de pegados del ciclismo moderno:
    -Un equipo dominador
    -Ciclistas poco ambiciosos
    -Directores amarrete y de calculadora
    -Aceptar que el mejor es el mejor y no ponerle en aprietos.

    El otro día leía hazañas fallidas y exitosas de Pantani, Contador, Delgado, Hinault… cada vez hay menos de esto y eso que el año pasado Bernal ganó el Tour atacando y mostrando el camino.

    Pogacar ha ganado 3 etapas, el maillot blanco, el de la montaña y el Tour. Llegará hasta donde quiera, pero ya ganar un Tour le hará un hueco en la historia.

    Mientras nosotros iremos celebrando quintos puestos y buenas intenciones. Tuvimos nuestra buena época y ahora nos toca una peor.

  2. Hemos visto cosas que nunca creeríamos,en este tour.Juventud insultante e inexperta entrando en la historia por la puerta grande y mucho más,porque no vemos solo las tres ultimas semanas,sino todo un futuro que nos cuesta imaginar pero que parece extenso y luminoso,cegador.Y como el replicante de Blade runner lo único inquietante es la fecha de caducidad.
    Estos prodigios,también Bernal o van der Poel -(Evenepoel,si es lo que promete,o J.Ingebritsen en otro orden de cosas) generan esta duda.Ya saben,las estrellas que brillan mucho se apagan antes.Sabemos de su precocidad pero es un misterio la longevidad.Mientras se despeja la incógnita,es tiempo de ganar.
    Y la cara sombría de una historia fascinante es Roglic.Cuesta ponerse en su lugar,tal debe ser la desolación.Pero es cierto que solo el conjunto de males del ciclismo moderno que ha citado Diego le ha mantenido como líder hasta hoy:Roglic es un diésel demasiado diésel,tarda mucho más que el resto en entrar en la zona roja,pero resiste muy poco en ella.Seguramente por eso su equipo ha controlado de esa forma la carrera,se trataba de que nadie le llevase a esos límites.Pero en una cronoescalada en la tercera semana era inevitable.Aun así,habría podido con otros,pero era Pogaçar.
    Mañana veremos el futuro entrando en París…y dentro de tres semanas el Giro.
    Algo que llene este vacío que ya se acerca.

  3. Es verdad, el domingo que viene. Si después del tour pisa podium-no sé si irá-, mentalmente es Nadal. Pero eso tampoco sería una sorpresa.

    Por cierto, Piero, Varona, hay otra bestia generosamente precoz que merece unas cuantas líneas. Un tal Duplantis.

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