Emilio Pérez de Rozas (Barcelona, 1952) nació con una cámara bajo el brazo. Su padre y dos tíos fueron fotoperiodistas. Sin embargo, su vocación fue el periodismo escrito. Después de su paso por la revista Barrabás, integró el equipo fundador de El Periódico, donde aún continúa. Fue coordinador del suplemento especial de Barcelona 92, “lo más grande después del nacimiento de mis hijos y de conocer a mi mujer”. También es contertulio de El Partidazo de Cope.

—Usted iba para fotógrafo por herencia familiar. ¿Cómo giró su vocación al periodismo escrito?

—Cuando cogí por primera vez una Leica, con 15 años, pensé que la fotografía iba a ser un complemento a mi profesión. El problema era que mi padre y mis dos tíos, Quique y Manolo, eran tan buenos que tenía la sensación de que era muy difícil igualar su forma de hacer fotoperiodismo. Ellos trabajan todo el día para los periódicos que salían al día siguiente y para la agencia Efe.

—En los últimos años del franquismo, usted trabajó en la revista satírica Barrabás, que hacía humor con el deporte. Se dice que ustedes fueron los primeros en criticar al poder, aunque fuera deportivo…

—Esa revista era fantástica y mi trabajo, muy curioso. En ella trabajaban los mejores periodistas, no sólo de deportes. Los de información general firmaban con pseudónimos en Barrabás. El impacto de la revista era tan grande que la gente empezó a investigar para saber qué periodistas eran. La revista tenía unos dibujantes fantásticos. Mi trabajo consistía en perseguir a los redactores, porque ellos trabajaban en otros medios. Las piezas tardaban en llegar, ya que ellos estaban muy atareados. Por eso tenía que ir detrás. Luego, tenía que coordinarme con los dibujantes, los de portada… Era un trabajo de coordinación.

—¿Barrabás era tan irreverente como lo lo ha sido El Jueves?

—Sí. Barrabás tenía ese punto de irreverencia, pero sobre todo un punto muy divertido, el de contar historias humanas que no se atrevían a contar en los medios habituales. Algunas de esas historias no llegaban a la calificación de irreverente, simplemente definían al personaje. No eran historias escandalosas, parecidas a las del corazón, sino divertidas. Eran historias auténticas. En ningún momento se escribieron historias que no fueran ciertas. La prueba está en que jamás tuvimos ningún conflicto por un texto. Cuando lo tuvimos, fue por ese punto de irreverencia. Por ejemplo, cuando hicimos una portada con Cruyff crucificado.

«Me parece increíble que los deportistas no se querellen contra los periodistas cuando publican lo que ganan»

—Ustedes llegaron a publicar los salarios de los jugadores de Primera, algo que no debió sentar bien…

—No sólo no sentó bien en aquel momento, ahora tampoco. Hay una cosa que me parecía, y me parece, increíble y esperpéntica: que los deportistas no se querellen contra los periodistas cuando publican lo que ganan. Es muy difícil que un periodista, por bueno que sea, tenga el contrato de un jugador para saber su sueldo. Si yo fuera futbolista y me pasara, me querellaría. Entre otras razones, porque el periodista no tiene ni la fuente ni el documento. Ni cómo defenderse.

—¿Cómo se tomaban los chistes los interesados? En España, a la gente no le gusta que se rían a su costa…

—Se lo tomaban bien. Hacíamos historias con picante y gracia, pero no pretendíamos hundir a nadie.

—¿Qué aprendió en aquellos años que le sirviera después?

—Afortunadamente, esa revista estaba llena de los mejores periodistas que había en Barcelona. Bien es cierto que los veía poco. Sólo los lunes durante la reunión semanal de planificación. Si durante la semana ocurría algo importante en el mundo del deporte, nos veíamos. En el contacto diario con ellos, aprendí que todos eran tremendamente generosos con sus conocimientos. Una de las virtudes que debe tener un buen periodista es ser generoso con el que está aprendiendo; no debes tener miedo de que te pueda quitar tu puesto de trabajo o de que pueda ser mejor que tú. La gente que conocí en esa época era muy generosa. Como yo era sobrino e hijo de fotógrafo, si no era capaz de aprender un 10% de lo que ellos hacían es que era muy tonto.

—En 1978, usted fue uno de los fundadores de El Periódico. ¿La Transición fue la época dorada del periodismo?

—El periodismo ha tenido muy buenas épocas, espectaculares. Lo que me duele del periodismo actual es que está desapareciendo el papel. Y que se está deteriorando su contenido por la presencia de las redes sociales. En aquella época, había tres o cuatro cosas buenas. Por un lado, el liderazgo de los editores, que ahora han desaparecido de la vida periodística española. Nosotros teníamos a Antonio Asensio. El liderazgo de la redacción lo llevaba Antonio Franco, que ha sido uno de los grandes periodistas de España.

—¿Cuándo cree que se extinguirá el papel?

—Pronto. A menudo pienso que se acabarán antes los quioscos que el papel; los periódicos se acabarán vendiendo en las gasolineras y los supermercados. Ojalá no se acaben nunca. No hay nada como comprar un periódico, irte a una terraza y pedir un cruasán con un café con leche. Y manchar el periódico con el cruasán. Eso es irremplazable. Mis hijos, que tienen 32 y 29 años, saben lo mismo que yo y no sé dónde lo leen. Yo leo en papel, pero ellos deben informarse a través del móvil.

—¿Qué futuro le augura a las suscripciones digitales? El Mundo y El País ya han superado los 50.000 suscriptores…

—Es la única posibilidad que existe. Hay algunos condicionantes importantes: nuestros jóvenes están acostumbrados al gratis total. En los periódicos hemos cometido un error que ya no podemos corregir. Tendríamos que haberles demostrado a los lectores que, frente a las redes sociales, los periódicos son los únicos fiables. Los periódicos se siguen haciendo con un código deontológico. Debíamos haber ganado esa batalla y la hemos perdido.

—Vázquez Montalbán escribió que “el Barcelona es el ejército de un país desarmado, Cataluña”. ¿Eso sigue vigente?

—En el momento que lo dijo era una idea que bastante gente compartía. En 2020, ojalá el Barcelona sólo pudiera ser un equipo de fútbol, casi ni eso. El punto político en el club es innecesario.

—¿No entiende que el Barcelona tenga un posicionamiento político?

—No, pero puede tenerlo. Tanto el presidente como la junta directiva deben actuar de otra manera, porque alrededor del mundo tienen aficionados de todas las ideologías.

—¿Cuándo cree que se rompió el amor entre Cataluña y España?

—Se rompió para una parte de gente. Yo soy muy catalán y quiero muchísimo a España. Por mi parte, no puedo elegir entre las dos.

«Barcelona 92 es lo más grande que he vivido después de conocer a mi esposa y del nacimiento de mis hijos»

—¿Barcelona 92 fue un momento de reconciliación nacional o de tregua nacional?

-Después del nacimiento de mis dos hijos y de conocer a mi esposa, es lo más grande que he vivido. Fue un acontecimiento tan bien organizado… dejamos boquiabiertos al mundo. Fue un acto de grandiosidad de Cataluña y de España, porque todo el país apoyó esos Juegos Olímpicos.

—¿Cuándo se rompió el amor entre Messi y el Barcelona?

—Si se ha roto, ha sido por parte de Messi. En el Barcelona siguen queriendo a Leo. Si Bartomeu además de que se quede Messi, Bartomeu consigue limpiar el vestuario tendrá un final menos malo del que la gente le augura.

—¿Ramos y Piqué son el símbolo de las dos Españas?

—Son dos tipos espectaculares, de los que me gustaría ser amigo porque sus inteligencias son distintas. De Ramos me gusta su espontaneidad y no le veo en el prototipo de persona torpe e inculta. Pasar tres horas con ambos debe ser muy divertido. Son dos jugadores extraordinarios.

—Florentino Pérez se ha quejado alguna vez de que los periodistas de Madrid no apoyan tanto al Real Madrid como los de Barcelona al Barça. ¿Usted tiene la misma sensación?

—No, para nada. Hay de todo. Nunca he creído que haya periodistas forofos, pero los puede haber. A los periodistas deportivos les gusta tanto el deporte que disfrutan viéndolo. No creo que dejen de dormir cuando pierden sus equipos. No creo que el forofismo les impida relatar acontecimientos que sean negativos para el club del que son aficionados.

—¿Por qué salen mal las estrellas del Barcelona?

—No todos han salido mal: Xavi, Iniesta, Puyol… han salido bien.

—Coincide que todos son de la casa… No pasó lo mismo con Ronaldo, Figo, Maradona…

—Coincido con eso, pero me niego a pensar que haya sido culpa del Barça. No sólo lo pensaría del Barcelona, sino de cualquier otro club. Jamás se hace el análisis de que los culpables pueden ser los jugadores, sus padres, sus representantes…

—¿Qué le apasiona a usted más, el motor o el fútbol?

-Siempre me ha apasionado más el motor, sobre todo los rallys, en los tiempos de Carlos Sainz, y las motos. Me ha gustado más porque los protagonistas son más próximos: se puede estar con ellos, hablar, tener una relación de respeto a nivel informativo… Como periodista, no hay nada más maravilloso que tener una relación estupenda con algún personaje, entrenador o deportista, y que te cuente un secreto. Es un gesto de complicidad, porque me pone a prueba. Si me dice que no lo puedo publicar, no lo hago. Otra cosa es que alguien te cuente algo de ese deportista y tú le preguntes para confirmarlo. Si él te miente, se rompe algo.

«Márquez se ha inventado una manera de correr»

—¿Márquez es el Messi del motociclismo?

—Con diferencia. Es extraordinario, porque se ha inventado una manera de correr. Eso no lo ha hecho Messi. No sé si ha jugado un fútbol que no existía.

—¿Volverá Fernando Alonso a subirse al podio de un Fórmula 1?

—Por supuesto, es buenísimo.

—En los últimos años, se ha convertido usted en uno de los contertulios más seguidos y provocadores de la radio deportiva. ¿Es el terreno en el que se siente más cómodo?

—Mientras el equipo de Paco González, Manolo Lama, Pepe Domingo Castaño estaban en la Ser era maravilloso. Y cuando nos fuimos a la Cope siguió siendo igual. Esas cosas funcionan por química y por libertad. En nuestros programas no hay nada preparado. Nunca nos ha dicho ningún jefe lo que tenemos que decir.

—Por último, cuando Guardiola hablaba de la Central Lechera y la caverna mesetaria, ¿lo hacía con fundamento?

—A veces, pero otras lo hacía para cubrirse o con ironía. Él conocía muy bien los vestuarios y los medios de comunicación.

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