Hace 22 años Francia ganó un Mundial marcado por el mestizaje de su plantilla. 20 años después repitió la jugada. Nadie reparó en ese tiempo que en España, puerta de embarque hacia Europa de la emigración africana y con vínculos culturales y sociales con Hispanoamerica, no se aprovechara ese talento que completara y enriqueciera al nuestro. Cegados de éxito quizá no vimos más allá. Ahora tipos como Ansu Fati o Adama Traoré vienen a rellenar ese vacío. Una combinación de potencia física, de desparpajo, de velocidad y de técnica que refuerzan y potencian a una Selección tan necesitada de savia nueva como de fuentes de energía estimulantes.

A ese mestizaje se ha abierto Luis Enrique. Un mezcla que va más allá de los orígenes africanos de Fati o Traoré, y que busca el elixir del equilibrio, la combinación perfecta entre veteranos y noveles, para que la maquinaria no se resienta. La bandera de esa revolución ya la enarbola Ansu Fati, quien ha necesitado apenas dos partidos, un puñado de minutos, para ponerse a España por montera. Y pese a todo, no es ni el penalti provocado, ni querer marcar su primer gol con España de chilena, ni ser igual de diferencial como revulsivo o como titular, ni siquiera convertirse en el goleador más joven de la historia de España, la mejor noticia para la Selección. Lo mejor es la naturalidad con la que el niño, 17 años y 311 días, asume todo lo que le está sucediendo a la velocidad de la luz. Mientras todos pedimos paciencia, él solo pide el balón.

Quien se ha quedado con ganas de tocar ese balón ha sido Adama Traoré, al que el dichoso virus le ha vuelto a regatear su debut con la absoluta. Quizá ese sea el único lunar que le quede a Luis Enrique tras estos dos partidos de la Nations League. Aunque el jugador de los Wolves tendrá más oportunidades. Le avala su perfil, completamente diferente al resto de jugadores españoles. Su duelo por un puesto con Ferrán Torres, Dani Olmo o Ansu Fati resultará apasionante. Con ellos las alas parecen bien cubiertas.

En esa renovación también ha entrado de lleno la retaguardia. Luis Enrique acabó el partido con una defensa formada por dos pipiolos, Eric García y Pau Torres y un terremoto como Reguilón. Ninguno de los dos primeros hubieran sido centrales en los setenta. Ni dejándose bigote. Ninguno de los dos desentonaron en el rato que coincidieron sobre el terreno de juego ante una Ucrania en la que Shevchenko desde la banda imponía más respeto que sus once futbolistas. Luis Enrique, que mira más allá de la próxima Eurocopa, ya ha empezado a perfilar la etapa post Sergio Ramos, que algún día llegará. Pau y Eric, mientras tanto toman apuntes y hacen horas de vuelo bajo el manto protector del camero.

Porque si un nombre tenemos claro en la próxima lista de Luis Enrique ese es el de Sergio Ramos. No hay mejor espejo en el que mirarse para esa revolución juvenil que se ha instaurado en La Roja que el del defensa central del Real Madrid. A su capacidad de liderazgo y voracidad competitiva ha conseguido añadir en sus últimos años de carrera un instinto goleador que ha terminado de moldear a un defensa de época. Con su doblete de hoy (ya suma 23 goles) dejó atrás a Daniel Pasarella como el defensa más goleador de la historia. El capitán suma 171 internacionalidades y tiene cuerda para rato para seguir instruyendo a los más jóvenes.

La revolución de Luis Enrique se apoya en el vigor de la juventud y en el descaro de quien no piensa más allá de la siguiente jugada. Las dosis de mestizaje también tiene que ver con la revitalización de un equipo que empieza a emitir señales positivas, no obstante, su España ya es líder del Grupo 4 de la Uefa Nations League, y va camino de hacer buena aquella canción de Pau Donés, En lo puro no hay futuro, que Jarabe de Palo lanzó cuando la Francia multirracial ya era campeona del mundo y de Europa a principios del 2000.

En lo puro no hay futuro
la pureza está en la mezcla
en la mezcla de lo puro
que antes que puro fue mezcla.

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