Desconozco quién tiene razón, no sé quién miente o quién dice medias verdades. Tampoco me importa mucho si había una fecha o no para que el argentino quedase liberado, así que no me atrevería a decir si hay un ganador y un perdedor en esto, quién hizo las cosas bien y quién enredó, quién faltó a su palabra y quién no.

La realidad es que Messi se queda donde no quiere estar —“le llevo diciendo (a Bartomeu) todo el año que me quiero ir”— , un club al que acusa de no tener plan de futuro —“hace tiempo que no hay proyecto ni hay nada, se van haciendo malabares y tapando agujeros a medida que van pasando las cosas”—. Se queda sin parte de su clan de amigos, ya que Koeman le dejó a Suárez muy claro y en un minuto, que no cuenta con él, lo mismo con Vidal. Messi se queda tras decirle al entrenador que no cuente con él, que se quiere ir. Con el club metido en negociaciones con futbolistas del gusto del entrenador como Wijnaldum o Depay que pueden verse abortadas si el argentino continúa, sus 100 millones anuales pesan mucho. No parece un decorado como para pensar que todo se ha solucionado.

Ese Messi que se queda a disgusto, ese que le va a costar al Barça 100 millones este curso, es un jugador de 33 años que en Navidad podrá cerrar el último gran contrato de su carrera, con lo que eso supone. El 10 del Barça es uno de los jugadores que más faltas recibe en la Liga, desmotivado, sin implicación con un proyecto que según él no existe. En esas condiciones, ¿cómo va a afrontar los partidos?

Imaginemos que en enero llega a un acuerdo, en pleno derecho, con el City o el Inter. ¿Se va a jugar su futuro metiendo el pie?

Messi ya no se podrá esconder tras el silencio, ni encontrará consuelo en sus amigos, ni tampoco en el mudo Piqué, tan dado a opinar y tan callado ahora. Con Koeman al mando, no está muy claro cuál va a ser el papel de Messi ni en el campo ni fuera de él.

Creo que Messi ya se ha marchado, que este año solo puede ir a peor y que por suerte para él y para el Barça los partidos se van a seguir jugando sin público. Pero la bomba Messi no está ni mucho menos desactivada y aún puede estallar.

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