Vaya por delante que la solución al dilema no es sencilla, pero no significa que no se pueda encontrar. Macclesfield es una población de escaso poder adquisitivo cuando se compara con sus gigantes vecinos de Manchester y Liverpool. Su club de fútbol, fundado en 1874, tuvo durante varios años las peores entradas de la Football League —las tres divisiones que siguen a la Premier—, dado que el equipo transitaba, como mucho, por la cuarta categoría y sin amenazar con la posibilidad de ascender. Tanto los clubes de Manchester y Liverpool, como los históricos de poblaciones cercanas como Bolton, Preston, Blackpool e incluso Wigan ofrecían propuestas más atractivas para quien quisiera ver fútbol en el estadio.

El hecho de que ahora no se admitan espectadores en los campos ha sido el golpe definitivo para el club, mal gestionado desde hace algún tiempo. Sol Campbell, exinternacional ingles y exjugador de Arsenal y Tottenham, dejó el club hace un par de temporadas por impago de su sueldo (unas 180.000 libras), tras salvarlo de un descenso seguro. Esta deuda impagada ha supuesto que un juzgado imponga la orden de disolución. El Macclesfield sigue los pasos del Bury Town, un club de la misma región, y acaso sea el inicio de una serie de desapariciones.

Todo por un montante total de medio millón de libras, cuando Gareth Bale, según se publica, gana 600.000 a la semana.  No es mi intención criticar a Bale o a cualquier otro jugador; los clubes firman voluntariamente sus contratos. Lo que pretendo es ilustrar las diferencias que existen en apenas tres divisiones, prueba de que la distribución de la riqueza en el fútbol profesional, elijan el país que quieran, es virtualmente inexistente. Mas que de distribución deberíamos hablar de acumulación. 

El contraste entre las divisiones quedó en evidencia en Sky Sports News, uno de los canales de televisión dedicados al deporte en Inglaterra. Nada más mostrar a una pareja de aficionados depositando flores en señal de luto a las puertas de la sede del Macclesfield, informaron a continuación, con voz de vendedor de feria, de la inminente llegada de Bale al Tottenham y de lo que podría suponer para el club (cuestión que trataremos en unos días). El fútbol de hoy es así, y del mismo modo que los clubes acumulan riqueza, acumulan también mucha mas atención mediática. No queda claro si esto es lo que pide el espectador o el espectador simplemente consume lo que le dan.  

¿Cuál es la solución al problema? Instintivamente parecería lógico crear un fondo de solidaridad desde clubes de la Premier, incluso del Championship, para rescatar a los clubes modestos en este tipo de situaciones. ¿Qué es medio millón de libras para un club de la Premier que invierte 40 millones en fichajes? Hay quienes argumentan que poner una red de seguridad sólo haría que los clubes se comportaran de manera mas temeraria aún, además de adulterar la competición, en tanto que las ayudas a la mala gestión penalizarían a los clubes bien gestionados. 

La English Football league (EFL), gestora de las tres divisiones que siguen a la Premier, permite que el nivel de gastos en el Championship —el equivalente a la segunda división española— sea el 106% de los ingresos. Esto es insostenible a medio plazo, pues es fácil que ponga a los clubes al borde de la quiebra técnica, que se alcanza cuando los activos (lo que se posee el club: estadio, campo de entrenamiento, jugadores, deudas a cobrar y dinero en el banco) valen menos que los pasivos (deudas a pagar). La solución para esa quiebra técnica es vender jugadores e incluso el estadio, como ya han hecho Derby County y Sheffield Wednesday.

Llegar a la Premier League supone un salto económico demasiado grande y los clubes apuestan fuerte. Como en los dibujos animados, a los propietarios se les dibuja en los ojos el símbolo del dólar y no dudan en arriesgar. Cuando pierden en la ruleta de fichajes y resultados, y la deuda se hace demasiado grande, los dueños cortan la sangría vendiendo lo que se pueda, a ser posible el club.

El famoso “fit and proper person test” (el examen que se hace a los nuevos propietarios para comprobar si son gestores serios) solo sirve para saber si el comprador del club piratea la señal de televisión, pero es un sistema incapaz de detectar abusos de los derechos humanos o una serie histórica de bancarrotas en negocios que incluyen equipos de futbol. Entiendo que es difícil decirle al príncipe heredero del trono de un país que no da la talla para ser propietario de un club de fútbol inglés, y asumo que el gobierno puede pedirle a la Premier y la EFL que no interfieran en lo que son relaciones comerciales estratégicas. Pero no debería ser tan complejo prohibir la entrada a tipos con sentencias firmes de impagos a Hacienda o con antecedentes ruinosos en clubes de fútbol. No olvidemos que basta un agujero tan pequeño como el sueldo semanal de un jugador de la Premier para que un club se disuelva

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here