En América, en países como México, Honduras o El Salvador, hay un término que se usa coloquialmente para nombrar a una persona que acompaña a otra de manera incondicional, que la adula y la obedece en todo, una persona que es capaz de excusar cualquier torpeza o desatino del adulado. Se trata del término «achichincle», que etimológicamente proviene del náhuatl achichinqu, que a su vez se construye con las palabras atl {agua} y chichinqui {que chupa}. Es decir, que el “achichincle” es «el que chupa agua».

Más curioso aún resulta comprobar cómo este tipo de personajes no conocen de razas ni religiones, ni de estatus sociales ni de siglos, ya que achichincles se han encontrado en todas las épocas y lugares, en todas las civilizaciones. Hay que notar también cómo este tipo de personas son capaces de despertar aversión a todo aquel que los observa, sean quienes sean, cosa que personalmente me suele suceder. De hecho, incluso, llegan a provocar aversión en el idolatrado, que termina sintiendo una profunda repulsión por el admirador, aunque no sabemos si este es el caso, porque, ahora sí, me van a permitir que explique el freudiano motivo que ha traído a mi mente este vocablo. No es otro que contemplar al barcelonismo como adulador achichincle de Leonel Messi, aquel al que todo se le perdona.

Leo declaró a finales del mes de agosto que se quería marchar (ahora ha rectificado hasta el próximo verano), cosa muy lícita, tal y como declaró Cristiano Ronaldo también en su momento, justo después de haber ganado otra Champions. Sin embargo, hay dos matices que hacen diferentes ambas situaciones. Mientras el madridismo y Florentino le agradecieron a Cristiano los servicios prestados, y continuaron con su fiesta, el barcelonismo no entiende que el argentino se quiera ir. Los culés se han sentido huérfanos y desolados después de todo el amor que le dieron, sin comprender cómo pudo siquiera pensar en vestir otra camiseta, si a él el dinero nunca le ha importado, si a él solo le interesan el fútbol y el Barça. Mientras que Ronaldo aceptó que sacarle 100 millones a algún club era cosa de caballeros, Lionel se quiere ir gratis y así llevarse enterita la prima de fichaje prorrateada en su nuevo contrato.

Y el barcelonismo achichinclado, a la vez que lo adula, sin tenerle en cuenta el acto, perdonándoselo todo, atiza sin contemplaciones a Bartomeu, haciéndolo culpable de todos los males del club, de la ciudad y del Universo. No importa que Bartomeu haya ofrecido su propia cabeza para que Messi siga. Nadie recogió el guante, ni se preguntó qué era entonces lo que quería Leo, porque Leo es un Ser Etéreo e Intocable y no hay que ofenderlo intentando desenmascarar sus nobles pensamientos.

Pero no se preocupen los culés, porque ayer por la tarde el noble ídolo hizo la luz. Leo anunció, tras criticar al presidente por la gestión y a sus compañeros diciendo que no hay proyecto —sugiriendo que lo que pase este año no va a ser culpa suya en absoluto—, que se queda, sí, que no se marcha, porque él, ante todo, ama esa camiseta y ese escudo, porque habla catalán en la intimidad y no se duerme ninguna noche sin leer a Josep Pla, que se queda con los suyos, con los de siempre, con los que va a hacer el triplete esta temporada él solo, y sólo por amor.

Eso sí, hay una parte de la explicación que se ha saltado, ya saben ustedes que su timidez hace que al hablar en público se sienta incómodo y atenazado. Probablemente sea esa la razón por la que no ha dicho que se queda un poquito también porque le aumentan una vez más el sueldo y porque el año que viene se marcha gratis, a llevarse enterita la prima de fichaje cuando cambie de escudo y camiseta, de ciudad y de país. ¡Qué grande Leo!…. Achichincles del mundo, postraos…..

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