Hay derrotas y derrotas. Hay derrotas desagradables como un insulto inesperado, grises como un domingo de invierno. Así fue la derrota del Cádiz frente al Osasuna en la jornada inaugural.

Hay otras derrotas agridulces y ambiguas, derrotas que encierran promesas de un futuro mejor. Así ha sido la derrota del Cádiz frente al Sevilla y yo intentaré contársela lo mejor que pueda.

No sé si son aficionados al cine de autor, ese en el que el director nos ofrece su particular visión del mundo, más allá de modas o presiones comerciales. Por alguna extraña razón, esto es en lo que pensé cuando vi a Álvaro Cervera merodeando por el banquillo del Carranza, recuperado por fin del dichoso virus. Y es que si hay algún equipo de autor en esta Liga, para bien o para mal, ese es el Cádiz. El míster ha dotado a los gaditanos de su impronta personal y todo lo que ocurre en el césped es fruto de su peculiar manera de entender del fútbol.

Hoy tenía una piedra de toque extraordinaria para ensayar sus teorías. Nada menos que el Sevilla, que venía de llevar al Bayern al último round en la final de la Supercopa europea (y pudo noquearlo, En Nesyri mediante). Buscando piernas frescas, Lopetegui introdujo varios cambios en el once, pero aun así su alineación seguía infundiendo mucho respeto.

Sin embargo, cuando empezó a rodar el balón (amarillo, para más señas) fue José Mari el que puso a prueba a Bono —que no suele cantar— con un disparo lejano. A partir de ahí, fuimos testigos de un primer tiempo muy entretenido, en el que cada escuadra fue fiel a sus principios: posesión y calidad por parte visitante, presión y contragolpe para los locales. El fútbol mostró una vez más su grandeza permitiendo que ambos estilos expusieran sus bondades: las ocasiones se repartieron y, si me apuran, tal vez fueron más claras las del equipo cadista. Eso sí, Suso y Navas —quédense con el nombre de esta joven promesa, apunta alto— fueron una pesadilla constante para el Pacha Espino.

Cuando los jugadores se dirigieron a los vestuarios, todavía resonaban por las paredes los ecos de las protestas del banquillo del Cádiz por un posible penalti a Jonsson. Lo pareció y tal vez lo fue. El VAR (que ya había anulado un gol al Sevilla) no opinó lo mismo.

Finiquitada la tregua del descanso, la paz saltó hecha añicos a los dos minutos: Negredo dejó pasar un balón en diagonal habilitando a Pombo en banda izquierda. Este centró al área y de nuevo Negredo (bigeneroso) cedió atrás de cabeza para que Salvi empalmara a la red. El Cádiz estaba tumbando a un grande de Europa, ver para creer.

A partir de ahí los de Lopetegui fueron con todo a por el partido. El ex seleccionador metió en el campo a De Jong, Munir y Jordán y acertó de pleno: los tres participaron en el vuelco que daría el marcador en los minutos siguientes.

Primero fue el holandés el que cabeceó a la red un magnífico centro de Navas (ya saben, la joven promesa). Casi al final del tiempo reglamentario y cuando ya los de Cervera paladeaban la igualada, Munir aprovechó un magnífico servicio de Jordán para batir a Cifuentes en el mano a mano. En el arranque de la jugada pudo haber falta a Lozano, pero en esta categoría las desaplicaciones se pagan muy caras. El postrero tanto de Rakitic solo vino a certificar que, con frecuencia, el electrónico no refleja fielmente lo ocurrido durante los noventa minutos.

Durante la segunda mitad el Cádiz no pudo mantener el alto nivel de presión que impuso en el primer tiempo, pero de cualquier modo su desempeño siguió siendo más que aceptable. Como si fuera un recordatorio para Arias, en los instantes finales saltó al césped Bryan Gil, uno de los nombres que más ha sonado como posible refuerzo. Y es que la lucha no debe negociarse nunca, pero la calidad debe buscarse en el mercado, cuanto antes mejor.

En fin, nunca es del todo dulce la derrota, pero algunas traen semillas de esperanza pegadas en sus alas. Los amarillos han competido contra un rival muy superior y, jugando así, su tránsito por la máxima categoría no tiene por qué ser efímero.

Otro día, seguro que sí, tocará hablar de los diferentes tipos de victorias.

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