Después de ver lo sucedido en el partido del Madrid contra el Betis cada día lo tengo más claro: el VAR nunca servirá cerveza a gusto de todos. Hemos llegado a un punto donde da igual que acierte o que se equivoque porque, si pasa lo segundo, estará claro que es un error premeditado, y si pasa lo primero, dirán que esos aciertos sólo valen para el Madrid, al resto no les hubiesen revisado la jugada.

Llegar a estas conclusiones es parecido a entrar en un bar (con b) y , después de mirar la carta de raciones, afirmar que si las bravas son baratas, es porque estarán fritas con aceite de girasol y aliñadas con salsa del Carrefour, pero si las bravas son más caras, es porque valen más de lo que cuestan, total, se fríen en aceite de girasol y llevan una salsa que se compra en el Carrefour. Les juro que hay gente así.

Al que es antimadridista le da igual si es, o no, fuera de juego. Le importa un comino si el defensa la da con la mano o el rechace ha sido correcto, porque siempre va a ganar la discusión: “A otro equipo que no sea el Madrid, no le revisan la jugada». Así que, desde este momento me importa una higa cualquier debate sobre el VAR. Sé que cada vez que intervenga y falle a favor del equipo merengue saldrán Puyol o Xavi Hernández a recordarnos que el Barça está condenado a trabajos forzados y a luchar contra los elementos. Afirmación que cotizaría a la alza en La Chocita del Loro. Justo detrás del monólogo de Susi Caramelo.

El VAR ya no es una herramienta, es la faca de Curro Jiménez, y Ramos hizo dos doctorados en medicina antes de la final contra el Liverpool, para así, con precisión quirúrgica, realizar un mawashi geri a Salah para dislocarle el hombro. Una maniobra que solo podría ser descubierta por los del CSI en Miami y por el señor colegiado que pitó ese partido. Eso para casi todos los mortales, los antimadridistas sí lo vieron claro.

Por tanto, como ya he dicho, yo me voy a seguir fijando en el fútbol. Por eso me fui ayer a la cama pensando que la táctica de achique de Pellegrini tiene más peligro para el Betis que hacer una brunoisse con un sable, y que intentar dejar al contrario en fuera de juego, necesita de dos centrales más sabios que Bartra y Mandi. El Madrid no ganó en el Villamarín por el VAR, sino por la fragilidad defensiva del Betis.

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